'El inconcebible universo” de José Gordon

martes, 18 de julio de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Hoy nos acercaremos a El inconcebible universo. Sueños de unidad (Editorial Sexto Piso Ilustrado/ Instituto Cultural de León, 235 páginas, 2017), del periodista José Pepe Gordon (Ciudad de México, 1953), con ilustraciones de Patricio Betteo (Ciudad de México, 1978). Novelista, ensayista y traductor, José Gordon fue calificado de realizar un trabajo “dignificante de los programas culturales de la televisión”, por el guatemalteco Augusto Tito Monterroso (Tegucigalpa, 21 de diciembre de 1921-Ciudad de México, 7 de febrero de 2003), autor de La oveja negra y demás fábulas (Joaquín Mortiz, 1969). Desde 2007, Gordon conduce y dirige La oveja eléctrica, sorprendente programa de ciencia y pensamiento que transmite Canal 22, “el canal cultural de México”. Premio Nacional de Periodismo 2003 en divulgación científica y cultural, su labor como divulgador del conocimiento apunta asimismo a la infancia con su libro-historieta de carácter científico “Micro”: La Oveja Eléctrica y la memoria del universo (Sexto Piso, 2013). Además, es creador y escritor de la serie Imaginantes (Fundación Cultural Televisa), ganadora en el New York Film Festival. Dicho volumen comprende glosario, bibliografía, índice onomástico, “Un túnel de papel con otras dimensiones”, y agradecimientos (los principales son, de Gordon, a “Esther, Uri, Ilana y Kive, y toda mi querida familia, por su abrazo que e impulsa a entender y cumplir el deseo de un antiguo verso: que todo el universo sea nuestra familia”; y de Patricio Betteo, “para Isabel”). Destaca la siguiente aclaración a favor de los amantes de la lectura: “Este libro explora las múltiples dimensiones de nuestro universo. Una de ellas permite un puente entre estas páginas y otros medios de comunicación. Cuando el lector encuentre un código como el que aparece en el libro, podrá explorar breves fragmentos de video que nos traerán la voz y presencia de algunos de los protagonistas de este relato, en entrevistas realizadas por el autor en Canal 22 de México. Para ello requerirá de un teléfono celular con acceso a Internet y de un programa (App) para escanear el código, que se puede descargar gratuitamente desde la tienda del sistema operativo de su equipo telefónico”. Ofrecemos ya la introducción del propio Pepe Gordon a El inconcebible universo, la cual lleva por título “Sueños de unidad: Ciencia y literatura”. Sea. Sueños de unidad En un hermoso relato infantil, el escritor David Grossman narra una conversación de un niño con su madre que lo llevará a un descubrimiento conmovedor. La madre le dice que él es único y especial: “¡No hay otro como tú en el mundo entero!”. Cuando el niño pregunta qué quiere decir eso, se da cuenta de que si no hay nadie como él, entonces está irremediablemente solo. La madre lo trata de consolar y le dice: “Estoy contigo”. El niño le responde: “Pero ¡tú no eres yo!”. La madre le explica a su hijo que, sin negar las diferencias, se pueden integrar mediante el abrazo. Ambos se acercan y sienten que el mismo latido los vincula. El niño goza la unidad. La madre le dice que para eso exactamente se inventó el abrazo. Con ese abrazo, con esa comunión, sueñan también el arte y la ciencia, con el deseo de entender, como decía el poeta Octavio Paz, si hay un nivel en donde podemos sentir que “adonde yo soy tú somos nosotros”. Eso quiere decir que más allá de la diversidad aparente a los sentidos se intuye una zona en donde todos estamos comunicados. Ése fue el sueño de Borges al hablar del Aleph, de un punto en donde convergen todos los puntos y espacios del universo. Ése también fue, mediante una expresión distinta, el sueño de Einstein: descubrir un campo unificado de todas las fuerzas de la naturaleza. El drama tanto en nuestras vidas, como en la literatura, como en la ciencia, es que cuando creemos tocar esa unidad se desvanece, parece ser tan sólo una ilusión en medio de la trágica fragmentación individual y colectiva. Este ensayo examina la evasiva, pero persistente búsqueda de la unidad en los afanes humanos, el