Teodoro González de León y la UNAM

lunes, 26 de septiembre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Estudió arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue nombrado por ella Doctor Honoris Causa, si bien nunca impartió clases para sus alumnos, y su proyecto arquitectónico del costoso –aproximadamente 255 millones de pesos– Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) en Ciudad Universitaria no sólo fue polémico, sino que deterioró el prestigio de la máxima casa de estudios. Nacido en la Ciudad de México en 1926, González de León murió el pasado 16 de septiembre a la edad de 90 años, después de diseñar numerosas construcciones monumentales, tanto para la iniciativa privada como para distintas administraciones gubernamentales nacionales y regionales. En colaboración con el arquitecto Francisco Serrano diseñó, entre otros, la embajada de México en Alemania y la Torre Arcos Boques I y II en la Ciudad de México. En sociedad con el arquitecto Abraham Zabludovsky hizo lo propio en El Colegio de México, el Museo Tamayo Arte Contemporáneo y la remodelación del Auditorio Nacional. Entre sus proyectos más fallidos, además del MUAC, se encuentra la Escuela Superior de Música del Centro Nacional de las Artes y, en colaboración con Ernesto Betancourt, el Monumento a Rufino Tamayo que se encuentra en la esquina de Insurgentes y el Eje 10 sur, en la esquina de enfrente a la rectoría de la UNAM. Estaba interesado, según confesó, en que sus proyectos se integraran al lugar: “Lo que busco en cada una de mis obras es que la arquitectura responda al lugar, se vuelva un faro en el lugar, un faro hermanable que la gente sienta”, dijo en entrevista publicada en el comunicado 1059/2016 de la Secretaría de Cultura). Pero entre 2006 y 2008 provocó una fuerte polémica con su edificio del MUAC: Rechazado por algunos miembros de la comunidad universitaria porque rompía el discurso visual del Centro Cultural Universitario (CCU), González de León defendió su proyecto señalando que le quitaría al CCU “esa imagen de centro comercial, que entras a los teatros y a la sala de conciertos por entre los coches, como en un supermercado” (entrevista con Merry MacMasters en La Jornada en 2006). Con Proceso se negó a hablar al respecto. Diseñado entre 1976 y 1980 por los arquitectos Arcadio Artis y Orso Núñez, el CCU, con su espléndida Sala de Conciertos Netzahualcóyotl, la unidad de teatros y la unidad bibliográfica, respondía a un concepto “humano vital” que integraba arquitectura, paisaje e identidad universitaria, según expresó Artis (http://www.proceso.com.mx/94301/el-museo-universitario-en-eldebate): “Cuando yo hago un proyecto universitario estoy pensando en los universitarios (…) Hay arquitectura que avasalla a la gente (…) el edificio es más importante que quienes lo visitan.” Al descontento por la intromisión en el campo visual de la Sala Netzahualcóyotl, en 2009, al inaugurarse el MUAC, se sumó la crítica por su notoria similitud arquitectónica con el Museo de Arte Contemporáneo del Siglo 21 (1999-2004) diseñado por SANAA en Kanazawa, Japón. A diferencia de los toscos volúmenes que siempre caracterizaron la arquitectura de González de León, el MUAC, al igual que su referente, se fusionó con el espacio exterior a través de la transparencia de sus materiales. Beneficiado desde 1993 con la beca de Creadores Eméritos que otorgan los ciudadanos a través del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes –correspondiente a 20 salarios mínimos mensuales, aproximadamente 43 mil 800 pesos–, la muerte de González de León nos recuerda que es urgente reestructurar la relación entre las instituciones, los proyectos arquitectónicos, los creadores de altos ingresos y el uso del presupuesto público.