Exposición de Robert Rayman en el Museo Jumex

domingo, 2 de abril de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Sorprendente la exposición que actualmente se exhibe en el Museo Jumex del artista estadunidense Robert Rayman (Nashville, Tennessee, 1930). Miembro de la generación de jóvenes pintores abstractos en Estados Unidos en los años sesenta, incursionó en el medio artístico de manera relativamente rápida y afortunada. Después de cumplir su servicio militar se muda a Nueva York con la idea de estudiar saxofón; sin embargo, su trabajo como guardia del Museo de Arte Moderno de Nueva York cambia radicalmente su vida, y en 1967 realiza su primera exposición individual en la Paul Bianchin Gallery, en Nueva York. En 1970 y 1980 sus obras se presentan en Documenta, Kassel, Alemania, la Bienal de Venecia, entre otras ferias de renombrado prestigio. La muestra que actualmente se exhibe en el Museo Jumex ha sido curada por Courtney J. Martin bajo la organización de la Dia Art Foudation.

Robert Ryman: Conferencia inaugural con Robert Storr from Fundación Jumex on Vimeo.

Veinticuatro piezas de diferentes formatos fueron seleccionadas de manera cuidadosa y precisa para ofrecer, por primera vez en nuestro país, un recorrido por medio siglo de su trabajo que va desde los años cincuenta hasta finales de 1990. Selección que ofrece un panorama claro y contundente que resalta el interés medular en su trabajo: La luz. Lo confirman sus palabras: “La luz es sumamente importante: cómo se ve en la pintura. Si viene del frente o de costado y si es una luz tenue o brillante. Todo se activa con luz.” Su obra revela el proceso creativo. Somos testigos del tiempo que la contiene. A partir de la elección del color blanco como punto de partida para reflejar lo que él llama “la luz real”, se inicia su incesante búsqueda. Intervenir el plano con tonalidades multicolores, cuadros como Untitled #17, que a pesar de su aparente blancura, si se miran de manera cuidadosa, acaban revelándose de manera sutil y enigmática. Al mismo tiempo, cobra relevancia su genuino interés por los materiales; a partir de esta conciencia, la obra cobra dimensiones, no sólo materiales sino conceptuales. Se le identifica como un pintor minimalista, monocromático y conceptual. Su incansable experimentación con los soportes, que van desde madera, papel, lienzo, metal o aluminio, han sido fuentes de contundentes resultados, así como los materiales con los que los interviene: esmaltes, óleos y polímero vinílico. Todos acaparan su atención y dispone de ellos a partir de una estética propia que se convierte en su propia idea; por ejemplo, la utilización de la cinta adhesiva (“masking tape”), con las que fija el papel sobre la pared terminó siendo dentro del código de su obra la posibilidad para revelar el espacio negativo donde alguna vez estuvo esa cinta. Antes, durante y después los materiales no actúan solitariamente, tienen una intención que dan estructura y hacen que el espectador sea consciente de la presencia física en el espacio y de esta manera dimensionar su propia vida interior. Rayman ha manifestado que “sus pinturas no existen en realidad si no están en la pared como parte de ésta, como parte de la habitación”. Su obra se encuentra sumergida en las reflexiones que se producían en muchos artistas abstractos de su generación, entre ellas la idea de hacer que algo sea visible. Esta es una de las premisas vertebrales de su trabajo, y para ello establece parámetros y acota la propuesta para delimitar lo interno y lo externo. A partir de las más mínimas intervenciones, ya sean con pintura, con grapas con “masking tape”, con lápiz, etcétera, o dejar espacios mínimos sin pintura (pequeñas líneas, sin materia), acaba creando una enmarcación de lo que vemos, para que podamos verlo de nuevo. Un vocabulario que construye un universo propio donde la pintura se reafirma no sólo desde su propio lenguaje, sino también desde su condición matérica, no podría jamás ser sustituida por algún otro soporte fotográfico mecánico o digital, es decir que su propia naturaleza exige su presencia física, que se completa en el momento que el espacio, y la luz, le permiten existir. El contacto que se genera entre el espectador y la obra produce silencio y obliga a poner atención. Las pequeñas variaciones que contienen sus series también invitan a entrar en el universo de los matices, descubrir las diferencias en las semejanzas. Invita a que la mirada sea atrapada por sensaciones que no necesitan ser nombradas. Y como afirma el crítico de arte Robert Stor, al final de uno de los textos que acompaña el catálogo de la muestra, “Rayman sigue creando la siguiente pintura en una sucesión interminable de pinturas”. Esta muestra es una oportunidad para continuar la discusión sobre los alcances que tiene la pintura en el mundo del arte actual, ubicándose dentro de un lenguaje vivo susceptible a múltiples e infinitas reflexiones. Permanecerá abierta al público hasta el 30 de abril en el Museo Jumex, ubicado en bulevar Miguel de Cervantes Saavedra 303, Amp. Granada, 11520 Ciudad de México.