desafiante reto de entender el inconcebible latido del universo. Cuando el sueño de Einstein parece extinguirse, la ciencia propone teorías asombrosas para mantener vivo el deseo de marcos conceptuales que lo abarquen todo. Sabemos que estamos hechos del mismo polvo de estrellas, pero los científicos quieren saber si los átomos, las galaxias y todo lo que nos rodea tiene en su base un elemento común. Así, el físico Stephen Hawking habla de la Teoría del Todo y hoy en día se plantea que todas las partículas subatómicas están hechas de diminutas cuerdas con múltiples dimensiones que permiten ir más allá de Einstein en la búsqueda de la unidad. El problema es que cuando ya pensamos que vamos por buen camino, surgen complicaciones: las hipótesis no se pueden probar experimentalmente e incluso la unidad se fragmenta. Aparecen varias teorías de cuerdas que nadie ordenó. Entonces viene otro visionario que intenta unificarlas. A pesar de los huecos, de las grietas, de evidencias aún incompletas, se descubren fabulosas correspondencias matemáticas que, efectivamente, muestran lo que las metáforas siempre han propuesto: que “esto” es “aquello”. Por ejemplo, el poeta Pablo Neruda escribe en “Oda a una estrella”: Tomé la estrella de la noche fría y suavemente la eché sobre las aguas. Y no me sorprendió que se alejara como un pez insoluble moviendo en la noche del río su cuerpo de diamante. Así, una estrella equivale a un pez con cuerpo de diamante. En ciencia, gracias a los reconocidos trabajos del físico Juan Maldacena, se plantea que un hoyo negro modelado con cuerdas minimalistas equivale a un metal superconductor. ¿Un hoyo negro es igual a un metal? ¿Cómo es posible esto? La imagen que surge de estas teorías rebasa lo que nos dicta el sentido común. En este libro nos expondremos a ideas tan novedosas y extrañas que son difíciles de metabolizar, de procesar. Surgen de investigaciones y estudios referidos e libros y revistas especializadas, de conversaciones con información de primera mano brindadas por notables protagonistas de vanguardia en el mundo de la ciencia y el pensamiento. Mediante breves capítulos nos iremos familiarizando poco a poco con estos nuevos conceptos que tienen el encanto de lo portentoso. Vale la pena. Ensanchan la mirada. Así, en la búsqueda del sueño de la unidad nos asomaremos, entre otras voces, a las de los físicos Leonard Susskind, Edward Witten y Alberto Güijosa, para sondear lo más pequeño de lo pequeño, el universo inconcebible de un mundo de cuerdas que se suponen curvadas en espacios que equivalen a una millonésima de millonésima de millonésima de millonésima de millonésima de centímetro. Acompañados del físico Gerardo Herrera y la directora del CERN [Laboratorio Europeo de Física de Partículas] Fabiola Gianotti, nos internaremos en el descubrimiento del bosón de Higgs y de un extraño líquido que aparece en el amanecer del universo. A través de la mirada del físico Sean Hartnoll, exploraremos el hallazgo de la llamada correspondencia holográfica de Maldacena y nos asombraremos con la relación matemática entre los túneles del espacio-tiempo conocidos como agujeros de gusano y el misterioso entrelazamiento cuántico que rompe las barreras de la distancia. Junto con el Premio Nobel de Física, George Smoot, revisaremos los mapas de las galaxias más lejanas que nos acercan a la frontera del origen, el Big Bang. Por otra parte, la perspectiva del físico Miguel Alcubierre nos permitirá apreciar cómo el descubrimiento de las ondas gravitacionales sondeará el futuro de los bordes del universo. Nos sorprenderemos con las geometrías imposibles de Roger Penrose y con un misterioso triángulo entre la física, las matemáticas y la neurociencia que parece estar presente en la construcción de la realidad. El experto en el cerebro Henry Markram nos adentrará en la física perceptual, en la diferencia entre la física vista con los ojos de gato o con ojos humanos. Finalmente, veremos junto con el investigador Uri Alon cómo incluso en los sistemas biológicos y ecológicos aparecen geometrías recurrentes, trazos que parecen dar unidad de estilo a la novela de la vida. El