¿Malentendido? El agarrón con Octavio Paz

martes, 20 de noviembre de 2018
En marzo de 1991, con ocasión del ciclo de literatura mexicana “Las bellas extranjeras” en la Sorbona de París, con una amplia representación de nuestros escritores, surgió un debate en torno a la dependencia cultural de América Latina respecto del mundo occidental. Un texto de Octavio Paz y una digresión de Fernando del Paso dieron lugar a una singularísima polémica consignada por la corresponsal de Proceso Anne-Marie Mergier, cuya síntesis es la siguiente. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Con malos augurios concluyó la ceremonia oficial de “Las bellas extranjeras”, una serie de actos organizados por el Ministerio de Cultura de Francia para que el público galo conociese mejor “la inmensa creatividad literaria mexicana contemporánea”, el 11 de marzo de 1991, en el Anfiteatro Liard de la Sorbona de París. Según consta en el reportaje de Anne-Marie Mergier Cómo “hizo trizas” Fernando del Paso un texto de Octavio Paz en la reunión de escritores en París (Proceso, 730), todo marchaba sobre ruedas cuando la rectora Michele Gendreau-Massaloux comenzó la presentación, rindiendo un vibrante homenaje al “logrado mestizaje de la literatura mexicana”. Cuatro de los 16 escritores invitados se hallaban sentados a su lado: Fernando del Paso Morante, Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis y José Agustín. Detrás de ella: Homero Aridjis, Emilio Carballido, Elsa Cross, Vilma Fuentes, Daniel Leyva, Marco Antonio Montes de Oca, Sergio Pitol, José Luis Rivas, Guillermo Samperio, Álvaro Uribe, Juan Villoro y Eraclio Zepeda. Tras otros discursos que provocaron signos de aburrimiento a los asistentes, la ceremonia “cambió de tono” al momento en que Fernando del Paso tomó la palabra y, luego de agradecer a las autoridades francesas, el entonces cónsul general de México en Francia y autor de José Trigo, Palinuro de México y Noticias del Imperio soltó “una nota discordante en la armoniosa sinfonía franco-mexicana”, a decir de la corresponsal de Proceso: “Tradicionalmente Francia ha abierto sus puertas a los escritores, artistas y músicos de todo el mundo que llegan a París para impregnarse del aliento de universalidad que ahí encuentran. Espero, sin embargo, que los muros que han caído dentro de Europa no se transformen en muros alrededor de Europa...” Del Paso hacía referencia a la reciente caída del muro de Berlín, iniciada a partir de noviembre de 1989. Anne-Marie Mergier describió el silencio en la sala y la manera en que Del Paso rompió el encanto, expresándose “en un francés delicioso”: “Deseo que en un futuro muy próximo, los pintores, músicos y escritores jóvenes de América Latina sean recibidos en Francia y que se les permita vivir y trabajar en este país sin ser molestados por las autoridades migratorias.” El también versado locutor de la londinense BBC había captado la atención del auditorio y abordó el tema mismo del evento: “Nuestra literatura no está tan alejada de la literatura y del pensamiento europeo. Pero no es tan exótica como uno lo podría suponer, o como lo hubieran querido los instigadores del mito del llamado ‘boom de la literatura latinoamericana’. Siendo la religión y la lengua las dos armas más poderosas de la conquista del continente latinoamericano, los españoles nos hicieron depositarios de la cultura occidental. “Dicho de otra manera, como resultado principal del mestizaje, de la transculturación, hoy, y desde hace cinco siglos, el hombre latinoamericano se ha transformado en copropietario de todos los valores de la historia y de la tradición cultural judeocristiana. Eso significa que Shakespeare, Ucello, Bergson y Malher, para citar sólo algunos nombres, nos pertenecen en la misma medida y con el mismo derecho que pertenecen a los propios europeos.” Con la rectora intrigada, los organizadores un tanto rígidos y el público encantado, Del Paso no pudo refrenar sus críticas y, de pasadita, dio un raspón al Premio Nobel de Literatura 1990, anunciado justo cinco meses antes: “Ya que se me da la oportunidad de tomar la palabra en la Sorbona, quiero aclarar que a pesar de mi gran admiración por Octavio Paz, no estoy de acuerdo con el texto que se ha elegido como prefacio del folleto de presentación del evento, y sobre todo con un párrafo que dice: Gentes de la periferia, habitantes de los arrabales de la historia, nosotros los latinoamericanos somos los comensales no invitados que entramos por la puerta de servicio de Occidente, los intrusos que llegan al espectáculo de la modernidad en el momento en que las luces se van a apagar. “Yo, que de niño me nutrí con Jules Verne, Alexandre Dumas, Walter Scott, y que después alimenté mi educación sentimental con Flaubert, Marcel Proust, André Gide y William Faulkner, de ninguna manera me siento gente de la periferia, ni habitante de los arrabales de la historia, ni comensal o invitado.” Y con voz más fuerte que dio pie a una larga aclamación: “Yo no he entrado a la cultura occidental por la puerta de servicio, ni de ninguna forma me siento intruso en ella.”

