Sigmar Polke en el MAM

martes, 21 de marzo de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Modesta a pesar de la inteligente selección curatorial, la exposición Sigmar Polke. Música de un origen desconocido, en el Museo de Arte Moderno, no corresponde a las expectativas que provoca un proyecto de política y diplomacia cultural como el Año Dual Alemania-México. Organizada por el Instituto para las Relaciones Internacionales Culturales de Alemania (Institut für Auslandsbeziehungen, IFA), la muestra se inscribe en un programa de exhibiciones de artes visuales que, sin necesidad de años duales, la ha presentado durante el siglo XXI en países que como Bosnia y Herzegovina, India y Líbano, comparten su identidad periférica en el mapa geopolítico del arte contemporáneo. Integrada por 40 aguadas creadas en 1996 en un mismo formato de 70×100 centímetros, la exposición llama negativamente la atención porque el contenido de las obras no responde a la actitud creativa del artista. Admirado y criticado por sus constantes y polifacéticos cambios, Polke produjo en 1996 un conjunto de aguadas que, a manera de catálogo, sintetizan sus exploraciones y propuestas desarrolladas desde los años sesenta. Invitado por el reconocido funcionario cultural Götz Andriani (1940) a realizar un proyecto para el IFA, Polke le ofreció en diciembre de 1996 una “plétora fascinante de aguadas” de las que Andriani pudo seleccionar “aquello que representara una especie de resumen” de su obra. Creadas en una época que se recuerda por su hostilidad ante las prácticas pictóricas, las aguadas reproducen características estéticas y temáticas del artista que, a través de técnicas de chorreo, goteo, flujo y aplicación de retículas, remiten a sus elegantes vocabularios pictóricos pop de los sesenta, a sus irreverentes críticas sociales y políticas, a sus apropiaciones kitsch posmodernas, y a sus experimentaciones abstractas con materiales ajenos a la cocina artística tradicional. Construidas a partir de la superposición de planos que, por sus transparencias cromáticas, permiten la presencia y visibilidad de imágenes que evocan distintas realidades (entre ellas las publicitarias y mediáticas), las composiciones de Sigmar Polke con sus puntos, retículas y atmósferas de estridentes colores o sutiles tonalidades, se imponen con una contundente vigorosidad que puede inventar formas abstractas, reproducir figuras de la cultura popular alemana y con puntos negros la belleza artificial de una modelo o jugar con la cursilería aristocrática de los amantes rococó. Nacido en 1941 en territorio prusiano, Sigmar Polke pertenece al panteón de los principales artistas contemporáneos de nivel internacional. Con una producción que si bien es principalmente pictórica también se expande hacia la fotografía, el cine y la tridimensión, Polke sorprendió en 2014, a cuatro años de su muerte, con la espléndida exposición antológica que, con el título de Alibis, se presentó en los museos de Arte Moderno de Nueva York, Tate Modern de Londres y Ludwig de Colonia. Interesado en la política y situación social de territorios periféricos, en 1984 realizó una pintura sobre la frontera México-Americana en la que figuras delineadas con puntos negros sobresalen en un fondo amarillo. La presencia de esta obra en la exposición hubiera sido un acierto insólito en la mediocridad museística mexicana. Este texto se publicó en la edición 2107 de la revista Proceso del 19 de marzo de 2017.

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