Un traidor entre nosotros: una cuestión de confianza

viernes, 30 de septiembre de 2016
MONTERREY, NL (apro).- “Un traidor entre nosotros” (Our kind of traitor) privilegia la tensión sobre la acción. La directora Susanna White crea un thriller de intriga y espionaje en el que genera suspenso de alto nivel, con mucho diálogo y cambio de países. Con una impecable factura técnica, en la que destacan la pulcritud de la imagen y la elegante iluminación, White involucra a una pareja joven e inocente en un escabroso entramado de crimen y lavado de dinero entre políticos, empresarios y banqueros. La directora, con formación en la TV británica, hace un impecable trabajo básicamente emocional en un ambiente que es, al mismo tiempo, glamoroso y mortal. Mezcla perversamente, en una atmósfera de tensión entre mafiosos, inusuales elementos dramáticos, como niños que se encuentran en riesgo letal, mientras los adultos inescrupulosos los utilizan como elementos de chantaje. Ewan McGregor y Naomie Harris son una pareja inglesa de profesionistas, emocionalmente distanciados, a punto de la ruptura. En un viaje vacacional por Marruecos, él estúpidamente se involucra con Stellan Scarsgard, un desconocido que resulta ser el genio financiero de la mafia rusa y necesita un aliado para escapar de la vida criminal y salvarse, junto con los suyos. Como ocurre en las novelas de John Le Carré llevadas al cine, los sucesos ocurren con pasmosa velocidad, aunque el termómetro siempre va en ascenso. Y los detalles son definitivos. Junto con la anécdota, que detalla con escalofriante precisión los eventos que ocurren en oficinas elegantes para consumar estafas virtuales millonarias de las que se benefician hombres trajeados y mujeres enjoyadas, White permite que los actores ofrezcan sólidas interpretaciones. El personaje más vigoroso es el de Scarsgard, un gigante sueco con una sólida trayectoria en los dos hemisferios, que aquí interpreta al carismático genio financiero sentenciado a muerte, por el cambio de liderazgos en el cártel internacional. Expansivo, malhablado, gritón y efusivo, es la representación del padre con problemas que arrostra apesadumbrado el destino delictivo que eligió y está dispuesto a dar todo porque sus familiares salgan ilesos e inicien una nueva vida. La personalidad seductora del contador hace que la pareja de británicos se enganche en sus dilemas. Aunque primero sucumben por ingenuidad en el juego, ahora se involucran por conciencia. Depende de ellos la vida de sus hijos. Atrapados entre el servicio secreto de Inglaterra y la palabra de un bribón, no saben a quién entregar su lealtad. En un juego de espías, que no permite margen de error, Le Carré se refiere a la necesidad humana de confiar. El mundo está enfermo de psicosis. Sin embargo, en ocasiones es necesario moverse por instinto y entregarse a ciegas. Es lo que hacen el contador y la pareja que, pese a todo, mantienen un hálito de honor en sus conductas, y por entre la bruma de las intrigas pueden distinguir lo que es correcto. La cinta mueve a la compasión, por los allegados de los delincuentes, convertidos en víctimas, en medio de las decisiones que son tomadas con un riesgo mortal y sin que exista escapatoria. Pero también lanza una alerta sobre los peligros que existen en el mundo, en el que es tan peligroso acercarse a los desconocidos, como abrir las fronteras a los extraños. Un traidor entre nosotros es una excelente opción de cine de espías para adultos.

Comentarios