'Estar o no estar”: un tormentoso amor en el puerto

viernes, 9 de septiembre de 2016
MONTERREY, NL (apro).- “Estar o no estar” rinde tributo al drama antiguo mexicano, con una propuesta agridulce, de corte existencialista, donde los personajes son manipulados por el destino, que siempre juega con cartas marcadas. Por su vertiente temática, que incluye el amor tormentoso entre un hombre decente y apocado junto a una mujer fatal y bella, la cinta bien pudo haber sido filmada en los cincuenta, en blanco y negro. Pero es presentada como una producción actual, con una interesante estética, en la que destaca el uso de filtros en la cámara para sobreexponer de luz los encuadres y crear una grata sensación onírica. Ubicada en Tlacotalpan, de donde se dice nació Agustín Lara, la película es de pocos actores, de mucho colorido y emocionalmente densa. El escritor y director Marcelo González creó un drama con una historia breve, donde ocurren muy pocas situaciones, en la que abunda la expectativa. Aislinn Derbez y Flavio Medina forman una atractiva pareja poco probable, que se enreda en lo que parece ser un romance que se dirige hacia un camino sin salida. En su interpretación del simplón Augusto, Medina es un pequeño Tom Hanks. Le pide prestados todos los tics al estrella de “Tienes un e-mail”, y lo imita, haciendo una compactación de sus interpretaciones en comedias románticas. Aislinn luce esplendorosa como la indecisa Nastenka, una chica que tiene el antecedente insólito de haber nacido en Europa del este y quien, casualmente, trabaja en el Café Kiev, con unos paisanos. Como estrella en ascenso del cine mexicano, la chica ha entregado buenas cuentas. Luce en los momentos de tensión, y la cámara explota de manera permanente su agraciada figura con tomas de cuerpo entero y frecuentes close ups al rostro. La producción retrata la ciudad costeña con propósitos turísticos. Resalta el sabor del pueblito con sus tradiciones. Muestra una comunidad compacta, en la que todos se conocen y conviven. Hay un ambiente muy mexicano y autóctono. En un inicio, el melancólico Augusto se encuentra en un estado catatónico. Desde la cama en la que yace hace un recuento de su historia, en la que queda prendado de Nastenka, pese a que ella está indecisa sobre sus afectos. Lo atrae y lo rechaza de manera simultánea. Ella va a diario al puerto para esperar el amor que algún día regresará del mar. La pretensión poética de la fotografía hace algunas aportaciones artificiales, muy cercanas a la telenovela. Ella se queda estática, de frente a la inmensidad del mar, como una estatua perfecta, mientras el viento mueve sus cabellos y sus ojos se humedecen de angustia. El mundo se detiene ante su hermosura. En su pequeña aparición, Tiaré Escanda se roba la película y protagoniza, con el fuereño, la relación más intensa y atractiva. Como vecina afectuosa, pronto consigue demostrar que es la persona más auténtica que cruza en la historia llena de sinsabores. El final amenaza con envenenar toda la película. Aunque el sino de cada persona está lleno de contradicciones, hay absurdos que merecen justificación, por lo menos los que son relatados en el cine. “Estar o no estar” es una propuesta sencilla, con una historia de amor tradicional, y un protagonista apacible que llega al Golfo de México para atestiguar como la suerte, mala y buena, le cambia completamente la vida.

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