Alejandro Sandoval y la literatura fantástica infantil

sábado, 30 de julio de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Seguro de los beneficios que proporciona la lectura desde una edad temprana, el poeta Alejandro Sandoval Ávila publica en Pearson Educación de México su nueva noveleta fantástica de 141 páginas para niños: Ante la mirada de Jujú, con ilustraciones de Richard Zela, casi dos décadas después de su primera narración infantil Un elefante sin circo (Conaculta, 1997). Sandoval rememora que ya casado con la también poeta Marianne Toussaint y siendo funcionario público del gobierno del Distrito Federal, se enteró de una increíble historia sobre un elefante que vivía en el tercer piso de una unidad habitacional de los Culhuacanes en Coyoacán, “y yo barajaba cómo escribirla, si cual teatro del absurdo o como un cuento cortaziano”: “Hasta que una tarde sabatina me quedé cuidando a nuestras dos primeras hijas, Alejandra y Sofía, quienes entonces tenían ocho y seis años, y también me dejaron a las niñas de las escritoras Myriam Moscona y Claudia Hernández del Valle-Arizpe, mientras sus mamás se iban de compras, y de pronto se me ocurrió contarles sobre este elefante que habitaba ese edificio… “A la semana siguiente mis hijas me pidieron: ‘Oye papá, cuéntanos de nuevo la historia del elefantito’. Entonces supe que aquella historia había que escribirla para niños y publiqué Un elefante sin circo… Así fui alternando historias para niños con poesía o narrativa, según la musa me dicta. Mis libros infantiles han corrido con bastante suerte.” Destacan: La travesía de los elefantes, Una mona en casa, Jerónimo y su elefanta, Archibaldo, La noche es un tren, Como pollos ¿y gatos? (http://www.paginasprodigy.com/snaval/asa/bibliogr.htm). –En la contraportada de Ante la mirada de Jujú se mencionan dos influencias determinantes: Selma Lagerlöf con El maravilloso viaje de Nils Holgersson, y a Antoine de Saint-Exupéry con El principito. –Sí, El principito es de mis libros capitales, lo he releído varias veces, algún día me gustaría escribir algo que remotamente despierte las emociones que me inspira su lectura. Y El viaje de Nils Holgersson es otro de los que leí de muy joven, pues me lo regaló mi papá. “Apenas aprendí a leer y a escribir, lo primero que él me obsequió fueron los Cuentos completos del danés Hans Christian Andersen y luego me arrimó a Guy de Maupassant. Con mi abuela fue responsable de mi vocación.” Su padre fue el poeta, también de Aguascalientes, Víctor Sandoval, quien además fue director del Instituto Nacional de Bellas Artes. El beneficio de la lectura Sandoval Ávila solía asistir a talleres literarios en San Luis Potosí con José de Jesús Sampedro, Manuel Donoso Pareja y Juan Villoro. Ante la mirada de Jujú “surgió de la vida misma”, cuenta Sandoval, quien nació en Aguascalientes el 23 de septiembre de 1957. “A mi hija Alejandra Toussaint le regalaron una maravillosa perra setter irlandesa roja llamada Casandra, y fue a comprarle una perrera grandota, muy cara, bellísima y de maderas importadas, tal cual se describe en el libro; pero la perra no quería entrar ahí y no había manera de convencerla… “En casa tenemos una mesa creativa, como le nombro, pues allí inventamos relatos con mi mujer Marianne y mis tres hijas: Alejandra, que es actriz; Sofía Valtus, la coreógrafa, ¡y la más chavita que es Jujú! Siempre platicamos de nuestras actividades artísticas ahí, y una vez salió a relucir esta historia, cuando alguien mencionó: ‘No, lo que pasa es que Casandra no quiere entrar pues en las maderas de la perrera habitan duendes de tierras lejanas.’ De varias maneras lo que sucede en el relato de Jujú ocurre en mi casa: hay una mamá quien cree en duendes, cosas místicas y esotéricas, como Marianne; pero el papá –que soy yo– difícilmente cree esas ondas…” Jujú es una voz que Sandoval halló entre sus curiosidades africanas, toda vez que la cultura del continente negro lo cautiva. “Ya avanzando en la construcción de la narrativa, hallé otros dos libros que me ayudaron mucho: uno es de J. K. Rowling, la autora británica de Harry Potter, Seres fantásticos y dónde encontrarlos, y la pedagoga Norma Muñoz Ledo, que tiene un libro que se llama Supernaturalia, sobre los seres imaginarios de todo México. Ante la mirada de Jujú se trata de una novela para público joven que ya tiene cierta experiencia en la lectura o que está empezando a leer.” –O sea, ¿Jujú no es estrictamente literatura infantil? –No es estrictamente para niños, pero los de la editorial Pearson lo recomiendan en su colección naranja Mar Abierto por el juego de la imaginación, y pensaron podría funcionar bien a nivel escolar de cuarto y quinto de primaria. Me encanta que sea de esta manera, porque es un público con el que yo me entiendo muy bien cada vez que me invitan a las escuelas públicas y privadas a leer mis libros. –Si leemos los cuentos de Andersen, hallamos situaciones de crueldad por lo cual no se recomiendan al infante. ¿Cómo se debe escribir para niños? –Con toda crudeza. Te digo por lo siguiente: yo no creo en la literatura para niños con final feliz. Puede ser, pero no necesariamente, digo… ¡La caperucita roja en su versión original es atroz! Ya luego Disney y otros la descafeinaron, pero los clásicos para niños son realmente duros, terribles. “Mira, tú te das cuenta cuando un niño es lector por la forma en que se expresa. La riqueza de palabras y el orden de sus ideas en el lenguaje que usa son absolutamente diferentes a la de otro niño que no posee el hábito de la lectura. Es mi termómetro básico. Ese gusto por la lectura se detecta inmediatamente, por ello de nada sirve obligar a los chamacos a leer. Y bueno, la literatura recreativa es algo que a todos nos enriquece la vida, nos sensibiliza para ser personas más humanas.” Asesor cultural en el ISSSTE, se le pregunta si recomienda al gobierno fomentar la lectura fantástica para niños. –Yo te respondería con frase de un clásico: hasta en la ciencia más estricta es imprescindible la imaginación. La lectura recreativa de literatura lo que hace es fomentar la imaginación, por eso es importante escribir, publicar y fomentar las lecturas entre los niños. “A mi hija Alejandra le enseñaron a escribir y a leer transcribiendo poemas infantiles. Cuando pregunté por qué tenía ella que aprender a escribir con base en la poesía, la respuesta de su maestra me hizo pensar muchísimo: ‘Porque un niño que entiende la imagen poética está accediendo al pensamiento abstracto.’ Es el mismo pensamiento que se usa en matemáticas, álgebra, física, química, etcétera. Y esto es una verdad bíblica.” Alejandro Sandoval Ávila acepta que su trabajo burocrático “sirve para mantener a la familia, porque la literatura no me da económicamente para tanto”.

Comentarios