En Colima, distinguen aportes literarios de Jaime Labastida

miércoles, 21 de noviembre de 2018
COLIMA, Col. (apro).- Con una trayectoria de seis décadas como escritor, el poeta Jaime Labastida recibió el reconocimiento “Juan José Arreola al mérito literario”, que otorgan la Fundación Cultural Puertabierta A.C., la Secretaría de Cultura del Gobierno del estado y la Universidad de Colima, en el marco del Festival Internacional de la Palabra que se realiza en esta ciudad. Durante la ceremonia, realizada en el teatro Hidalgo, el homenajeado —quien es también filósofo, periodista y ensayista— se definió de la siguiente manera en el campo de la escritura: “He oscilado entre poesía y filosofía, entre poema y ensayo, entre la emoción y el pensamiento. En los dos oficios, sin embargo, me he impuesto la misma tarea, escribir al menos bien por una parte, pero hacer filosofía rigurosa por la otra; los dos oficios me proporcionan placer sin término”. Confesó: “Escribo por necesidad interior, acosado por un deber que me nace con entera libertad, sin esperar recompensa alguna por mi trabajo. Si llega a suceder, como sucede ahora, que se le preste atención a mi trabajo y se le considere digno de ser reconocido, se añade a él una alegría inesperada”. En el acto de entrega del reconocimiento participaron el secretario de Cultura, Carlos Alberto Ramírez Vuelvas; el director de la Fundación Puertabierta, Salvador Silva Padilla; la directora del Seminario de Cultura Mexicana capítulo Colima, Ada Aurora Sánchez Peña; y el secretario de Educación, Jaime Flores Merlo. En sus palabras de agradecimiento, Labastida —nacido en 1939 en Los Mochis, Sinaloa— recordó los inicios de su carrera pública como escritor cuando en 1958 su maestro y amigo Agustí Bartra le publicó en el periódico Novedades un fragmento de su poema “Estaciones de un pueblo” y dos años después apareció el libro colectivo La Espiga Amotinada, que dio nombre a su generación literaria. Jaime Labastida dedicó la mayor parte de su discurso a la figura de Juan José Arreola, a quien calificó como, “uno de los más altos escritores de nuestro país”, cuya prosa “por su poder verbal y el ritmo que la caracteriza, por la belleza de sus imágenes, por la gracia que le impregna, por la elegancia y la fluidez de su construcción… (se) acerca a los dominios de la poesía”. Así también, recordó la ocasión en que le advirtió al escritor jalisciense que su participación en programas televisivos le restarían tiempo para la creación literaria. “Arreola había sido atrapado por la televisión, nos encontramos de súbito en algún corredor de la facultad donde ambos impartíamos cátedra. Le dije que esa actividad lo alejaría de la escritura. Desde luego yo carecía de toda autoridad para hacerle la más mínima observación, ya no digamos un reproche, pero él sin mostrar el menor enojo me respondió que no sería así, que no perdía tiempo preparando el trabajo, que frente al micrófono y la cámara hablaba de manera automática”. A juicio de Labastida, la argumentación de Arreola revelaba “su gran capacidad verbal, sus vastos y profundos conocimientos, su audacia para profundizar sobre los más diversos temas; por desgracia, sin embargo, abandonó la escritura”. Contó el poeta que como todos los escritores de su generación leyó los libros Confabulario y Varia Invención apenas fueron publicados en el decenio de los años 50. “De inmediato advertí que se trataba de una nueva forma de escritura, alejada de los temas recurrentes a que nos había orillado la novela de la revolución, como el campo, la violencia y la denuncia social; los relatos de Arreola, por el contrario, ponían el acento en el goce mismo de las palabras y en el disfrute de la imaginación”. Rememoró también que años más tarde se convirtieron en amigos él y Arreola, quien incursionó también en el oficio de editor, con la publicación de libros “gratos al tacto y al olfato… lleno de pericia, atento