Manos de tijera

A la semana siguiente, Octavio Paz respondió a Fernando del Paso, enviando una misiva intitulada “Los trozos y las trizas” al director de este semanario, Julio Scherer García, publicada en la edición del 25 de marzo de 1991 (Proceso, 751), reproducida a continuación: Querido Julio (…) He leído en Proceso la crónica en que mademoiselle Mergier relata cómo, en “su francés delicioso” (?), Fernando del Paso “hizo trizas un texto de Octavio Paz en una reunión de escritores en París”. El párrafo destrizado es un fragmento del prólogo a mi libro Postdata (1969). Los organizadores de la reunión, sin consultarme, lo reprodujeron en la invitación al encuentro. Probablemente no les pareció que fuera necesario; tampoco supusieron que esas pocas palabras podrían herir la vidriosa susceptibilidad de algunos. Se equivocaron: la reacción que involuntariamente han provocado revela que no eran ni son fantásticas ciertas descripciones de El laberinto de la soledad. Pero hay algo más... y más grave. Fernando del Paso, con ligereza que prefiero no calificar, omite citar la conclusión del párrafo ajusticiado. Dice así: “No obstante, desde el modernismo de fines de siglo, en estas tierras nuestras hostiles al pensamiento, han brotado, aquí y allá, dispersos pero sin interrupción, poetas y prosistas y artistas que son los pares de los mejores en otras partes del mundo.” Guarde sus tijeras melladas y esconda sus uñas rotas Fernando el Destrizador. Sería mejor que se comprase unos anteojos para leer lo que realmente escriben sus colegas. En cuanto a los 14 escritores mexicanos, mudos testigos del exabrupto: su actitud me recordó la comedia de Alarcón, “Las paredes oyen”... pero callan. No es la primera vez: cuando unos energúmenos me quemaron en efigie, ellos también perdieron la voz. Octavio Paz Canasta de ecos Las reacciones de los demás escritores mexicanos al acto inaugural de “Las bellas extranjeras” no se hicieron esperar, y siete de ellos dieron su versión de los hechos conforme recopiló el 1º de abril de 1991 Proceso (#752). Algunas: “Fernando del Paso para nada buscaba abrir una polémica. Él no es así. Es un hombre muy serio y trabajador, un gran novelista y no necesita ser un provocador. Es un hombre valioso de una gran cultura y de una gran cortesía. Claro, habla francés con acento mexicano y cada quien puede considerar si ese francés ‘es delicioso’. No había de qué defender a Octavio Paz. No sentí, en ningún momento, que lo atacaran, ni tiene él por qué estar a la defensiva; aunque eso demuestra que es un ser vivo que propicia y suscita también reacciones vivas. Estoy perfectamente de acuerdo con el texto del prefacio a Posdata de l969 que escogió la organización de ‘Las Bellas Extranjeras’. Estoy ligada estrechamente al libro porque trata del movimiento de l968. Incluso Paz hizo un prólogo para la edición estadunidense llamada Masacre en México”. (Elena Poniatowska) “Me extrañó el texto de Paz porque en ningún momento sentí que Fernando del Paso o cualquiera de los otros escritores invitados hubiera dicho nada en desdoro de su persona o de su obra. Al contrario… El texto de Paz del programa era un texto incompleto en la conclusión que está publicada en Corriente Alterna, y señala la misma tesis que Fernando del Paso. En cuanto a que los escritores ahí presentes somos cómplices, es una acusación con cargo doloso e injusto. No era una mesa redonda, era la ceremonia de apertura y la presidía la rectora de La Sorbona”. (Sergio Pitol) “Respecto a la ceremonia de La Sorbona debo decir que presté poca atención a los discursos porque entiendo mal el francés hablado, pero no me pareció que Del Paso fuera irrespetuoso ni agresivo hacia Octavio Paz, sino que simplemente sostenía otro punto de vista”. (Elsa Cross) “Lo que dijo Fernando Del Paso es su opinión personal sobre un párrafo específico de Posdata. Sólo él es responsable de sus palabras y los otros 14 escritores mexicanos como dice Paz, en realidad éramos 16, estuvimos ahí y pudimos estar o no de acuerdo con Del Paso; pero creo que la discrepancia de Del Paso no puede compararse con la quema en efigie de Octavio Paz, como él mismo lo afirma… Cada uno tiene el derecho de aceptar o no las expresiones de Fernando del Paso. Él tiene derecho a que le gustara o no algún pasaje de la obra de Octavio Paz. Nosotros no avalamos el acto, oímos a Fernando del Paso decir su discurso… Nosotros no firmamos ni afirmamos lo que dijo Del Paso, era su opinión personal y sólo él es responsable de ella como escritor profesional”. (Homero Aridjis) “En un acto a fin de cuentas protocolario, un escritor refutó con énfasis despersonalizado una tesis de otro escritor. De eso fui testigo, y no del ‘destrizadero’ que condujo de nuevo a Octavio Paz al territorio del regaño… Del Paso defiende, y con justicia, la existencia en México y en América Latina de lo ya señalado por Paz, poetas y prosistas y artistas que son los pares de los mejores en otras partes del mundo”. (Carlos Monsiváis)

