UNAM recuerda a José Emilio Pacheco en su propia voz

jueves, 26 de enero de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Para conmemorar el tercer año del deceso de uno de los grandes literatos del país, José Emilio Pacheco (1939-2014), la UNAM recordó la serie de grabaciones “Voz viva de México” y la charla “Diálogo literario” de 2010 con el autor de “Las batallas en el desierto”. A través del sitio de internet Descarga Cultura, la serie auditiva reproduce en voz del autor sus poemas “La enredadera”, “El reposo del fuego”, “Homenaje a la cursilería”, “Vanagloria o alabanza en boca propia”, “Indagación en torno del murciélago”, “Mosquitos”, “Idilio” y “Alta Traición”. A propósito de este último, también se puede escuchar la charla completa del encuentro “Diálogo literario con José Emilio Pacheco”, que sostuvo con Ignacio Solares, director de la Revista de la Universidad de México. El encuentro fue el 24 de septiembre de 2010 en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario, apenas unos días después de recibir el Doctor honoris causa por la UNAM. Fue uno de los cinco que recibió de instituciones como la Universidad Autónoma de Sinaloa (1979), la Universidad Veracruzana (2002), la Autónoma de Nuevo León  (2009), y Autónoma de Campeche (2010). En ese diálogo literario, Pacheco recordó su poema “Alta Traición”, publicado por primera vez en la mencionada revista en 1966, y posteriormente incluido en el volumen No me preguntes cómo pasa el tiempo”:
No amo mi patria. Su fulgor abstracto es inasible. Pero (aunque suene mal) Daría la vida Por 10 lugares suyos, Cierta gente, puertos, bosque de pino, Fortalezas, Una ciudad desecha, Gris, monstruosa, Varias figuras de su historia, Montañas, Y tres o cuatro ríos.
En la plática, el autor refirió: “Esa ciudad que nos parecía deshecha, gris y monstruosa era un paraíso comparado con la actual”. –¿Pero aún la amas?– preguntó Solares. –No sé, no creo que pueda amarla porque no sé a dónde va. Una cosa es hablar poéticamente y otra verlo auténticamente, la ciudad es de los jóvenes, para mí ya es una limitación y es terrible no usar el Metro o un eje vial, me es imposible. Cuando yo era un amante de caminar por la ciudad y escuchar a la gente, sus pláticas, pero ustedes (dirigiéndose a los jóvenes) no piensen en eso. Siguió: “Ustedes vivan el día, me parece odioso el consejo de los viejos porque en mi experiencia no sirve de nada, lo que yo viví y me ocurrió es completamente distinto, un mundo que ya no existe. No estoy a favor de la nostalgia, estoy a favor de la memoria. No se puede por que no sé idealizar un México que ya pasó.” José Emilio Pacheco, considerado uno de los grandes autores de la literatura del siglo XX, a decir de escritores como Eduardo Langagne, “prolífico en todo”, escribió cuento, crónica, ensayo, narrativa, traducción –de obras de Oscar Wilde, Tenessee Williams y Samuel Beckett–, periodismo y poesía. Fue autor de la columna “Inventario”, emblemática para sus lectores por más de cuatro décadas, que publicó primero en Diorama  de la Cultura, suplemento del periódico ExcélsiorK. A la salida de la dirección de Julio Scherer ante el “Golpe a Excélsior”, orquestado por el entonces presidente Echeverría, el autor continuó la columna en el semanario Proceso desde su fundación hasta su deceso el 26 de enero de 2014. Su último texto, “La travesía de Juan Gelman”, fue publicado ese oscuro domingo en la edición 1943 del semanario. Entre sus premios, José Emilio Pacheco obtuvo el Xavier Villaurrutia (1973), el Nacional de Periodismo (1980), el Nacional de Ciencias y Artes (1992), el de Poesía Iberoamericana Ramón López Velarde (2003), el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2004), el Reina Sofía (2009), el Cervantes de Literatura (2010) –el más prestigioso en lengua castellana–, y el Alfonso Reyes (2011) por El Colegio de México. El  autor de poemarios poéticos como “El reposo del fuego” (1966) y “No me preguntes cómo pasa el tiempo” (1969) expresó en algún momento lo que significaba la poesía en su vida: “Una práctica, un ejercicio espiritual, una manera de dialogar y actualizar nuestra tradición, pero también de mostrar las cicatrices, los deseos, temores y corajes de un hombre que camina y recorre desnudo su ciudad, que le recorre, furioso, triste y esperanzado, la superficie rugosa y gris a esa piel urbana que lo fascina”.

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