"Cómo aprendí a manejar", una historia de abuso sexual

lunes, 29 de mayo de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El acoso sexual se ha vuelto un tema del que cada vez se habla más en nuestra sociedad. Pero, ¿cómo es que inicia? Cómo aprendí a manejar es una obra que ganó el premio Pulitzer de teatro en 1998 --escrita por la estadunidense Paula Vogel-- y de la cual el dramaturgo mexicano Otto Minera hizo la traducción. Con el tema hoy más que nunca vigente en nuestro país, este montaje --dirigido colectivamente por la compañía Conejo con Prisa-- narra de forma invertida --de final a principio-- la historia de Cosita, una chica que sufre durante toda su adolescencia el acoso de su tío político. Lo interesante de la obra es que parece ser una relación consensuada. Sin embargo, mientras avanza la historia se puede notar cómo el hombre mayor va acorralando a la pequeña --quien se encuentra en edad de explorar su sexualidad-- hasta que ella simplemente se acostumbra al rol que cree deber jugar. Se lee en el programa de mano: “Poco a poco nos dimos cuenta de que este tema no puede entenderse a través de blancos y negros, que no sólo nos hermana el dolor y que la culpa y el placer están más emparentados de lo que queremos creer.” Los actores Sofía Espinoza, Fernanda Echevarría, Belén Aguilar y Armando Espitia se rolan a los personajes, quizá con la intención de hacer un todo. A pesar de los cambios constantes, cada uno de aquellos se encuentra tan bien definido por características claras y un par de elementos de utilería, que nunca se convierte en un recurso que estorbe al avance de la trama. “No es fácil hablar del abuso sexual, sin embargo, creemos que es necesario, y qué mejor forma que hacerlo a través de un coro”, se lee en el programa. Basta leer los periódicos o ver las noticias para saber que este caso no es exclusivo de una chica. Leemos: “La voz del personaje principal de esta obra no cuenta una historia aislada, por desgracia, es la voz de la mayoría.” Dentro de la historia se intercalan breves episodios frente al público donde los actores cuentan experiencias propias. Para exponer, quizá habría que comenzar por exponerse uno mismo. Casi toda la obra se desarrolla --como la historia misma-- en la penumbra. La iluminación está fragmentada, muchas veces estática en forma de tiras, lo cual provoca que sólo se pueda apreciar una parte de los cuerpos de los actores, dependiendo de dónde se coloquen. Hay también un juego constante con las sombras, que sugieren escenas más intensas. Más vigente que nunca, la pieza invita a salir a la luz y destapar los episodios traumáticos para entender lo que incumbe a todos como sociedad. Quizá así las víctimas tengan el coraje de alzar la voz: “La responsabilidad es compartida y la elección al final del día será pisar o no el acelerador.” Cómo aprendí a manejar se presenta los lunes y martes a las 20:00 horas en la Sala CCB del Centro Cultural del Bosque (Paseo de la Reforma y Campo Marte S/N). Hasta el 4 de julio.

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