Agustín Lazo: Entre el desdén y el reconocimiento

martes, 19 de julio de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Por su obra de temáticas oníricas, irónicas, fantásticas y surrealistas, el artista plástico Agustín Lazo (1896-1971) es considerado pionero del surrealismo en México aunque por su carácter no se mantuvo en esa corriente artística. Así lo expresó la crítica de arte Raquel Tibol, en el semanario Proceso en diciembre de 1982, cuando en el Museo Nacional de Arte (Munal) se montó una exposición en honor a Los Contemporáneos: “Lo mejor de la obra de Agustín Lazo es eso: un registro de sueños y vigilias hechos por un mexicano, de tal manera que, dándole la razón a Rodríguez Lozano, las formas, actitudes y ritmos de México aparecen en sus composiciones, demostrando no sólo su necesidad intelectual de ser surrealista, sino la autenticidad de su descarga psicológica. “Esta se produjo siempre en su trabajo personal, privadísimo, nunca en los encargos o colaboraciones con el teatro, donde cumple como un profesional capacitado aunque sin vuelos renovadores. El exceso de privacidad terminó por carcomer lo mejor de sus energías artísticas, más aún cuando el surrealismo es fruto de una batalla pública, cuando los elementos de subjetividad reclaman su espacio en la polis, en la urbe, en la ciencia, en la técnica, utilizando para ello el lenguaje propio del arte. “La actual exposición de Munal permite constatar una vez más esa falta de perseverancia, esa falta de arrojo que caracterizó la personalidad de Agustín Lazo.” El grupo integrado por los escritores Jorge Cuesta, José Gorostiza, Salvador Novo, Gilberto Owen, Jaime Torres Bodet y Xavier Villaurrutia, y los artistas plásticos Roberto Montenegro Y Manuel Rodríguez Lozano, además de la promotora cultural Antonieta Rivas Mercado, entre otros, es recordado nuevamente con una exposición: Los Contemporáneos y su tiempo, que se expone actualmente en el Museo del Palacio de Bellas Artes. En el marco de esta exposición y para conmemorar el 120 aniversario del natalicio de Agustín Lazo, de quien se exponen varias obras en dicha muestra, se llevó a cabo el pasado viernes 15 de julio, el conversatorio “La invención de un cuadro”, entre la curadora Natalia de la Rosa y la investigadora Laura González Matute, del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Al analizar obras como El carnicero (1926); La familiada, Suicidio premeditado y El hijo Pródigo (1930), González Matute destacó que Lazo fue un pintor que se adecuó a las nuevas propuestas plásticas y sus imágenes están fuera de los cánones académicos. Recordó que fue alumno de dibujo de Saturnino Herrán y se alejó de corrientes como el muralismo y el nacionalismo posrevolucionarios para desarrollar sus propias propuestas “mucho más modernizantes o diferentes a las de la época, como la escuela impresionista”. Su búsqueda fue incluso autobiográfica, más íntima y personal, al punto tal que autores como Juan García Ponce “afirmaron que en sus obras existen partes malignas y perversas”. Cualidades Para Matute hay una semejanza entre Lazo y el artista italiano Giorgio de Chirico, pues tiene “algo de surrealismo, cultura onírica e ironía enigmática e inesperada” en sus obras. Y evocó las palabras del crítico guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, quien en una entrevista en 1987 declaró lo que le parecía Lazo: “…un gran pintor bastante desconocido. Murió en los 70 muy aislado. Dejó una buena obra en manos de dos o tres coleccionistas que saben lo que tienen”. En opinión de la curadora De la Rosa, desgraciadamente el artista no goza de buena fortuna crítica como otros pintores mexicanos de la primera mitad del siglo XX, particularmente los integrantes de la llamada Escuela Mexicana de Pintura, “debido a que tanto su figura personal e íntima, como su propia pintura, tienen una cualidad de opacidad a la cual es muy difícil adentrarse”, explicó a través de un comunicado del INBA. Parecieran fácilmente identificables caballos, niños, paisajes, arquitecturas, “pero a la hora de las significaciones y de entender qué representan nos enfrentamos a una especie de muro que impide conocer en realidad lo que buscaba el artista”. A finales de 2009 y principios de 2010, el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, que entonces exhibía la Colección Blaisten, presentó una muestra retrospectiva de Lazo, con el título Las cenizas quedan que reunió un conjunto de cien obras, curadas por James Oles. La crítica de arte Blanca González Rosas, escribió entonces en su columna de la revista Proceso del 22 de diciembre de 2009, que el artista nacido durante la Revolución Mexicana, fue un pintor sobresaliente, dedicado también al diseño escénico y a la dramaturgia: “Los viajes que el pintor realizó a Francia, donde residió hasta 1932, marcaron su trayectoria, así como su identidad estética. Sus frecuentes contactos con los círculos de vanguardia, particularmente del surrealismo, lo llevaron a transitar por un pulcro constructivismo, llegando a un intenso lirismo. “Su trabajo se respalda en sus teorías estéticas frente al realismo social, y sus retratos de la clase trabajadora muestran diferencias conceptuales con muchos de sus contemporáneos, que emprendieron una constante búsqueda por subrayar una identidad nacional. Lazo encontró ahí su propio lenguaje.”

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