'Adiós a Dylan”, primera novela de Alejandro Carrillo

martes, 18 de abril de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Una de las recientes novelas nacionales de profunda intensidad urbana ha sido publicada por Penguin Random House Grupo Editorial de México: se trata de Adiós a Dylan, de Alejandro Carrillo, que sin duda atrapará a los melómanos y devoradores de la buena literatura actual (encuéntralo en www.elalejandrocarrillo.xyz/yo/). Nacido en la capital mexicana el 12 de agosto de 1981 y practicante del arte marcial japonés del kick-boxing, Carrillo obtuvo con esta su primera novela de 261 páginas el Premio Mauricio Achar Literatura Random House, de 2016, cuyos jueces fueron Julián Herbert, Jorge Lebedev, Emiliano Monge, Andrés Ramírez y Cristina Rivera Garza. En la contraportada, dedicada para “el Ale adolescente que quiso ser escritor” y a “toda la banda chingona gracias a la que escribo”, leemos: Omar tiene diecinueve años y una sola obsesión en su vida: Bob Dylan. Todo su universo gira en torno a esa figura, desde sus amores y pasiones hasta sus fracasos y decepciones. Así conoce a Sara, una chica que –curiosamente—se llama como la primera esposa de Bob Dylan [Sara Dylan, Sara Lownds o Shirley Marlin Noznisky] y que hace porno amateur frente a su webcam. Se enamora profundamente de ella, y van juntos buscando la sordidez de la Ciudad de México y la suya propia, para poder, en algún momento, encontrar el verdadero reflejo en el espejo. Una novela iniciática con influencia de la Generación Beat… La odisea del personaje principal del texto, Omar (quien también toca lira), arranca por barrios de la Ciudad de México y culmina en pos de los pasos de su adorado Bob Dylan (Duluth, 1941) hasta el primer departamento del ídolo en Nueva York. Así, hallamos contrastes con los parlamentos del protagonista Sal Paradise en la novela On the Road (1955), de Jack Kerouac (Massachusetts, 1922—Florida, 1969), flotando evocaciones musicales, alucinantes, sexuales y hasta beatíficas (si Kerouac repite variantes de palabras como holy –santo--, God --Dios--, y beat –golpe, ritmo--, Omar usa con frecuencia las del verbo “patear” y expresiones como “Sara es perfecta”). Sin embargo, la experimentación literaria de Alejandro Carrillo va más allá. Su narrativa es cruda y en la caída parece imposible la redención, cual pesado rolar tras metáforas de asideros imaginarios que alcanzan crescendos desgarradores entre poéticas sin tiempos, tronando caleidoscopio de un lenguaje amplio al contener jergas chilangas y del mundo cibernético. Lo peculiar es que uno no necesita saber nada del jefe Dylan para disfrutar (y sufrir) su novela, pues el creador de “Blowin’ In The Wind” es únicamente un magnífico pretexto al periplo (www.adiosadylan.com). El novelista va mostrando su universo de sexo, drogas y rock a través de la historia paralela de Omar, pues antes de cada uno de los capítulos que conforman las tres partes de Adiós a Dylan hallamos que su título corresponde a alguna pieza determinada del Nobel de la Literatura 2016 y Carrillo nos brinda tanto el álbum y corte correspondiente donde podemos escucharla, partiendo de “It’s All Over Now, Baby Blue” (4:12. Track 11 del Bring It All Back Home, 1965) hasta “‘Cross The Green Mountain” (8:41. Track 10 del disco 2 The Bootleg Series Vol. 8, 1991). Mi héroe tiene la voz de un cuervo. Ahora es un anciano pero se mantiene en pie frente al público durante horas y prende fuego a la palabra a pesar de ser un vagabundo. Mi voz vive en la suya. Mis ojos se apoyan en la espalda de sus poemas. Lo sigo a los infiernos, desciendo con él dentro de los pordioseros y de las señoras bien educadas. Vigila mi futuro como un antepasado. Me cuida la espalda. Se traga los cuchillos que me avientan los gitanos, los hombres llenos de cicatrices que se chupan los rayos del sol. Mi héroe se acomoda el sombrero y susurra sus plegarias, recordándome quién quiero ser cuando me quedo solo. (“Father of Night”, comienzo de la tercera parte, página 181). Alejandro Carrillo cuenta en red: “Vivo en la Ciudad de México y he hecho un poco de todo, desde escribir cómics porno, guiones de TV y de radio, hasta lo que más me interesa, la literatura. Escribo cuentos, novelas, y sí, hasta poemas (A Jesucristo le gusta el reguetón)… Soy fan de Bob Dylan, del hip-hop, de la salsa, de los perros callejeros…” Un video aparecido en Youtube.com --con el título “Escribir para sangrar”. Entrevista con Alejandro Carrillo-- sirve de presentación al autor, quien afirma (en https:youtu.be/rn0-qQxHaOI): “En realidad mi trayectoria no es muy grande ni muy importante, lo cual también me gusta decirlo. Ha sido como una carrera más de onda guerrilla, como desde abajo y desde la comunidad que me orgullece mucho, por ejemplo, Tinta Chida punto com, ¿no?, el proyecto que tengo y es una comunidad de experimentos e ideas para dedicarse al oficio más chingón del mundo, que es escribir.” Uno de los talleres que durante tres horas Carrillo imparte (con su profesor del kick boxing), los sábados en un gimnasio de box, se llama “Pelea y escribe. Tinta Chida Power” (www.tintachida.com), influenciado por “la escritura peligrosa” del estadunidense Tom Spanbauer (Pocatello, Idaho, 1946), maestro del autor satírico --también norteamericano-- Charles Michael Chuck Palaniuk (Pasco, Washington, 1962). El objetivo de cada alumno, después de un ciclo de dos años, es salir del taller con un libro terminado y con cinta negra de kick boxing, dice: “Hacemos muchos símiles con los deportes de combate o con el box. Por ejemplo, siempre hablamos de atacar la lesión, que es atacar lo que te duele. Como en el box, tú atacas más esa lesión (al contrincante) para ganar el combate, y en la literatura es diferente porque te atacas a ti mismo para escarbar en eso que no conoces y que es aterrador. “Ser escritor es lo mismo. El primer paso es creerte que lo eres, trabajar un chingo para mejorar, ir a talleres, juntarte con colegas y con escritores que tengan buena fe, aceptar las críticas y en base a eso, mejorar. Pero principalmente, ¡escribir mucho, escribir mucho!” Adiós a Dylan, la primera novela de Alejandro Carrillo para todos aquellos que quieren y aman la música y la literatura, muestra el alba iniciática de un joven en plena explosión creativa.

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