La nación que soñó Guillermo Bonfil Batalla (1935-1991)

martes, 26 de julio de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Autor de una vasta obra que va mucho más allá del indispensable y reconocido libro México profundo. Una civilización negada, publicado por primera vez en 1987, el antropólogo y etnólogo Guillermo Bonfil Batalla falleció el 19 de julio de 1991, hace 25 años en la Ciudad de México, a consecuencia de un accidente automovilístico. Pero a un cuarto de siglo de su partida, su pensamiento crítico sigue presente: “La vigencia del pensamiento de Guillermo Bonfil Batalla (1935-1991) se demuestra en la intensidad con la que en América Latina circulan hoy sus propuestas”, escribió hace unos años la antropóloga Maya Lorena Pérez Ruiz, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en su ensayo “Guillermo Bonfil Batalla. Aportaciones al pensamiento social contemporáneo” (http://www.redalyc.org/pdf/351/35130567006.pdf), en donde reflexiona sobre diversos conceptos de la obra del investigador y creador de instituciones diversas. Plantea la también especialista en temas de cultura popular, multiculturalidad, identidad y movimientos sociales: “Recuperar sus aportaciones, a 20 años de su muerte, significa repensar los debates en torno a la construcción del Estado nacional mexicano; a la especificidad de la subalternidad colonial y a cómo enfocar las demandas por el reconocimiento de la pluralidad y la diversidad culturales. Problemas que ya se discutían ampliamente en América Latina desde la segunda mitad del siglo XX debido a la influencia de los movimientos descolonizadores y de liberación nacional, y bajo la luz de las demandas del movimiento indígena continental americano, y no como muchos suponen, por influencia del multiculturalismo anglosajón, la interculturalidad europea y los debates posmodernos y poscoloniales que nos llegan como aportes novedosos.” “Lo subversivo es la pobreza” Con motivo del centenario del nacimiento del antropólogo estadunidense Oscar Lewis, autor del estudio sociológico Los hijos de Sánchez, que se conmemoró en diciembre de 2014, el investigador Carlos Zolla también habló con el semanario Proceso sobre la actualidad de Bonfil. Contó que una de las críticas más acertadas al (en su momento) muy polémico libro --que llevó a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (SMGE) a denunciar ante la Procuraduría General de la República (PGR) a su autor, por considerarlo denigrante para México-- fue la de Bonfil, quien en 1965 escribió primero en América Latina, en Río de Janeiro, Brasil, y luego en el periódico El Día, el texto ¿El estudio de la pobreza es ciencia subversiva? Ahí, Bonfil cuestiona, no sin admitir que el libro pudo tener errores u omisiones, la actitud de la SMGE por confundir las opiniones de Jesús Sánchez con las de Lewis y porque una sociedad científica no puede considerar delictuoso y subversivo informaciones sobre aspectos de la realidad nacional: “El peligro, los subversivo, lo denigrante, no es que se conozcan estas realidades, sino que existan. El científico social puede y debe adentrarse en estos aspectos negativos de nuestra sociedad, sacarlos a la luz e intentar explicarlo… por ninguna razón admitamos el funesto precedente de considerar subversiva la publicación de realidades que nos duelen, nos molestan y nos enfrentan a nuestros problemas”. Para Zolla, el propósito de Bonfil es mostrar que la antropología no puede ser subversiva: “Lo que es subversivo es la pobreza, es subversiva la desigualdad. Y claro, llamar la atención sobre eso convierte, en buena medida, en subversiva a la antropología o a la ciencia social que se esté ocupando del asunto”. Y llama la atención sobre otro de los estudios del antropólogo mexicano Diagnóstico sobre el hambre en Sudzal, Yucatán (Un ensayo de antropología aplicada), en el cual aborda el tema de la desnutrición en ese lugar “es pertinente para la antropología, aunque sea incómodo”. Una sociedad feliz Creador de diversas instituciones como el Centro de Investigaciones Superiores del INAH, fundado en 1972, del cual fue director entre 1976 y 1980 y que en este último año se transformó en el actual Centro de Investigaciones Superiores en Antropología Social (CIESAS), Bonfil escribió sobre una amplia variedad de temas. En 1995 la investigadora del INAH Lina Odena Güemes se dio a la tarea de hacer una selección y recopilación de textos, publicados en cuatro tomos bajo el título Obras escogidas de Guillermo Bonfil. En el prólogo explica que debió ser acotada, pues la totalidad de la obra habría abarcado hasta once volúmenes los cuales “dificultaban enormemente la empresa editorial”; pero además varios de sus libros, como México profundo… se consiguen aún en ediciones individuales. El propósito de Odena Güemes fue rendir un homenaje al antropólogo; pero también mostrar que fue pionero de “la más moderna antropología médica”, con estudios como el Diagnóstico sobre el hambre en Sudzal, Yucatán..., que además de ser un estudio propone soluciones. En los cuatro volúmenes se compilan artículos publicados en revistas y periódicos. Y lo mismo habla del cine documental en la antropología que del