Miguel Cervantes y Benjamín Domínguez

martes, 19 de julio de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En día domingo y con sólo una semana de diferencia, murieron dos miembros de la comunidad artística de México. Nacidos el mismo año y notoriamente reconocidos en su entorno, Miguel Cervantes y Benjamín Domínguez nos recuerdan que la escena mexicana del arte no se limita a las tendencias creativas, comerciales, museísticas y curatoriales de moda. De trato exageradamente educado y amable, Miguel Cervantes Díaz Lombardo se dio a conocer primero como pintor y después como exitoso curador. Nacido en la Ciudad de México el 23 de julio de 1942, Cervantes impulsó de 1974 a 1979, como director de la Galería Ponce –empresa mexicana con intercambio internacional–, la presencia de relevantes artistas internacionales en la Ciudad de México, entre ellos, Frederic Amat, Joan Miró, Pierre Soulages y Robert Motherwell. Activo como curador en la pasada década de los años noventa, Miguel Cervantes sobresalió de 1991 a 1998 por sus colaboraciones con el audaz y entonces recientemente inaugurado Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (Marco). Notorio por la vinculación que estableció entre la escena mexicana y la emergencia creativa y curatorial de circulación internacional, el Marco inició sus actividades con la emblemática muestra pictórica que co-curaron Cervantes y el australiano Charles Merewether bajo el título de Mito y magia en América: los ochenta. En tanto pintor, Miguel Cervantes desarrolló un lenguaje semi-abstracto de potente, elegante y contenida expresividad cromática. Con una poética estructurada a partir de manchas y manchones invadidos de luz, su obra final abandonó las evocaciones paisajísticas, atreviéndose a presentar gestos semifigurativos que oscilaban entre la corporeidad y la sugerencia de fluidos. Trabajadas en agresivos tonos naranjas, las pinturas con óleos diluidos que presentó apenas hace unos meses en la Galería López Quiroga de la Ciudad de México, parecen anunciar la furiosa evaporación de un cuerpo que, invadido por el cáncer, sucumbió a la enfermedad el domingo 3 de julio. Nacido en Chihuahua el 31 de marzo de 1942, Benjamín Domínguez desarrolló su propuesta a partir del cuestionamiento sobre el éxito transhistórico de la pintura renacentista y barroca. Intrigado por la seducción que ejercen imágenes como La joven de la perla (1665-1667) del artista flamenco Vermeer, Domínguez construyó un lenguaje pictórico que conjugó apropiacionismo, narrativa, teatralidad lumínica y seducción retinal. Con recreaciones de imágenes emblemáticas del barroco virreinal como las monjas coronadas, narraciones pictóricas que intervienen y reinventan obras clásicas como la del matrimonio Arnolfini de Jan Van Eyck (1434) –exposición El elogio de la mirada en el Centro Nacional de las Artes (2012)–, y reinterpretaciones de temas míticos que se contemporanizan sin perder el vínculo con la convención original, las obras de Domínguez se distinguen por la atracción que provocan en consumidores que disfrutan reconociendo lo que miran. Abatido por un derrame cerebral, el artista murió el domingo 10 julio.

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