El anillo de Barragán en el extranjero

miércoles, 14 de junio de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- A un año y nueve meses de asistir la Secretaría de Cultura de Jalisco en la extracción de cenizas del arquitecto Luis Barragán Morfín para convertirlas en un anillo por la artista estadunidense Jill Magid, aún no se sabe bien a bien quiénes permitieron abrir la tumba del Premio Pritzker de Arquitectura 1980, cuyos restos fueron “profanados” de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres el miércoles 23 de septiembre de 2015. El arquitecto Fernando González Gortázar fue el primero en alzar la voz tras enterarse del caso vía el reportaje de Alice Gregory en The New Yorker del 1 de agosto de 2016, conforme respondió a cuestión expresa de la revista Proceso (número 2076), el 14 del mismo mes: –Ante todo esto, ¿qué piensa que se debe hacer? –Primero que nada, deslindar responsabilidades. Si hay autoridades involucradas en la profanación, deben dar la cara y demostrar que actuaron de acuerdo con las leyes, los permisos que dieron, para que la opinión pública sepa la verdad. “Y si hay responsabilidades legales que fincar, que se hagan, incluyendo a la señora Magid, quien está violando una de las tradiciones mexicanas más arraigadas: el respeto a los difuntos. Los deudos de Barragán somos todos los mexicanos y, por tanto, debe devolver el anillo. Colegios de arquitectos, la Fundación Luis Barragán, secretarías de Cultura federal y estatal, el Congreso de Jalisco y la opinión pública deberían hacer algo.” Agregó que, aunque la secretaria de Cultura de Jalisco, Myriam Vachez Plagnol, presente en el acto del retiro de cenizas con Magid, considerase “poética semejante monstruosidad, no la autoriza a disponer de los restos de un artista emblemático y central del siglo XX, ni regalárselos a una particular para que haga con ellos lo que le dé la gana”. Vachez ha negado los cargos, pese a existir documentos y un video que la involucran. En diciembre de 2016, la Dirección de Asuntos Jurídicos de la UNAM determinó que “no existía riesgo jurídico alguno” para que la máxima casa de estudios presentara el anillo en la exposición Una carta siempre llega a su destino, misma que abrió en medio de escandaloso debate el 27 de abril en el Museo de Arte Contemporáneo (MUAC), Ciudad Universitaria. La exhibición con la sortija permanecerá allí hasta octubre. Ahora, ante la pregunta a González Gortázar si los arquitectos defensores del legado de Barragán se manifestarán por devolver las cenizas a la tumba original, él remitió a la solicitud intitulada “Carta sobre Luis Barragán y su legado como Patrimonio de la Nación”, que firmó la Academia Nacional de Arquitectura A. C., Capítulo Guadalajara, por el Claustro de Académicos, Claudio Sáenz David, el 21 de abril de 2017, que dice: “A raíz de la polémica surgida, por el hecho de haber tomado parte de los restos mortales del Arq. Luis Barragán, para convertirlos en un objeto de uso, en el seno del Capítulo Guadalajara de la Academia Nacional de Arquitectura, se ha realizado un debate que toca diversos aspectos. Entre ellos, el de la persona humana, los de los elementos jurídicos asociados a las prácticas funerarias, y los del patrimonio nacional. “El Capítulo Guadalajara de la Academia Nacional de Arquitectura, mediante esta comunicación, busca aportar al debate que se realiza a escala nacional, basados en las participaciones de los Académicos integrantes del claustro, a saber: Las personas que habitando en México se distinguen por su creación, son ellas mismas un patrimonio nacional, sea un artesano de los pueblos originarios, un científico de alcance mundial, un artista con vida prolífica y pasión por su vocación. “Todos ellos que merecen respeto no sólo respeto por su obra, sino como personas, tienen sin duda un lugar especial en la memoria colectiva de sus comunidades, algunos de ellos en la memoria de la nación, a la cual han aportado elementos de la construcción de la identidad hoy reconocible de México. Son ellos mismos patrimonio nacional, regional o local. “Es el caso de Luis Barragán. “Por ello lamentamos el desorden que se ha creado alrededor de su memoria y su legado. Si bien es imperativa la conservación, estudio y difusión de su obra, es necesario alzar la voz para recordar a quien corresponda que Luis Barragán, como persona, es aún más valioso que su obra; que lo que se manifiesta a través de su creación es nada menos que su espíritu, su interior creativo, su pensamiento llevado a la acción, por lo que su legado comienza con él mismo. “Se debiera tomar conciencia inequívoca, de que la conservación del patrimonio, inicia con el respeto de la persona. Por ello, solicitamos a la autoridad que corresponda, se gestione que sea depositado el objeto elaborado a partir de sus remanentes mortales, en el mismo sitio de donde fueron