Palabras de Del Paso

La periodista Anne-Marie Mergier había incluido en su crónica original una entrevista con el propio Fernando del Paso, sostenida el 12 de marzo de 1991 en su oficina en el Consulado General de México en Francia. –Usted se robó el show en la Sorbona… –No fue mi intención. Yo sólo quise aclarar unos puntos –contestó Del Paso, relatando que un periodista de la Agencia France Press acababa de llamarlo para preguntar si había realmente roto un libro de Paz en público. “¿Se da cuenta? Como lo dije en la Sorbona, mi admiración por Octavio Paz está fuera de dudas. Fui uno de los primeros en felicitarlo cuando obtuvo el Nobel, que merecía desde hacía quince años cuando menos. Pero eso no quiere decir que siempre esté de acuerdo con lo que escribe.” –Al parecer ese párrafo lo enojó mucho. Usted se veía indignado... –No he logrado tener el texto en español. Sólo lo tengo en francés. Los organizadores lo sacaron de un prefacio de El laberinto de la soledad que publicó Gallimard. En la Sorbona lo leí en francés. Ahora se lo comento en español, con mi propia traducción y quizás mis palabras no sean exactamente las que usó Paz. Pero de todos modos el sentido general no cambia. La parte que cité me parece un verdadero acto de auto desprecio que no admito. Me disgusta mucho que los organizadores hayan elegido precisamente este texto para presentar nuestra literatura. No tenemos por qué entrar en la Soborna con arrogancia. Pero tampoco debemos hacerlo con la cola entre las piernas. Hojeando el elegante folleto publicado por el Ministerio de Cultura de Francia, Fernando del Paso añadió: “¡Pobres de nosotros que sólo somos los habitantes de los arrabales de la historia! Eso me recuerda la frase de Alfonso Reyes: ‘Llegamos tarde al banquete de la civilización’. Reyes dijo eso porque sintió el enorme peso de los grandes logros literarios de este siglo y de los ricos movimientos artísticos que se generaron en Europa: el dadaísmo, el surrealismo, el cubismo. Tuvo la impresión de que todo había sido hecho y que llegábamos tarde. Pero es absolutamente falso. Los jóvenes europeos, que hoy empiezan a escribir, sienten también que todo ha sido dicho y hecho ya. “Además, pesa sobre sus hombros toda la herencia de la literatura latinoamericana: la obra de Borges, Cortázar, García Márquez, Octavio Paz, y otros muchos. No hemos llegado tarde a ninguna parte. ¡Basta de autoflagelación! Tuvimos todos una educación europeizante y por lo tanto nos considero como parte de esta civilización occidental.” Se le demandó si también se definiría un escritor copartícipe de esa civilización, y Del Paso replicó: “Absolutamente… Ahora bien, soy de un país donde el mestizaje fue sangriento, pero especialmente rico. No niego eso. Por el contrario, como Carlos Fuentes, considero que tenemos la suerte de disponer al mismo tiempo de la Biblia y del Popol Vuh. Tanto mejor”. –¿Cómo explica que Octavio Paz haya escrito eso? –No me lo explico. Sobre todo porque ese párrafo está en contradicción total con otros que también encontré en El laberinto de la soledad. –Esa contradicción debe tener alguna explicación –acotó Mergier. –Seguramente, pero… Yo no se la puedo dar –finalizó Del Paso. Este texto se publicó el 18 de noviembre de 2018 en la edición 2194 de la revista Proceso.

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