'Una tarde más” con la bella Céline Dion

viernes, 27 de enero de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La célebre baladista Céline Dion (Charlemagne, Quebec, marzo 30 de 1968) fue elegida por Estudios Walt Disney para el tema musical de La Bella y la Bestia, una película protagonizada por la Embajadora de Buena Voluntad en la ONU, Emma Watson (París, abril 15 de 1990), y el actor inglés Dan Stevens (Londres, octubre 10 de 1982), que se proyectará en México el 17 de marzo. Ya en 1991, Disney había filmado La Bella y La Bestia en dibujos animados, con Céline Dion interpretando la misma canción que ahora saldrá para la cinta sonora de la reciente película actuada: “How Does a Moment Last Forever” (“Cómo un momento dura por siempre”). Compuesta por Alan Menken (La Sirenita, Aladino) y el letrista Tim Rice (Evita, El rey león), la también Embajadora de Buena Voluntad ONU 1999 canadiense confirma en su sitio oficial de la red Internet (http://www.celinedion.com/): “Haber sido parte de la cinta animada La Bella y La Bestia fue una experiencia gratamente mágica en mi vida, y estoy verdaderamente honrada de ser parte de esta cinta otra vez”. En 2016, Céline Dion publicó uno de los mejores álbumes de canciones en francés, Encore un Soir (Una tarde más, Sony Music Entertainment/Columbia), tributo musical a las dos pérdidas que sufrió el año pasado por cáncer: René Angélil, su productor (desde que ella tenía 13 años) y pareja (a partir de 1986), y su hermano David quien la acompañó al piano cuando debutó cantando (en la boda de su padrino y también hermano Michel Dion) el 18 de agosto de 1973. La fama universal llegó a Céline 23 años después de aquel debut, al aparecer en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 interpretando “Power of the Dream” (El poder de los sueños) y un año después con el tema central de la película Titanic “My Heart Will Go On” (Mi corazón seguirá), todo un jitazo. Dueña de una voz mezzosoprano impresionante, buena parte de la prensa del espectáculo se dedicó a criticarla por la esplendorosa mansión que la estrella embelleció con René tras Titanic en Jupiter, costas de Florida; o la casona en el río Mille-Îsles, Montreal; su debilidad por la moda extravagante, su físico anoréxico, su afición por el golf, a presentarse en Las Vegas, fresez, falta de compromiso político, superficialidad… Lo cierto es que el éxito lo merece, pues nunca se dio por vencida y siempre buscó perfeccionarse artísticamente, como ella misma apunta en su autobiografía Ma vie, mon rêve (2000): “Algunos artistas desean cambiar el mundo, pero yo no soy así. Yo no deseo cambiar el mundo. Yo sólo quiero cantarle al mundo (…) Hay gente que se pasa la vida pensando en los recuerdos del pasado, yo siempre miro hacia adelante.” Enseguida, traducimos una parte de aquella biografía de Céline Dion (donde narra su infancia, su ascenso al éxito y cómo fue ayudada por su pareja René a triunfar, a la vez que ella lo apoyó cuando le diagnosticaron cáncer), acerca de la pieza del Titanic. “Mi historia, mi vida” En abril (1997), el compositor James Horner había venido a Las Vegas para proponerle a René algo en grado superlativo. “Estoy escribiendo la música para una película, Titanic. El director James Cameron consiguió el patrocinio más alto jamás visto en Hollywood. Se trata de una gran historia de amor.” Había escrito una canción con Will Jennings y la quería poner al final del filme. “Es una de las más hermosas que hemos escrito juntos.” René no le creyó del todo. Recientemente, las megapelículas con patrocinios desorbitados habían naufragado en verdaderos fracasos. Pero Horner insistía en que Titanic haría historia en el cine. “Por ahora, a Cameron no le interesa una canción –dijo--, pero estoy seguro que cambiará de idea si Céline accede a cantar la que he compuesto con Will.” Unos años antes (1986), tuvimos una triste experiencia con Horner y Jennings, la mancuerna de letrista y compositor que había ganado el premio de la Academia por música y canciones para cintas. Eso aconteció luego de mi primer álbum en inglés, cuando aún era una desconocida en los Estados Unidos. Me habían solicitado cantar el tema de la película animada An American Tail (Fievel va al Oeste), producida por Steven Spielberg. Yo amaba esa pieza, “Dreams to Dream” (Sueños que soñar), la cual todavía me viene seguido a la mente. Pero debido a complicaciones y disputas entre las compañías disqueras, el proyecto se vino abajo. René quedó muy lastimado por ello. Con Titanic, esperábamos