Los Ilusionistas 2: magos justicieros

viernes, 22 de julio de 2016
MONTERREY, NL (apro).- “Los Ilusionistas 2” (Now you see me 2) es algo así como un largo capítulo de la serie de TV “Los secretos de la magia, ¡por fin revelados!”, donde un prestidigitador, anónimo y traidor, exhibe las intimidades que sus compañeros han jurado guardar durante siglos. La nueva cinta de los cuatro artistas del engaño, conocidos como Los Jinetes, en referencia al Apocalipsis, muestra un mundo donde los magos son justicieros que la humanidad adora. En el mundo real se sabe quien es Criss Angel. En la película todos ellos son aún más populares, porque tienen líos con la ley, pero además poseen los recursos, la paciencia y, sobre todo, la habilidad para montar grandes shows de enorme producción en lugares públicos, para apantallar en la web a todo el planeta con su propio reality justiciero. El director Jon M. Chu metió mucha producción y giros a la historia para darle más movimiento y colorido, con acción en escenarios exóticos. Pero trae mucho menos sustancia que su predecesora, presentada en 2013. Los jinetes son Jesse Eisenberg, Woody Harrelson, Dave Franco y Lizzy Caplan, ayudados por un doble agente federal Mark Ruffalo. Juntos forman un equipo formidable, que se entiende a señas y se sincroniza de manera perfecta para trabajar y despistar a tontos policías, guardias de seguridad y guaruras que son fácilmente embaucados. Su propósito es dar un golpe maestro en contra de un genio de la computación que ha preparado un dispositivo que puede acceder a los datos guardados en cualquier aparato móvil del planeta. El genio del mal, que deben derrotar con astucia e ilusión, es Daniel Radcliffe. Podrá tener muchas otras oportunidades en su carrera, que comienza a abrirse luego del mega reconocimiento de Harry Potter, sin embargo, nunca va a alcanzar el nivel de payaso chocante que obtiene en esta producción, en la que no solamente se vuelve un personaje odioso, sino que parece un actor odioso, opulento, pequeño y repulsivo. La gran falla de Los Ilusionistas 2 es su carencia de historia. El drama es superpuesto por la exhibición de magia. Hay numerosos trucos que son presentados y revelados. Muchos de ellos, sin embargo, son tan sorprendentes que solo pueden ser ejecutados gracias al permiso infinito que les proporciona la edición y la digitalización. Aunque las secuencias de magia son bien coreografiadas, las multitudes que se reúnen para atestiguar los grandes trucos, anunciados en lugares públicos, se ven tan falsas en su colectiva expresión de júbilo, como los fans en los videoclips de los grupos de rock. En esta propuesta hueca, llena de humor y carente por completo de riesgo, aparecen las venerables figuras de Michael Caine y Morgan Freeman, útiles únicamente para la taquilla. Todo el tratamiento de la película es ligero. No hay ninguna complicación. Chu hizo un filme para espectadores complacientes. Hay persecuciones, balazos, saltos, pero no deben preocupar, pues todo se resuelve como está previsto. Los chicos buenos están a salvo. Todo es entretenimiento de domingo por la mañana. Los Ilusionistas 2 agrega muy poco a la tradición de películas de magos. Parece una secuela que debió llegar directamente al mercado del video. Y ya se prepara una tercera parte.

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