El danzón, bien cultural representativo de identidad

miércoles, 7 de septiembre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Con el propósito de divulgar el danzón entre un público cada vez más amplio y reconocerlo como una expresión de la cultura popular, representativa de la identidad nacional, desde hace dos años la maestra Yolanda Santaella López da pláticas y conferencias, pero, sobre todo, ella misma baila la tradicional danza. El pasado viernes 2, la profesora y especialista en restauración de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC), del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), participó en el Seminario Permanente de Iconografía que desde hace años coordina la antropóloga emérita Beatriz Barba Ahuatzin en el Museo de El Carmen, ubicado en San Ángel. Como apartado de la programación que el seminario organizó para este año, los días 1 y 2 de septiembre se realizó una serie de mesas en torno a la danza. Ahí, la especialista en danzón habló de los valores que le dan la categoría de patrimonio cultural intangible, sus antecedentes históricos en el Caribe y en México, y cómo se fueron cerrando los espacios en los que se realizaban los bailes, por lo que fue ganando la calle: primero la Plaza de la Ciudadela, en el Centro Histórico, y luego otros espacios. Vía telefónica explica a Apro que, a manera de introducción, en su conferencia parte de la idea expresada en el punto 23 de la Declaración de México sobre las Políticas Culturales, resultado de la Conferencia Mundial sobre Políticas Culturales, realizada en esta ciudad del 26 de julio al 6 de agosto de 1982, que dice: “El patrimonio cultural de un pueblo comprende las obras de sus artistas, arquitectos, músicos, escritores y sabios, así como las creaciones anónimas, surgidas del alma popular, y el conjunto de valores que dan un sentido a la vida. Es decir, las obras materiales y no materiales que expresan la creatividad de ese pueblo: la lengua, los ritos, las creencias, los lugares y monumentos históricos, la literatura, las obras de arte y los archivos y bibliotecas”. Luego se refiere a la parte histórica, cuando un grupo de franceses llegó con sus esclavos a las islas de Cuba, Haití y República Dominicana. Se asientan en Santiago y Guantánamo, en Cuba, en donde ha encontrado antecedentes del danzón. En Santiago hay una Casa del Danzón. Y un músico cubano llamado Miguel Demetri Failde, nacido en diciembre de 1852 en Matanzas, es considerado por algunos el grador del danzón (según Wikipedia: “el baile nacional de Cuba… derivado de la contradanza”). En su conferencia, la investigadora también habla de la sensualidad y cadencia del danzón; de la película que lleva ese nombre, realizada por María Novaro y protagonizada por María Rojo, quien en la cinta hace el papel de Julia, cuya pasión es el danzón. Ella dice que bailar “te hace sentir mujer”, que es como un retorno a la feminidad y un baile donde el hombre “lleva…”. Luego habla de los salones de baile que tuvieron un papel importante en su difusión en las primeras décadas del siglo pasado, entre ellos el Salón México, conocido también como “El Marro”, ubicado en Pensador Mexicano, antigua calle Del Recabado (donde hoy se encuentra la ConArte). Recuerda la investigadora que el interior del gran salón estuvo decorado con obras del muralista José Antonio Gómez Rosas (1916-1977), El Hotentote, quien “siempre estaba presente en San Carlos cuando se llevaban a cabo los carnavales y bailes de máscaras; hacía todos los telones, todo en papel, era muy hábil”. En el Salón México, dice, estuvo el compositor estadunidense Aaron Copland, autor de la sinfonía homónima; también tocó Amador Pérez Torres, alias Dimas, autor del famoso Nereidas, con quien comenzó la regla de no bailar los primeros 16 compases y tener descansos. “Esas reglas se consolidan en el Salón México, que cerró en 1962 con Ernesto P. Uruchurtu” (entonces jefe del Departamento del Distrito Federal). El México estaba cerca del Teatro Blanquita, que ahora “también ya ha cerrado”, lamenta Santaella, pues “se borra todo lo que es popular y está en un barrio fuerte, pero es el antecedente”. La investigadora recuerda que el escritor y arquitecto Armando Jiménez, autor de Picardía mexicana, pidió siempre que se colocara una placa en el sitio donde estuvo aquel salón, “porque es memoria de México”. Y hoy ha sido aceptado y reconocido por la sociedad como un bien cultural que se socializa de manera democrática en espacios abiertos al público, y no en salones cerrados. El baile público inició en La Ciudadela en los noventa, y hoy hay muchas plazas donde se baila y eso es una forma de transmisión no formal del conocimiento que lo conserva como un patrimonio vivo.

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