Reconstruyendo en 3D el Recinto Sagrado de Tenochtitlán

jueves, 1 de marzo de 2018
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La tecnología no sólo devela un futuro cercano, también brinda la claridad del pasado. En un país como el nuestro, con una historia prehispánica tan rica, ha servido para la reconstrucción en tercera dimensión (3D) de diversos altares y plataformas, de manera reciente del Recinto Sagrado de Tenochtitlán. Sobre el tema, y en el marco del ciclo de conferencias relacionadas a la exposición Revolución y estabilidad --con la que el Museo del Templo Mayor conmemora 30 años de su apertura y 40 años del Proyecto Templo Mayor y abierta hasta el 18 de julio de este año--, el arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez, responsable del equipo de salvamento arqueológico en las siete manzanas (500 metros por lado) circundantes al templo en el Centro Histórico, explicó que la tecnología ha permitido precisión de ubicación y características de estructuras de diversos edificios, pero falta todavía mucho trabajo por hacer. El Huei Tzompantli, el Templo de Ehécatl-Quetzalcóatl y el Calmécac que conforman el Recinto Sagrado, se han ido reconstruyendo tras los trabajos realizados por el Programa de Arqueología Urbana (PAU) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), pero en realidad son pocos los edificios de los que se conocen sus dimensiones totales: Hasta ahora de algunas edificaciones del Templo Mayor y una serie de altares que se encuentran a su alrededor: la Casa de las Águilas, el Templo del Sol (ubicado bajo la Catedral Metropolitana), el Juego de Pelota (ubicado en la parte posterior de la catedral, sobre Guatemala y algunos predios de la misma calle), el Cuauhxicalco y el Templo de Tezcatlipoca en el edificio del Arzobispado. Pero hay otros de los que se tiene poco conocimiento todavía: “De estructuras como el Templo de Ehécatl y el Huei Tzompantli, recientemente se ha confirmado su existencia, sin conocerse aún sus dimensiones reales. Restos de este último se localizan en un predio de la calle Guatemala, donde entre 2016 y 2017 fue posible corroborar que se trata del muro de cráneos citado por los cronistas conquistadores, como Andrés de Tapia”, se lee en información del INAH. A raíz del 3D se han identificado varias etapas constructivas del Huei Tzompantli --una plataforma de aproximadamente 34 metros de longitud por 14 metros de ancho, medidas retomadas para reconstrucción tridimensional-- que datan de los años 1486 y 1521, como el piso de estuco de la penúltima etapa (Etapa VI, 1486-1502) en el que se aprecian aún los orificios circulares que sirvieron para hincar los postes de madera para soportar las varas en donde eran colocados los cráneos de los individuos sacrificados. En el caso del Templo de Ehécatl, aún no se ha definido su extensión este-oeste, porque parte de su fachada principal se ubica en los edificios aledaños a la calle Guatemala 16; sólo se sabe que estaba alineado con el adoratorio de Tláloc en el Templo Mayor y que consta de una plataforma rectangular de dos cuerpos de aproximadamente 34 metros de norte a sur, con adosamiento circular en la parte posterior de 18 metros de diámetro. Sobre qué se debe hacer en el tema de las reconstrucciones y la tecnología, el propio INAH responde a través del arqueólogo Raúl Barrera: “Seguir investigando y protegiendo ese patrimonio; y, en los casos conducentes, dejar al descubierto las estructuras prehispánicas excavadas…”. Así que de la misma manera que el Templo Mayor se ha ampliado en los últimos años --con la nueva Plaza Manuel Gamio y vestíbulo del templo, el mirador arqueológico del área de Cuauhxicalco, y las ventanas arqueológicas en la esquina de las calles de Argentina y Donceles--, se promete que seguirá emergiendo. ap/tm

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