extraídos, previa pulverización ante fedatario de la gema artificial, para de esta manera, cerrar el ciclo, y que, a partir de un hecho cuestionable, logremos que el respeto al patrimonio, incluido el respeto a la persona creadora, contribuya a la conservación de la memoria colectiva de México y del patrimonio común. Ecos bolivianos Las discusiones en torno a la inauguración del MUAC fueron cubiertas profusamente por la propia UNAM y la prensa nacional. Incluso, la muestra de Jill Magid en México tuvo también repercusiones internacionales, como sucedió con el artículo de Hugo José Suárez, “Luis Barragán en diamante”, en El Deber de Bolivia, el pasado 21 de mayo (http://www.eldeber.com.bo/opinion/-Luis-Barragan-en-diamante-20170519-0005.html), donde el autor refiere: “Podría ser una historia macabra. Luis Barragán (1902-1988) fue uno de arquitectos más importantes de México, responsable de obras de envergadura mayor como las Torres de Satélite en la Ciudad de México o el Faro del Comercio en Monterrey. “Su reconocimiento nacional e internacional estuvo respaldado en los premios acumulados. Tras su muerte, sus restos fueron a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres (en Guadalajara) donde descansan los personajes célebres. Hasta aquí, todo normal. “Hace dos años la artista Jill Magid hace gestiones con algunos de los herederos y deciden exhumar los restos cremados del laureado arquitecto para realizar un diamante como parte de su propuesta estética y política. Y proceden. “Transitando por oscuros pasillos que permiten la interpretación jurídica a conveniencia, con el beneplácito de las autoridades acuden a la tumba de Barragán, abren el sarcófago, sacan la caja con las cenizas, extraen los 500 gramos requeridos para el diamante en una bolsa de plástico, lo pesan en una balanza electrónica, y vuelven a sellar todo como si no hubiera pasado nada. Cenizas en mano, Magid parte al extranjero a proseguir su objetivo. “¿Por qué semejante profanación? Argumentos siempre hay. Por múltiples razones propias del mercado del arte, el archivo del arquitecto le pertenece a la Barragán Foundation y está en Suiza. Se dice que la venta del anillo con el diamante permitiría devolver a México el acervo, esa sería la intención. “En abril se inauguró en el Museo de Arte Contemporáneo la exposición de Magid titulada Una carta siempre llega a su destino, donde se exhibe tanto el anillo en cuestión como un video con todos los detalles morbosos de la exhumación. En la presentación, se explica la propuesta transgresora de la artista que se caracteriza por ‘la intersección de los aspectos personales, legales y artísticos del legado cultural y examina la noción de propiedad en términos tanto del cuerpo de trabajo como del artista’. “Sobre la exposición particular en el MUAC se afirma que ‘el fin no es solo presentar el controversial conjunto de obras, sino también compartir con el público su cuestionamiento del modo en que el legado modernista ha pasado crecientemente a estar bajo el dominio privado y el corporativo en el marco del capitalismo global’. “El episodio plagado de oscuros argumentos ha generado revuelo en el mundo intelectual. Se ha cuestionado a los herederos, a las autoridades, a la UNAM, y a la propia Magid. “El domingo decidí ir al MUAC con toda mi familia. Les conté a mis hijas la historia para que estuvieran al tanto de lo que iban a ver. Pasé por cada una de las salas intentando entender o sentir la propuesta de Magid, pero cuando llegué al video y finalmente al diamante, me invadió el desconcierto. Estaba frente a los restos humanos transformados, y, con el perdón de mis lectores laicos como yo, finalmente mi herencia católica me obliga a persignarme ante los muertos. No pude y no quise ver el diamante como si visitara Tiffany en Nueva York. Estaba frente a los restos de un hombre extraordinario sometido, tras su muerte y sin su consentimiento, a los caprichos de quienes lo sucedieron. “Lo que pretende ser una crítica del ‘capitalismo global’ --de acuerdo con Magid-- provoca el efecto contrario: introduce al mercado las cenizas de Barragán permitiendo el manoseo propio de los hombres de negocios. ¿A dónde vamos a llegar si otras personas siguieran las ocurrencias de la artista? ¿Cuánto costará un anillo hecho con los restos de John Lennon o del Che? ¿Cuándo se legalizará profanar las tumbas de los célebres para someter sus restos a procesos de conversión en diamantes con un valor en el mercado? “Magid abrió las puertas muy sensibles de la condición humana respecto del tratamiento de la muerte y de los cuerpos. Y lo hizo con una irresponsabilidad peligrosa que puede conducirnos a escenarios alucinantes. Por lo pronto, lo más conveniente parece ser o morir en el anonimato, o tener asegurada la entereza de los herederos”. Ecos de Nueva York Nueve días más tarde, la periodista