'Manon”, estreno en México hecho danza

viernes, 30 de junio de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El traslado de un género artístico a otro no siempre resulta afortunado, y muchas muestras existen al respecto. Sin embargo, en contraposición, casos hay en que la migración resulta mucho más favorable al original y lo hace trascender no sólo barreras geográficas sino aun las más difíciles, que son las del tiempo. Así sucede con la Historia del caballero Des Grieux y Manon Lescaut”, del Abate Prévost que, publicada en 1728, causó furor y escándalo a tal grado que su autor debió modificarla tres veces para volverla “aceptable”. A pesar de ese éxito inicial, la novela no rompió realmente las barreras del tiempo y fueron otros géneros, la ópera en primer lugar, los que nos hicieron conocer esa truculenta historia de amor y decadencia. Esto sucedió ya en el siglo XIX cuando Jules Massenet en 1884, y Giacomo Puccini en 1893, estrenaran sus respectivas versiones de Manon que rápidamente se popularizaron. En el siglo XX el cine se encargó de difundir mucho más la historia y, en 1974, uno de los grandes coreógrafos del siglo, el inglés Kenneth MacMillan, hizo una versión preciosa para el Royal Ballet, misma que, por fin, llegó hasta nosotros a través de nuestra Compañía Nacional de Danza (CND) ahora dirigida por el muy experimentado Mario Galizzi, quien viene de dirigir el teatro de mayor prestigio de América Latina, el Colón de Buenos Aires. La música escogida fue la de Massenet, pero debe dejarse muy claro que no es una música especialmente creada por este compositor para ballet, sino que el arreglista que hizo también la orquestación, Martin Yates, tomó trozos de aquí, allá y acullá de las composiciones de Massenet, incluidas unas pequeñas partes de su ópera, por supuesto. Y fue con este material que MacMillan enmarcó su coreografía que, debe decirse también, se apega mucho al original y da perfecta cuenta de la trama aun para aquel que nunca haya oído hablar de la novela. Dividido en tres actos, el primero de ellos en dos escenas, el ballet requiere de una gran compañía para ser interpretado, y esto de gran se refiere no sólo al tamaño, a la cuestión numérica, ya que deben colocarse no menos de cincuenta personas en escena; sino también a la capacidad de montaje referido no únicamente en la calidad de los bailarines que, por supuesto, es esencial, pero además en el aspecto técnico; es decir, en la capacidad de montar toda una parafernalia escénica que para nada es sencilla y, claro, menos aún barata. Esto sin entrar a considerar a la orquesta y su director que, por sí mismos, ya significan un costo alto. En el caso de nuestra Compañía Nacional de Danza se contó con la producción escenográfica y de vestuario del Teatro Municipal de Chile, o sea, no se hizo aquí la producción, lo que ha de haber bajado los costos, pero ignoro cuál fue el acuerdo con los sudamericanos. Numéricamente no sólo participó toda la CND en pleno, sino que se contó con la colaboración de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea y la Academia de la Danza Mexicana que, entre otras instituciones, aportaron a los varios niños que deben participar en la puesta en escena. Con lo anterior estoy diciendo que nuestra CND ha alcanzado un status importante que, si bien no la sitúa junto a las mejores del mundo, sí la coloca al lado de algunas de las mejores de Latinoamérica. ¡Que bueno!

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