a su trabajo artesanal”, inicialmente con la colección Cuadernos del Unicornio. Con estudios de tercer grado de primaria, Arreola “se enorgullecía de ser un autodidacta, un hombre que se había formado a sí mismo; confesó que había sido un niño ávido en primer lugar de amor, ávido de conocimientos, que tuvo la ventaja que muy pocos hombres tienen: la de no haber leído ni aprendido nada por obligación; por esa causa dijo que todas las cosas las había aprendido por amor”. Prosiguió Labastida sus comentarios sobre Juan José Arreola: “También dijo que no hay novedad ni reforma si no nos convertimos en verdaderos autodidactas y que la universidad exigía en nosotros una voluntad precisamente de autodidactas. Yo creo que tiene razón. La universidad proporciona si acaso un método, un inicio de rigor, pero debe dotarnos de la capacidad para, al salir de ella, emprender un camino lleno de obstáculos que hemos de salvar por nosotros mismos”. “Nadie recibe el título de poeta, ni de científico, ni de creador en las universidades, sino apenas técnico en alguna materia. La innovación y la creatividad son fruto del esfuerzo propio y eso lo poseía en grado superlativo Juan José Arreola”, puntualizó el poeta sinaloense. En el acto de entrega del reconocimiento, el secretario de Cultura, Carlos Ramírez, indicó que Jaime Labastida ha escrito una profunda y profusa obra intelectual a partir de una reflexión rigurosa, la compleja relación entre la palabra y el silencio”. Dijo que hay “una voluntad del lenguaje por trascender al silencio” en la obra del escritor, a quien ubicó como “un intelectual comprometido con la transformación de sus circunstancias, construyendo instituciones para que la cultura mexicana abreve de su presencia ya diluida e indisoluble a lo largo del tiempo”. De acuerdo con Ramírez Vuelvas, el reconocimiento a Labastida es “merecidísimo” porque “sus palabras y sus letras son un homenaje a nuestra literatura y a nuestra cultura, escrita y construida con el español más pulido y esplendoroso”. Por su parte, el director de la Fundación Puertabierta, Salvador Silva, comentó que “aunque es una frase gastada, hoy es más cierto que nunca decir que hay reconocimientos que honran a quienes lo entregan más que a quienes lo reciben; éste es un claro ejemplo de ello”. Estimó que Jaime Labastida “es sin lugar a dudas una figura central de la literatura, uno de los poetas mayores de nuestro tiempo”, además de que “no sólo es un promotor infatigable del arte y la cultura de México, él mismo por su labor se ha convertido en un referente fundamental para conocer y entender en consecuencia el arte, la historia y el presente de nuestro país”. En tanto, la titular del Seminario de Cultura Mexicana en Colima, Ada Aurora Sánchez, expuso una semblanza de Labastida, cuyos versos, “de hondura filosófica, se distinguen por su musical elegancia, por asomarse al desgarre de la existencia, a la lenta muerte que se hace en nosotros todos los días, pero también por atisbar las formas del amor, la amistad y la persistencia en el lenguaje, la pareja o el espacio que se habita”. Dijo que su poesía es “para releerse una, dos, tres veces o más; para gozarse con el oído, en voz alta o en silencio; para entender que la palabra artística puede ser una forma de increpar el mundo, de sacudirlo, de espetarle sus inconsistencias o al menos de convertirlo en un reducto de preguntas”. Sánchez Peña indicó que “pese a su prolífica trayectoria literaria y editorial, Jaime Labastida ha sabido encontrar el reposo, el tiempo ideal para madurar su poesía, por ello media entre un libro suyo y otro, tratándose de versos, varios años, y es que el fruto poético, alimentado con la savia de los trabajos y los días, las lecturas y los viajes, el asombro y la consternación, requiere como señala el poeta, atender la mano que dicta, ciega, cuanto ha de borrarse”.  

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