Felipe Ehrenberg (1943-2017): 'Conversaciones Pachecas”

miércoles, 12 de julio de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Aparece el volumen compilatorio de Carlos Martínez Rentería Conversaciones Pachecas (Voces por la despenalización cannábica en México), volumen con ilustraciones de Jis y Trino en coedición de Cáñamo, Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), revista Generación y Expendio de pulques finos “Los Insurgentes”. Este tomo de 179 páginas, prólogo de Leopoldo Rivera y presentación de Moisés López, comprende pláticas del autor con 14 intelectuales, entre los que destacan Felipe Ehrenberg, Carlos Fuentes, José Agustín, Luis Astorga, Julio Glockner, Fernando Belauzarán, Emiliano Martínez Escoto, Juan Pablo García Vallejo, Jorge Hernández Tinajero, Aram Barra y Gady Zabicky. Martínez Rentería estudió teatro en el Instituto de Arte Escénico y periodismo en la Escuela Carlos Septién García. Fue reportero cultural del periódico El Universal (de 1984 a 1995). Cofundador y director de la revista contracultural Generación (de 1988 a la fecha) y escribe la columna “Salón Palacio” en el diario La Jornada. A continuación, reproducimos fragmentos de la entrevista realizada por Carlitos Martínez Rentería (coeditor de Cáñamo-México) al recientemente fallecido pintor Felipe Ehrenberg (Ciudad de México, 27 de junio, 1943-Cuernavaca, Morelos, 15 de mayo de 2017), incluida en Conversaciones Pachecas (Voces por la despenalización cannábica en México). Historia de arte y mariguana A sus 73 años, el “neólogo” (estudioso de todo), pintor, grabador, escultor, performancero, escritor e intenso promotor cultural (fue agregado cultural de México en Brasil de 2000 a 2010), se considera “un hombre feliz que está completando su ciclo creativo. […] De gruesos bigotes, voz ronca, mirada adusta, sombrero de ala ancha (en la sala de su casa cuelga una nutrida colección de ellos), con tatuajes simulando huesos en cada uno de los dedos de sus manos, Felipe Ehrenberg parece más un buscador de tesoros al estilo Indiana Jones que un artista plástico. […] --¿Cómo fue tu experiencia juvenil con la mota? --De antemano te digo que yo fumé mariguana toda mi vida. No recuerdo bien, pero tendría yo unos 14 años y medio, quizá 15, vivía yo adelantito de Pie de la Cuesta, en Guerrero, ya me había ido de casa. “Yo nací en un pueblito que ya no existe, que se llamó Santiago de Tlacopac, entre Mixcoac y San Ángel. Desde que yo era chico recuerdo que mi mamá todavía hablaba de ir a México, incluso hasta hace poco que murió; pero a ese pueblo se lo chupó la bruja… La primera exposición formal que presenté fue a los 19 años, y ya tenía yo dos hijos.” […] --Y paralelamente a esta construcción de tu trabajo como artista, ¿la mariguana qué lugar tenía? --La mariguana era ilegal, se fumaba en parte porque era mucho más barata que el trago. A los 18 años tuve una hepatitis aguda que me encamó durante tres meses y un médico, que en paz descanse, Sergio Tovar, me dijo: “Usted nunca va a poder jamás en su vida beber un trago”, entonces pues yo crecí hierbero, no hubo ningún interés de espantar a la burguesía. --¿Recuerdas tu primer toque? --No, ni por asomo. “Tengo algunas anécdotas. En una casa en Tlalpan donde yo viví muchos años, pasaba muchísima gente ligada a los poetas de los beatniks, Margaret Randall fue tal vez de las últimas beatniks que pasaron por aquí; también conocí a Jerome Rothenberg, a Lawrence Ferlinghetti, bueno, a una serie de escritores y poetas. Yo estaba muy metido en la ciencia ficción, entonces conocí a muchos escritores que se venían a México porque era más barato, aquí podían escribir; muchos de ellos vivían en Contreras, se había pasado la voz de que había allí muchas tertulias. Era todavía una época de salones, donde la gente se reunía en casa y se fumaba mota, así de sencillo.” --Y la mariguana, ¿dónde la conseguían, qué tan complicado era? --Yo la compraba en Tlalpan, había un par de muchachos jóvenes que quemaban mariguana afuerita del mercado en la plaza, y ellos la vendían, no era cara. Luego, iban los cuates a Acapulco y se traían una dorada, alguien viajaba y se traía algo de Panamá, en fin. --Y ¿había una sensación de represión, de violencia o problemas de narcotráfico? --No, no lo había para nada y si te agarraba un policía tronándotelas en el parque, siempre se le podía pagar algo. A mí nunca me llegaron a apañar, ni siquiera andábamos muy escondidos. Ahorita