Alice Gregory de The New Yorker (quien dio a conocer al mundo el caso del anillo de Barragán en su reportaje de agosto de 2016), escribió asimismo acerca de la inauguración de la exhibición de Magid en el MUAC, comenzando así: “El 27 de abril, más de un centenar de gente se juntó en el auditorio subterráneo de un prestigioso museo de la Ciudad de México […] Durante casi dos horas, el público disertó cuestiones a la vez épicas y a menudo metafísicas –sobre fe, lenguaje, gusto, valor, propiedad, legado –que se debatieron con intensidad feroz. “El tema de la discusión fue un diamante –de 2.02 karates, sin corte— el cual, como cubrí el año pasado, se hizo con las cenizas comprimidas del fallecido arquitecto mexicano Luis Barragán. Creado con el permiso del gobierno local en Guadalajara, donde Barragán fue enterrado, y con la bendición de sus herederos directos, la joya fue puesta en un anillo de compromiso de plata. El anillo fue concebido como parte del proyecto de la artista conceptual americana Jill Magid, con la idea de poderlo intercambiar por el archivo profesional del arquitecto, mantenido en Suiza cerca de 25 años”. Gregory contó los pormenores de la extensa historia, para volver al relato: “No obstante, el aire en el auditorio era incómodo y la conversación a menudo fue agresiva. En diferentes momentos, el promotor cultural, un hombre llamado César Cervantes, quien es propietario de una cadena de taquerías y dueño de una casa diseñada por Barragán, criticó a Magid por no saber español, cuestionó la situación de su visado y sugirió que había sido manipulada por miembros de la familia de Barragán”. Enseguida, se refiere a la participación del catedrático e investigador universitario Enrique X. de Anda, compilador de Luis Barragán 1990. Historia de un debate, sin mencionar su nombre ni cargo en la UNAM: “El profesor de estética calvo y de lentes acusó a Magid de ‘confabulación’ y dijo que ella había ‘vulgarizado el legado de Barragán’.” Gregory descubrió a una Magid “articulada, dueña de sí y pequeña”, quien “parecía vulnerable cuando no hablaba”; pero que al final, causó “una erupción de aclamaciones”. Una vez que la discusión concluyó y que el curador Cuauhtémoc Medina incitó al público con un “pasen a ver al Minotauro”, Gregory se detiene y no va más allá en su narración. Nada de los debates que se continuaron los siguientes días y dieron mucho que hablar a profesionales, artistas y abogados en los diarios mexicanos, al menos hasta el 6 de mayo cuando el interés por la muestra decayó. En especial, elude citar las defensas que hicieron algunos arquitectos y ponentes en torno a que el archivo Barragán “se halla bien resguardado” en Suiza y que la señora italiana Federica Zanco (a quien Magid propuso el anillo supuestamente a cambio del archivo) no fue invitada a dar su opinión sobre el debate. Igualmente, no mencionó la carta del arquitecto González Gortázar al rector de la UNAM, Enrique Graue Witchers, donde le pedía su intervención para evitar “que un recinto de la Universidad Nacional Autónoma de México sirva de aval para actos que han sido repudiados por amplios sectores de nuestro país y del mundo, y que injurian la memoria de un creador con el que todos estamos en deuda”. La vasta nota The New Yorker no habla directamente de la UNAM. Gregory se enteró de que una de las herederas de Barragán, Adriana Williams, se hallaba próximo a ella una vez en el debate de apertura; pero evitó preguntarle su opinión acerca del evento, tal vez en el pensamiento de que ya había sido entrevistada por Proceso (número 2112) en su amplia cobertura, y La Jornada, periódico cuya nota final del asunto hasta entonces, el 6 de mayo, rezaba: “‘Muy escaso público’, era el comentario más socorrido en las salas del MUAC”. Radicada en San Francisco, California, Williams (creadora de Luis Barragán. Reflexiones de una vida interior) había acompañado a su amigo Barragán cuando le fue entregado el Pritzer. Cuando vio publicado el primer reportaje de Gregory en agosto de 2016, le envió una carta a The New Yorker que apareció posteriormente bajo el título de “Ídolos falsos”: Por haber sido una amiga y una colaboradora del arquitecto Luis Barragán durante más de treinta años, me llamó la atención lo que entendí del artículo de Alice Gregory en torno al proyecto de Jill Magid por reclamar el archivo Barragán de vuelta a México (“Body of Work”, 1 de agosto). Barragán era un hombre absolutamente reservado, que evitaba cualquier publicidad. El hecho de que una porción de sus cenizas sea convertida en un anillo de diamante para bodas, no sólo es vulgar sino ofensivo a la reputación del artista. Muestra una total falta de comprensión de Luis Barragán y encarcela todo aquello que él no fue. Adriana Williams, San Francisco, California (19 de septiembre de 2016).

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