Festival Internacional Santiago a Mil (II)

martes, 31 de enero de 2017
SANTIAGO DE CHILE (Proceso).- De las obras chilenas más esperadas en este festival, estaban Mateluna, escrita y dirigida por Guillermo Calderón, Xuárez, de Luis Barrales y Manuela Infante, dirigida por Manuela Infante, Ñuke de David Arancabia dirigida por Paula González, y La dictadura de lo cool de la Compañía La Re-sentida con la dirección de Marco Layera. Siguiendo la tradición de la visión política en el teatro chileno, Ñuke habla de la resistencia de una familia campesina mapuche en la región de Araucanía que sufre la explotación y la persecución policial. Se reconstruye en el Centro Cultural GAM, la casa de la familia, con piso de tierra y materiales de paja y madera. Los espectadores, sentados en su interior y mirando la fogata, conocen su historia desde diferentes puntos de vista. Con fortuna, la cotidianidad es lo que marca la estructura dramática, atravesada por la tensión entre los familiares y el peligro que corren. Mateluna fue una obra polémica que causó entusiasmo en unos y hartazgo en otros. El documento dentro del documento, la reproducción de los hechos por parte de los actores y la repetición de escenas, dio mucho para hablar. En Mateluna se comenta otra obra del mismo autor y los mismos actores, Escuela –sobre una escuela de guerrilla urbana de los 80–, donde Jorge Mateluna se involucra en el proceso de creación y posteriormente es apresado injustamente, lo cual incita al autor y al grupo a crear esta nueva propuesta en pos de su defensa, dejando al descubierto las contradicciones del proceso. De estructura compleja y atractiva es la obra Xuárez, que utiliza los juegos de la memoria, de la reconstrucción del pasado y de la imaginación sobre la escena, para hablar de un acontecimiento histórico en Chile. A partir de que Inés Suárez, la pareja de Pedro de Valdivia, fundador de Santiago, decide cortarles la cabeza a los cinco caciques del lugar (y que fue considerado como un acto de locura), los autores –referentes del teatro chileno contemporáneo– plantean los antecedentes del momento, los factores que incidieron y la inteligencia contenida. Abordan preguntas centrales sobre la fundación de Santiago a partir del cuadro de su mismo nombre de Pedro Lira donde la mujer, protagonista del momento, no aparece. De las propuestas internacionales, se esperaban las obras del director alemán Tomás Osteirmeier, en particular Un enemigo del pueblo, y la de la argentina Lola Arias, Campo minado. Inspirada en el argumento de Ibsen, Osteinmeier coloca el problema de la verdad en el presente. En un momento de la obra, incita a los espectadores –los cuales lo hacen de una manera activa–, a que discutan las dos posturas planteadas: la del protagonista que quiere dar a conocer cómo está contaminada el agua de su ciudad, y la de las autoridades locales que ven esa verdad como un peligro económico para la población y sus intereses. Campo minado está lleno de recursos escénicos, a través de los cuales los veteranos de guerra de las Malvinas cuentan distintos acontecimientos, se convierten en un grupo de rock o confiesan los efectos de la guerra. Es una obra documental y emotiva donde se entremezclan las vivencias de aquellos tiempos con las del proceso de ensayos. Dentro de las actividades de calle, fue sorprendente el proyecto de AppRecuerdos, donde Sonido Ciudad de Chile, encabezado por Mauricio Barría y Rimini Protokall de Alemania por Stefan Kaegi, lanzaron a la gente a caminar las calles de Santiago contándoles historias a través de una aplicación en el celular. 125 historias de 3 a 6 minutos ocurridas en un sitio en específico al que llegamos. Hechos que sucedieron en el Chile de los 70 y los 80, el golpe y la dictadura, contada por personas que la vivieron en carne propia. Cada lugar recorrido queda marcado para siempre, con su historia. Teatro en Conteiner de Valparaíso, encabezado por Nicolás Eyzaguirre Bravo y el Festival Santiago a Mil, producen una propuesta en comunidad donde la comida es el centro del espectáculo. La cocina pública es una experiencia teatral y un ritual culinario que nos lleva a lo más primitivo de una sociedad que, reunida, come, brinda y disfruta lo que otras mujeres han preparado con el respaldo, la creatividad y el trabajo de un grupo de teatro que se entrega para ese momento único e inolvidable. De la misma manera, la Fundación Teatro a Mil desarrolla durante el año diversas actividades escénicas y formativas para lograr que año con año siga vivo este festival y crezca cada vez más.

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