yo siento que los fumadores de tabaco son más subrepticios que los que fumábamos mariguana, pero además yo fui fumador de nicotina más que de mariguana porque la nicotina la puedes fumar en la calle. “Yo no recuerdo represiones, había más represión por usar el pelo largo que por fumar mariguana, así en la vestimenta y en los cambios de modas, ahí sí hubo más represión. A mí me toca abiertamente la época de [el regente] Ernesto P. Uruchurtu, que prohibía bailar; me acuerdo de Carlos Santana y de su colega Javier Bátiz, del que sí fui más cuate y nos reuníamos en lugares donde se oía rock y fumábamos mota. Yo nunca fui rockero porque yo perdí mi virginidad con la música afroantillana. […] --Y en toda esta construcción creativa, artística, la mariguana particularmente, ¿qué presencia tuvo en ti? --Mira, la mariguana en aquellos entonces se consumía, no para espantar a nadie, sino como una opción para estimular tu vida; entonces en ese sentido ciertamente amenizaba las fiestas, se oía mejor la música, oíamos poesía con una atención diferente, pero en las fiestas que teníamos los sábados en casa en Tlalpan, venían El Gabo (Gabriel García Márquez), y su esposa La Gaba Mercedes, venía gente que no fumaba pero que chupaba, entonces la fiestecita se dividía entre los que chupaban y los que fumaban sin mayor problema, nadie se salía al jardín a fumar ni censuraban nada, así de sencillo. “La generación que me acogió era unos 10, 15 años mayor: Manuel Felguérez que fumaba tabaco pero nunca fue alcohólico, en cambio Lilia Carrillo sí, quien murió prácticamente de cirrosis. Las grandes orgías a las que venía gente como Juan Vicente Melo y Juan Soriano, eran alcohólicos y nosotros nos separábamos de ellos porque éramos un poco más jóvenes, pero no éramos alcohólicos. Yo probé mis primeros tragos poco después del sismo [1985], cuando conocí a Lourdes, hasta entonces yo no había bebido. Como te digo, las grandes, grandes orgías –que las había en departamentos de la colonia Condesa y Roma, en el Centro—con Sergio Magaña, los teatreros eran todos chupamirtos.” --¿Y cómo veían a los mariguanos? --No había problema, no recuerdo jamás un gesto de censura. Sí recuerdo alguna fiesta donde todo mundo estaba ahogándose en las tinas de agua; si rolaba un cigarrito por aquí o por allá nadie decía nada. --¿En qué momento tú recuerdas que comenzó este movimiento por la legalización de la mariguana? --Lo que hace la mano hace la tras. Los países desarrollados han buscado legalizar la mariguana desde hace 30 años, México desde hace ocho años, o sea, nos tardamos un poquito. --¿Tú en qué momento personalmente tuviste alguna participación en esto, apoyando la despenalización? --No tiene mucho, tendrá unos 15, 18 años… “Porque además la mariguana no es la droga por excelencia, la mayor parte de las semillas que se cultivan en México son semillas genéticamente modificadas en los Estados Unidos, no vale la pena el transportar mota mexicana o panameña o hawaiana o brasileña a los Estados Unidos, porque hay una competencia desleal. “Los Estados Unidos están produciendo una mota de mucha mejor calidad, mucho más depurada, mucho más clasificada, y en Europa; pues para qué mandas allá cuando les llega de todos lados, de Afganistán, parte de África, del Asia, en fin. El caso es que cuando la droga se hace un enorme negocio no es la mariguana la que sostiene al negocio, pero la publicidad está, los portavoces están. “Nancy Reagan es la que despega la guerra en contra de las drogas. Ahí, en los Estados Unidos de la época de Reagan, hubo las primeras protestas con mucho humor que decían: ‘Say no to Nancy’ [Di no a Nancy], porque ella decía: ‘Di no a las drogas’. “México, durante la Guerra Fría, dejó de ver hacia América Latina, dejó de percibirse como el hermano grande de donde salían las grandes industrias cinematográficas, la música (porque todas las grabaciones se hacían aquí), y comenzó a ser la cola del elefante, del león; la clase media se norteamericanizó y entonces, obviamente, lo que hace la mano hace la tras y la mariguana en los sectores clase medieros de México todo mundo la fuma, entonces yo creo que fue un desarrollo lógico. “La defensa de la mota hoy día para usos medicinales y recreativos es un discurso mil por ciento norteamericano que responde a las leyes en los Estados Unidos que tienen que ver con el tipo de leyes que ellos tienen, no con las que nosotros tenemos. Entonces el uso medicinal, pues