Con placa, refrendan la declaratoria de la 'ceremonia ritual de los voladores de Papantla”

viernes, 21 de diciembre de 2018
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Con una placa colocada en la Plaza de la Media Luna de la Zona Arqueológica “El Tajín” (Ciudad del Trueno), en Veracruz, se refrendó la declaratoria de la UNESCO de la “Ceremonia ritual de los voladores”, que data de 2009, como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. En su idioma natal (totonaco), Rogaciano Ramos Jiménez, maestro abuelo volador, expresó este día ante diversas autoridades locales y estatales, entre ellas el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez; Salomón Bazbaz Lapidus, director de la Cumbre Tajín; Aída Castilleja González y Olaf Jaime Riverón, secretaria técnica y titular de la Zona Arqueológica “El Tajín”, respectivamente, en representación de Diego Prieto, director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), lo siguiente: “El origen de lo que somos nos forja en la vida, nos posiciona, son aspectos que se deben entender para que tenga sentido el valor patrimonial de nuestra danza. Ser portador significa conocer el valor del patrimonio que le da sentido a nuestra danza, por eso, no sólo es saber hacer el ritual, sino incorporar los principios de vida y origen en nuestra vida cotidiana”, se lee en un comunicado. Así, el maestro-volador manifestó lo que para él y sus compañeros voladores significa el ritual para pedir la lluvia y agradecer la salud, por lo cual esta tradición se debe promover, difundir, ya que de ésta deriva el bienestar de sus familias, sus pueblos y su cultura. Declarada como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, el 30 de septiembre de 2009, la “Ceremonia ritual de los voladores” es un rito de la época prehispánica asociado a la fertilidad, que expresa principios y valores fundamentales de la cosmovisión indígena totonaca durante los periodos de sequía y hambruna, los sabios ancianos enviaban mensajeros-sacerdotes (los voladores) para brindar ofrendas a los dioses y pedirles la lluvia que fecundaría la tierra. Además de los totonacas, los nahuas, otomíes y mayas quichés, entre otros, realizan la danza del volador con variaciones. El vuelo es la parte final de la ceremonia, que se inicia desde la vestimenta (muchas veces elaborada por los mismos voladores) y una preparación espiritual previa, que requiere de alguien que se juega la vida. El proceso incluye la búsqueda del palo sagrado, su corte, arrastre y levantamiento, la danza previa, la petición de perdón al bosque y el montaje de un altar. Todo el acto, de unos 20 minutos de duración, siempre va acompañado de música de flauta y tamborcillo ejecutada por un “volador” que desde la punta del tronco danza parado invocando a la lluvia. También como actividad posterior a la develación de la placa, se presentó el libro Mujeres de humo. Recetario de la cocina espiritual totonaca, n el Parque Takilhsukut, sede de la Cumbre Tajín. El volumen es una compilación de diversas historias de las mujeres totonacas que han hecho de la cocina no sólo el lugar de preparación de alimentos, sino un espacio que nutre con su sabiduría, el alma y el corazón de los veracruzanos.

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