imperialismo, el indigenismo de la Revolución Mexicana, que de autores como Andrés Molina Enríquez o el brasileño Darcy Ribeiro, estudioso de la selva amazónica, quien según dice, se definió esencialmente como un político, “un ser político”, cuya “vocación fundamental y primaria es participar, incidir en la transformación del orden social”. Se incluyen sus estudios “Trovas y trovadores de la región Amecameca-Cuautla” y “Las identidades prohibidas (Situación y proyectos de los pueblos indios de América Latina)”, algo de su correspondencia, notas de viaje y el discurso que pronunció el 10 de agosto de 1988 ante el presidente Miguel de la Madrid, al recibir la Presea Manuel Gamio. Era ya el último año de su sexenio, aunque le recordó su compromiso de campaña de reconocer la pluralidad social y cultural del país, y le demandó: “Tres metas podrían unificar a la inmensa mayoría de los mexicanos y, en consecuencia, constituirse en los ejes para diseñar el nuevo proyecto de nación que queremos construir: deseamos una sociedad más democrática, que significa mayor participación de todos en las decisiones que a todos conciernen y formas de convivencia que descansan en el respeto absoluto s los derechos individuales y colectivos; deseamos una sociedad más justa, en la que las oportunidades y la riqueza social se distribuyan de manera equitativa; y deseamos una sociedad más feliz, si entendemos por felicidad la convicción de que tenemos la posibilidad de realizar plenamente nuestras potencialidades individuales y colectivas”. Y remató su alocución de esta manera: “Al agradecer la alta distinción que se me confiere al otorgarme la presea Manuel Gamio, quiero reiterar mi convicción de que la democracia, la justicia y la felicidad entre los mexicanos sólo serán una realidad sólida en la medida en que el nuevo proyecto nacional que nuestro país requiere incluya como un punto central el respecto a los pueblos indios y la atención impostergable a sus legítimas demandas”. Tal fue también la tesis de su México profundo, obra escrita entre mayo de 1985 y abril de 1987, cuando Bonfil fue investigador del CIESAS, cuenta él mismo en las primeras páginas del libro. Primero trabajó en la elaboración de un modelo de análisis que le permitiera aproximarse al tema y fuera el hilo conductor que le diera unidad a una obra en la cual aborda diversos aspectos de la realidad histórica y presente de México. Y dice entonces: “El modelo analítico quedó formulado en un ensayo, ‘La teoría del control cultural en el estudio de procesos étnicos’, cuya primera versión sirvió como marco de referencia para el seminario que dirigí sobre el mismo tema en el Programa de Doctorado del CIESAS, entre enero y octubre de 1986; los aportes y las críticas de los participantes fueron tomados en cuenta para redactar la versión final de aquel ensayo”. El modelo por sí fue objeto de estudios y un paradigma para la investigación para varios especialistas de la disciplina antropológica. Lo esencial del libro es que se propone un estudio sobre los herederos del México antiguo, y plantea que mientras no se reconozca su existencia el país no podrá avanzar: “La conclusión, a mi ver, no puede ser otra que la de proponernos construir una nación plural, en la que la civilización mesoamericana encarnada en una gran diversidad de culturas, tenga el lugar que le corresponde y nos permita ver a occidente desde México, es decir, entenderlo y aprovechar sus logros desde una perspectiva civilizatoria que nos es propia porque ha sido forjada en este suelo, paso a paso, desde la más remota antigüedad; y porque esta civilización no está muerta sino que alienta en las entrañas del México profundo”. Bonfil estuvo al frente de la Dirección General de Culturas Populares de la Secretaría de Educación Pública, y junto con su colega Enrique Valencia creó programas para el estudio de los migrantes indígenas de la Ciudad de México. Con el mismo Valencia, Arturo Warman, Margarita Nolasco y Mercedes Olivera realizó el libro De eso que llaman la antropología mexicana. A decir de Maya Lorena Pérez Ruiz, la obra “significó un parteaguas en el pensamiento social mexicano al cuestionar el quehacer antropológico, entonces ligado al pensamiento nacionalistas que llevó a cabo la Reforma Agraria, la educación rural y las políticas indigenistas”. Y el texto de Bonfil “Del indigenismo de la revolución a la antropología crítica”, agrega la investigadora, “cuestiona el modelo nacional mexicano y su propuesta etnocéntrica de integración de los indígenas, a quienes se les niega el derecho de mantener sus culturas propias”. Otros de los temas que Bonfil abordó fueron el estudio de la llamada tercera raíz, el Quinto Centenario del encuentro de Dos Mundos, Los niños mártires de Tlaxcala o el Programa de Apoyo a la Cultura Municipal y Comunitaria creado en la Dirección General de Culturas Populares. En su obra completa se recogen algunos poemas como el Homenaje a Neruda (dos), donde el antropólogo hace juegos de palabras en torno a uno de los versos del chileno en 20 poemas de amor y una canción desesperada: Me gusta cuando callas porque estás convincente…

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