Las mujeres en el infierno

martes, 10 de octubre de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Desde el Génesis, siempre ha habido hombres y Dioses a los que les encanta expulsar mujeres del paraíso. La tragicomedia La expulsión del paraíso, escrita y dirigida por Víctor Gómez Villaverde, quien hasta ahora sólo había fungido como productor, tiene como protagonistas a tres de las féminas más representativas de la Biblia: Eva, María y María Magdalena. Francesca Guillén, Octavia Popesku y Tania Arredondo encarnan estos personajes, que se encuentran en un sueño donde pueden quejarse acerca de los eventos de represión que sufrieron, no sólo en vida, sino a los que la historia (escrita con pluma masculina) las ha condenado. Opacadas, reprimidas y ninguneadas vagan por la eternidad, buscando la forma de hacerse justicia: en la libertad sexual, en la toma de decisiones, en el papel de equidad que les corresponde ante los hombres. Encuentran sólo en los sueños un espacio de libertad y comprensión, donde pueden volcar sus frustraciones, deseos y pensamientos sin miedo a la represión social, que puede llegar a extremos como la lapidación. Todo en el montaje se representa con trilogías, desde las actrices hasta la escenografía de Carolina Jiménez (tres puertas, tres bancas, tres celdas). Tres versiones de un mismo género: la expulsada del paraíso, la virgen madre de Jesús y la prostituta perdonada por él. Eva se queja de que no sólo Dios la culpa por un pecado común con Adán, sino que su castigo es mucho más severo que el de él; y más en estos tiempos, en que la mujer no sólo sangra cada mes y pare con dolor, sino que trabaja, además, con el sudor de su frente. La pobre María tiene un antojo infinito de haber vivido el proceso completo de la gestación, empezando por el encuentro (con su consecuente placer) sexual. Y María Magdalena, quiere vivir a plenitud sin ser juzgada. A pesar de lo llamativo de este planteamiento, hay descuidos técnicos durante la representación, lo que sorprendentemente no saca a las intérpretes de su personaje, que llegan a improvisar con la intención de que no se afecte el hilo dramático. Una interesante reflexión acerca de lo lejos que se puede ir en la historia (real o ficticia) a los roles de género. Pero más sorprendente aún lo vigentes que pueden mantenerse siglos después, ya en el XXI. El final, sin embargo, es un tanto abrupto y didáctico. La obra va construyendo discursos claros y contundentes, por lo que se vuelve irrelevante y repetitivo tratar de concentrarlos en un par de líneas de cierre. Hasta nuevo aviso, en esta y otras obras que se presentan en el Centro Cultural Helénico, los espectadores pueden obtener un precio especial si llevan víveres para los damnificados. Las funciones son los martes a las 20:30 horas en el Teatro Helénico (Av. Revolución 1500, Col. Guadalupe Inn). Hasta el 31 de octubre.

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