'Cómprame un revólver”, de cómo los narcos han trastocado todo

sábado, 10 de noviembre de 2018
LOS CABOS, BCS. (proceso.com.mx).- La reciente película de Julio Hernández Cordón, bajo el título Cómprame un revólver, muestra cómo los narcos mantienen a la humanidad en el apocalipsis y unos niños, que ven toda la crueldad de la violencia, son las nuevas generaciones con la carga de la esperanza. El largometraje, producido por México y Colombia, es parte de la sección Competencia Los Cabos en la 7 edición del Festival Internacional de Cine de los Cabos, y además es la primera vez que se exhibe en México. Su estreno fue en la Quincena de Realizadores del pasado Festival de Cine de Cannes. La historia se ubica en un México atemporal, donde los narcos desaparecen a las mujeres y maltratan a los infantes. Mientras, un hombre resiste la violencia por su pequeña hija, quien porta una mascara para ocultar su género. Su papá cuida el campo de béisbol donde juegan los narcos, pero un día todo sale mal y empiezan las complicaciones: se desata aún más la violencia. La madre de la pequeña se la llevó un capo. La niña mantiene amistad con tres niños que se esconden en el desierto porque saben de la brutalidad de los narcos. La atmósfera que ofrece el cineasta es apocalíptica, no hay quien pare a los narcos, y sus guerras entre ellos han acabado con todo. No hay salida. Aquí, los infantes son los ingeniosos y valientes porque buscan las salidas y caminos para sobrevivir. La hija del director, Matilde Hernández es quien protagoniza en filme. El resto del elenco lo conforman Rogelio Sosa, Sostenes Rojas, Fabiana Hernández (su otra hija), Mariano Sosa, Wallace Pereyda, Ángel Leonel Corral y Ángel Rafael Yáñez, entre otros. Proceso le pregunta a Hernández Cordón, realizador de Te prometo anarquía y Las marimbas del infierno, cuál es su sentir al reflejar la situación de la violencia en el país, desde la mirada de unos niños, y expresa: “Me apabulla un poco el tema y que sea a través de los niños, pero creo que las películas deben de entrar por lo emotivo, no por la política, para que sean mucho más desgarradoras, más potente lo que uno quiere transmitir, y trabajar con niños hace que todo mundo se ablande y se entienda la fragilidad de las personas que se encuentran en este contexto. Y deseaba plasmar ese efecto de la gente que se las ingenia para resistir, que es ilógico que puedan resistir ante tanta violencia y hacia tanta crueldad. Me gustaría pensar que las cosas pueden cambiar, pero no lo va a cambiar nuestra generación, sino las que vienen. La película fue hecha en México para la gente de México, ya era necesario compartirla en el país, donde se puede crear el diálogo más interesante”.

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