'Una merienda de negros”, en donde nada es lo que parece

viernes, 28 de abril de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Hay veces en las que el teatro, más que entenderse, se siente. Ya no se trata sólo de contar historias, sino también de hacer una especie de collage dramático, donde las piezas aparentemente aisladas se acomoden como puedan en el alma del espectador. Este montaje obedece sin duda a lo que dice la Real Academia Española sobre, precisamente, la frase que da título a la pieza: “Una merienda de negros” es “Confusión y desorden en que nadie se entiende”. La obra fue escrita por el mexicano Edgar Chías (El cielo en la piel, Crack, o de las cosas sin nombre, Ternura suite), cuyos textos suelen ser de libre interpretación. No se definen las líneas de cada personaje ni se distinguen las acotaciones de los diálogos. Se le suele llamar “narraturgia”. En el programa de mano no hay sinopsis, sino una reflexión del autor, en la que él anota sus razones para la creación del texto: “Una merienda de negros es un trasunto, un texto bastardo en el que nada es lo que parece. No cuenta una historia porque es la superposición de varias, de fragmentos, de girones de un mundo descoyuntado”. Y sigue: “Pero los que brillan son los negros, por su ausencia y por los motivos que nos brindan a todos, siempre, por poner el pecho, las dos mejillas, y todo lo demás. Por dejarse ser --sin muchos reparos hasta ahora-- los blancos móviles de nuestros dardos”. El montaje, dirigido por Boris Schoemann, dialoga y convive con el público. Los personajes discuten y se preparan para una representación, a la que le hacen falta 30 segundos para comenzar (tiempo que se alarga indefinidamente) y en lo que discuten sobre la innovación. ¿Habrá que hacer lo de siempre o cambiar, improvisar, avanzar? El maravilloso y pequeño espacio de Casa del Lago que alberga la puesta, consta de nulos elementos de escenografía (además del enorme y siempre presente candil del teatro): un telón dorado al fondo y tres sillas. Pero el montaje en general se apoya más en el texto y en la iluminación. Los personajes, Desdémona, Iaggo y Otelo --sacados de la tragedia de Shakespeare-- son representados por Pamela Almanza, Leonardo Zamudio y José Juan Sánchez, respectivamente. Sus actuaciones son finas y ágiles y son las que mantienen al expectante público con las ganas de saber más. Los tres actores comienzan uniformados: pantalón de mezclilla, playera blanca y zapatos negros. Cuando “es hora” de que se abra el telón y representar ante el público (en la ficción) se ponen cada quien uno o dos elementos, vestuarios sencillos pero polifacéticos, muy efectivos para el juego y la transformación constante. Una merienda de negros se presenta hasta el 21 de mayo los viernes a las 20:00 horas y los sábados y domingos a las 18:00 horas, en la Casa del Lago de la UNAM (Bosque de Chapultepec, Primera sección. CP 11850).