olvidarlo todo y superar los conflictos entre disqueras. “Primero hay que convencer a Cameron”, dijo Horner. “Primero tienes que convencer a Céline y convencerme a mí”, lo corrigió René. Nos juntamos en el Caesar Palace. Horner se sentó al piano para tocar su canción. Es quizás uno de los más brillantes escritores de melodías que conozco; pero su voz es aburrida, cansada y seca. No la interpretó nada bien. A sus espaldas, le mandé señales a René rechazando esa canción. Adoraba la letra, pero la melodía me pareció plana. No había llegado ni a la mitad de la pieza cuando René parecía no hacerme caso. Al Horner voltear hacia nosotros, René le dijo: “En un mes vamos a estar en el estudio Hit Factory, donde Céline está grabando su próximo disco. Si nos das una grabación con orquesta, ella puede hacer una cinta de muestra que Cameron escuche. Creo que será la mejor forma de convencerlo.” Horner no esperaba tanto, así que se sintió en el Paraíso. Yo, por otro lado, estaba fúrica. Comencé a pensar cómo hablar con René cuando estuviésemos solos. Pero finalmente, sucedió que René iba a enseñarme otra nueva lección. “Tú te fijaste en la voz de Horner, pero no escuchaste verdaderamente la canción. La melodía es fabulosa y tú puedes convertirla en uno de tus máximos jits.” Al mes siguiente, James Horner llegó a los Hit Factory con su cinta orquestada. Antes de que yo le añadiera mi voz, me apartó y me contó la historia de la película con gran detalle. Me emocioné. Escuché la pieza orquestada y supe de inmediato que René estaba en lo correcto: la melodía era extraordinaria. Me puse a tono en pocos minutos y canté “My Heart Will Go On” sin esfuerzo y sin exagerar. Aquel día comenzaba a enfermar de catarro y mi voz sonaba titubeante. Me sentía poseída de cierta fragilidad, la cual brindó a la canción un sentimiento muy romántico. Yo permití a las palabras brotar desde lo más profundo de mi interior. Los grandes jefes de Sony –Tony Mottola, John Doelp y Vito Luprano—se hallaban allí, y todos dijeron desde la primera toma que iba ser un gran éxito. Algunos días después, Horner nos llamó para decir que James Cameron había escuchado el tema y le había gustado. Incluso deseaba proyectar para nosotros el filme antes de que saliera a su estreno en Nueva York. Aquella cinta de muestra dio la vuelta al mundo y me han dicho que ha sido la canción más vendida en toda la historia de las grabaciones. En Navidad, cuando el filme Titanic fue estrenado en miles de cines por todo el planeta, mi nuevo álbum Let’s Talk About Love (Hablemos sobre el amor) ya estaba en el primer lugar de las listas de popularidad. Una cosa que descubrí cuando alcancé la fama es que la gente comienza a aparecer de la nada para ofrecer sus servicios… Pronto adquirimos la costumbre de decir que no a todas las proposiciones. Pero unas cuantas solicitudes para actos de caridad, más discretas y con tacto, nos recordaban que nosotros teníamos el poder para ayudar. Esto fue imposible de ignorar. “Es parte de nuestra vida ahora, se nos ha dado mucho. Demasiado, creo yo. Es hora de que nosotros aprendamos a dar”, me dijo René. Para él, no se trataba para nada de una cuestión de imagen o de mercadotecnia. Realmente pensaba que uno debe dar de vuelta, en retribución por lo recibido. Eso me recordaba que mi madre decía que nadie consigue nada de la nada y que “de lo que se obtiene demasiado fácil, uno no saca mucho provecho”. René es profundamente generoso por naturaleza. Así como disfruta jugando al golf, también le encanta ejercer el placer de dar. Eso lo sentía aún antes de que fuéramos ricos. Entonces comenzó a considerar las propuestas que recibimos de las fundaciones y actos de caridad… (En el librito con letras en francés de su más reciente CD para Sony Music Entertainment, Encore un Soir, la foto final capta a Céline Dion abrazando con los ojos cerrados a René, de espaldas, como despidiéndose. La baladista escribe: »Este no es un álbum, es una página de nuestra historia… Jamás tendría la misma voz, tampoco sería la misma, pues en los momentos más duros ustedes nos proporcionaron su amor, y nos dieron la mano para ayudarnos a atravesar el puente de nuestra vida nueva. Todas sus palabras de fortaleza, y todas aquellas melodías me han devuelto el equilibrio, el fuego sagrado y sobre todo, las ganas de nuestro reencuentro. No olvidemos nunca que . ¡Gracias! C E L I N E DION… P.D. Que Dios los bendiga. La vida es un sueño del que la muerte nos despierta. »)

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