cuadro que surge, con todo y sus huecos, polémicas, controversias y deficiencias –la ciencia es provisional--, es de un carácter tan audaz e imaginativo que parece provenir de relatos literarios. Se trata de una narrativa maravillosa. De hecho, los poetas y novelistas la han intuido y descrito incluso antes de que la ciencia la conciba. Con la mirada cubista de Picasso, nos internaremos en la percepción de Einstein cuando cabalga en un rayo de luz. Veremos a un personaje de una novela de Amos Oz que trata de crear una teoría que unifica las fuerzas de la naturaleza mediante matemáticas que penetran la música de la materia. Nos encontraremos con las ideas de Octavio Paz y Salvador Elizondo sobre ecuaciones con variables poéticas para entender el universo. Nos acercaremos a José Emilio Pacheco, Isaac Bashevis Singer, Fernando del Paso, Roberto Calasso y Walt Withman para imaginar una unidad que rebasa toda frontera; y miraremos junto con Julio Cortázar cómo se percibe el mundo con el cerebro de un cronopio. Poética cuántica Algunas de estas narraciones literarias son tan vanguardistas que han hecho que algunos científicos se pregunten si la inspiración de estas obras proviene de las teorías más atrevidas de la física moderna. Cuando el físico Seth Lloyd conoció a Jorge Luis Borges, trató de averiguar si el texto El jardín de senderos que se bifurcan se basaba en lecturas de física cuántica –cuyo dominio es el mundo de partículas subatómicas-- en donde ocurren fenómenos extraños que desafían la lógica común. ¿Puede, por ejemplo, un solo electrón estar en dos partes al mismo tiempo? Esto sería equivalente, dice Lloyd, a que un balón entre a gol por un lado y el otro lado de la portería simultáneamente. Lo fantástico es que eso sucede justamente así. Esto contrasta con la vida cotidiana, en donde ante una disyuntiva tenemos que elegir entre una opción y la otra. ¿Tiramos un penalti por la izquierda o por la derecha? La decisión puede pesar. En el poema El camino no elegido, Robert Frost nos confronta con el problema que tiene un viajero frente a una bifurcación en un bosque amarillo. Siente tristeza al no poder elegir ambos senderos. En contraposición a esta idea, Borges imagina en su relato a un narrador que podía optar simultáneamente por todos los caminos a su disposición. Lo interesante es que estos principios operan dentro del mundo microscópico y se usan para desarrollar computadoras cuánticas que prometen procesar la información de manera revolucionaria. También aparecen en los mecanismos de fotosíntesis que, de acuerdo con Lloyd, son utilizados por la naturaleza para lograr un transporte de energía eficiente mediante múltiples senderos que se recorren de manera simultánea. Si este fenómeno se diera a nivel macroscópico, tal vez podríamos identificar, en 1983, una de las bifurcaciones de la vida de Borges en donde conversa con un científico en el Emmanuel College en Cambridge. El escritor argentino le dice a Lloyd que no, que él no sabía de la teoría llamada La Interpretación de Muchos Mundos de la Mecánica Cuántica. Sin embargo, comenta que no le sorprendía que las leyes de la física espejearan ideas de la literatura. Lloyd recuerda aún con emoción las palabras que le dijo Borges. Marcaron su concepción del conocimiento: lejos de lo que se puede pensar, el quehacer científico requiere una profunda imaginación. Lloyd plantea que la experiencia de hacer ciencia implica construir una narrativa: “Cuando tratas de hacer sentido de un experimento cuentas una historia. Tanto en ciencia como en literatura los buenos relatos comparten una dosis de misterio y rareza”. Para poner en juego el mecanismo de espejos sorprendentes entre estos mundos, este libro abre sus capítulos –a manera de homenaje—con el artefacto narrativo que utilizó Borges en el cuento El Aleph: si en una pequeña esfera se encuentran todas las caras del universo, entonces la haremos girar para asomarnos a las inconcebibles historias reveladas por la imaginación científica y literaria. En esas vueltas vertiginosas tal vez podamos sentir algo parecido a un abrazo en el que intuimos el latido de la unidad.