a huevo, ese ya lo liberaron en Montana, en Colorado, en California, en todos los estados que antes eran México, por cierto, donde se cultiva mariguana; Arizona, Utah, Dakota, Texas, eso es medicinal y de medicinal a recreativo es un paso menor. Aquí en México son idiotas los que han defendido la mota, que no se han preparado para ser empresarios de la mariguana; ya hay, pero no son gentes que la han defendido. Es bueno que el presidente diga la palabra mariguana, para bien o para mal.” --Se puede decir que la contracultura logró que se haga cultura. --Es eso, la contracultura son momentos de la clase media, porque lo que se aquí se llama pueblo, que es la morenidad mexicana, le valió madre todo lo que sea la defensa o no de la mota. “Ayer estuvimos en Cuernavaca viendo tres casas, en una de ellas había un matorralejo enorme de preciosas plantas de mota y eran del cuidador, o sea que cuando hablamos de contracultura estamos hablando en términos comparativos de un sector de clase de la sociedad mexicana. El sector más rico nunca ha tenido ese problema, ellos han tenido acceso a los mejores brandys, a las mejores cocas, a las mejores heroínas, siempre fumó opios cuando quisieron, las guerras de los opios son claras. A los sectores más desposeídos del país les viene guango y entonces estamos hablando de un sector que es un poco mayor, un poco menor, de la clase media mexicana que varía con las ciudades grandes, pero que nada más es un pequeño sector de la sociedad.” --Es el que apuesta por la despenalización. --Pues sí; pero es un pedacito chiquito de ese sector, es decir, si lo hacen en Holanda, en España, en no sé dónde, en todos los Estados Unidos, pues entonces el gobierno federal lo va a hacer también, porque ya reacomodó todos los recursos de distribución de campos de amapola. “Ahorita el ejército mexicano ya no cuida los campos marihuaneros, cuidan todos los campos de amapola que hay en Guerrero, en Michoacán.” […] --¿Sí ves muy cercana la despenalización de la mariguana? --No, no creo. Creo que se va a dar dentro de unos 8 o 10 años, somos muy lentos, están sucediendo otras cosas mucho más peligrosas. --Pero ahorita ya se despenalizó en usos médicos. --Pero es absurdo, ¿cómo lo compruebas? Todo está hecho con las patas, todos son remiendos, todo son parches, si fueran llanta de bicicleta ya no habría hule original y estarían llenos de bolas, porque no funciona en la guerra civil que estamos atravesando ahorita, no funciona nada. “Cuando tú me dices que ya se despenalizó para usos médicos, ¿qué es lo que hago yo? Cargo yo con un certificado médico para amparar la cantidad que tenga ante un poli en la esquina, porque estás hablando con un clasemediero, pero de los más clásicos. En la práctica que es lo único que rige en México, si te agarran en algún lugar, te dan dos cachazos y te ponen contra la pared y te dicen ‘No sabes con quién te estás metiendo’, que la chingada, en ese momento si te encuentran mota, ¿qué es lo que haces? Te dicen: ‘Mira cabrón, pásate ahí dos mil varos, cinco mil y ya te dejo ir’. ¡No mames! O estamos en una situación en la que del dicho al hecho hay demasiado trecho. ¿Cuánto tiempo se tardaron en darse cuenta que el Distrito Federal ya no es un distrito? --Es muy largo el camino… --Yo ni siquiera creo que sea un camino, si tú lo ves como un camino, muy en tu derecho, pero yo ni siquiera lo veo como un camino, a mí me viene guanga cualquiera de las leyes. […] --Y en el momento en que viviste en Tepito, ¿estuviste cercano a la dinámica de las drogas? --De las drogas, no. Allá en Tepito nunca tuve problema alguno en lo más mínimo. Todo mundo fuma mota. Ni siquiera se platica su legislación, tú vas caminando por la calle, prendes tu chubi y punto y aparte. --A ver si pronto nos fumamos un churrito, esperemos que sea legal. --¿Para qué? A mí me da igual. Legal o ilegal, las cosas suceden. “Mark Twain dijo que cuando todo mundo rompe una ley es tiempo de cambiar la ley, así de sencillo, y es lo que va a suceder eventualmente; pero no estoy esperando ni deseándolo ni nada. O sea, no es una preocupación que me ocupe. Entiendo que como editor de una revista dedicada a eso, parte de la tarea de la razón de ser de un órgano de difusión de este tipo es que la legalicen y sí, les deseo suerte a los deseos de ustedes, porque los míos ya se cumplieron. (Cáñamo México número 8. Julio-agosto, 2016).

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