La obra mural de Manuel Rodríguez Lozano

martes, 2 de agosto de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El número 30 de la calle de Isabel La Católica, en el Centro Histórico, esconde un tesoro que quizá pocos hayan descubierto al día de hoy: el mural El Holocausto que el pintor Manuel Rodríguez Lozano (1913-1971) realizó entre 1944 y 1945 en el edificio colonial, convertido ahora en el lujoso hotel Habita Downtown. La obra fue restaurada por Mónica Baptista en 2011. Con el mural La piedad en el desierto --pintado en la Penitenciaria de Lecumberri en 1942, donde el artista estuvo preso acusado injustamente de haber robado unos grabados de Durero y Guido Reni, según la crítica Raquel Tibol--, integra las dos únicas obras murales del artista que se negó a participar en el movimiento muralista convocado a principios de los años 20 por José Vasconcelos por no compartir su ideología e ideas políticas. El investigador Arturo López, quien en aquel 2011 curó la exposición Manuel Rodríguez Lozano. Pensamiento y pintura 1922-1958 para el Museo Nacional de Arte (Munal), describió entonces la obra de 8.84 por 6.37 metros, realizada en la casona histórica que perteneció Francisco Sergio Iturbe, mecenas del creador, en una entrevista con el semanario Proceso: “Simboliza el sacrificio del hombre. Es la representación de la mujer frente al hijo caído, frente al hombre caído. Es la angustia y también es una manifestación profunda de lo que es la pintura de Manuel Rodríguez Lozano en esos años. “Tanto los críticos como los historiadores de arte han elogiado profundamente este conjunto de obras por su carácter dramático. A tal grado que por un tiempo Rodríguez Lozano fue conocido como el pintor de la desolación precisamente por estas características. Y dentro de este efluvio de obras está justamente la estilización de las figuras y un profundo conocimiento y control del dibujo. En esta obra hay un grito… un grito callado, angustiante, desesperante”. Para conmemorar el 120 aniversario del natalicio del pintor, la Coordinación Nacional de Artes Visuales del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), encabezada por Magdalena Zavala, organizó la conferencia Manuel Rodríguez Lozano. Panoramas de aflicción, en el Palacio de Bellas Artes, en el cual se recordó el carácter no convencional de las obras del artista que pintó la melancolía, la tragedia y la desolación del pueblo mexicano. La historiadora de arte Paulina Rubio destacó en su intervención que la arquitectura y el paisaje fueron elementos esenciales en la obra pictórica de Rodríguez Lozano: “Es innegable la presencia de esos elementos dentro de su obra, son recursos fundamentales para transportarnos a escenas inquietantes, plagadas de dolor, melancolía y desasosiego. En muchas de sus pinturas, la arquitectura misma es el elemento que contiene estos paisajes de ficción”. Fue un artista completamente incomprendido y olvidado por la crítica, señaló a su vez la doctora Alejandra Ortiz en un texto que se leyó durante el acto, y consideró que sólo la crítica Berta Taracena, especialista en el pintor, profundizó en su conocimiento y sus investigaciones deberían ser analizadas con mayor detenimiento. Cabe recordar que mientras la mecenas Antonieta Rivas Mercado adoraba al pintor, el crítico de arte Luis Cardoza y Aragón lo rechazaba tajantemente. El curador Arturo López Rodríguez, definido por Bellas Artes como un “apasionado del artista mexicano”, manifestó finalmente que en la obra de Rodríguez Lozano “hay una concepción de la metafísica como categoría del espíritu más que como un suministro pleno y consciente de recursos plásticos de la pintura metafísica”. El 120 aniversario del natalicio del pintor, es sin duda, una oportunidad para acercarse a conocer su mural en el Centro Histórico.

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