Familia de Pitol preparaba homenaje por sus 85 años; será velado en Xalapa

jueves, 12 de abril de 2018
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El pasado 18 de marzo, el escritor, traductor y ensayista Sergio Pitol cumplió 85 años. Y desde diciembre del 2016, su sobrina, la joven pintora Laura Demeneghi (hija de su primo Luis, con quien el ensayista vivió de niño porque a los cuatro años quedó huérfano de padre y madre), lo cuidó porque ya no podía valerse por sí mismo. Demeneghi llegó ayer a la Ciudad de México. No se había apartado de su tío desde ese diciembre del 2016. Su objetivo aquí, debido a que se le acercó el Instituto Veracruzano de la Cultura para rendirle homenaje al narrador por el aniversario 85, era preparar varios actos y hacer contactos. Tenía programada una reunión con la editorial Era y el escritor Juan Villoro. En ese breve lapso, su padre y madre se quedaron con el autor de La vida conyugal. Ella relata en entrevista: “Desde la madrugada se puso muy mal. Le empezó a fallar el corazón. No pudo respirar. Llamaron a la ambulancia. Se estabilizó alrededor de la ocho de la mañana, luego se volvió a poner mal y dejó de respirar a las nueve. Se le pararon todos los signos vitales”. El autor será velado en la funeraria Bosques del Recuerdo en Xalapa, según la entrevistada “y mañana mi papá lo quiere cremar”. Explica: “Me habló la Secretaria de Cultura, María Cristina García Cepeda, y me preguntó si queríamos efectuar un homenaje con la institución, pero aún no sé qué vaya a decidir mi papá”. El creador de los libros de cuentos Cementerios de tordos y Un largo viaje padecía Afasia, mal parecido al Alzheimer, que imposibilita al paciente para ser independiente. Desde septiembre del 2017 el padre de Demeneghi obtuvo la custodia del escritor. Sin embargo, la entrevistada revela: “Pero la Universidad Veracruzana nunca aceptó el cargo de mi papá, nunca le quiso pagar las regalías a mi tío, sólo reconoció el cargo de Adelina Trujillo y la doctora Eos López Romero. De hecho, la próxima semana íbamos a tener cosas relacionadas con todo esto para que la jueza de lo familiar conminara a la Universidad a pagarle a mi tío por medio de mi papá. Ha sido una batalla tremenda con la Universidad Veracruzana”. Las demandas interpuestas por la familia de Pitol seguirán su curso, dice. “También la próxima semana se iba a ofrecer como testigos a los doctores que revisaron a mi tío a partir del 2016, ya que denuncié el mal estado en que lo había encontrado”. En julio de 2017, esta reportera recibió la invitación a la casa de Pitol en Xalapa. Entonces, aunque el escritor ya no hablaba, estaba en buen estado, luego de haber estado muy mal, como lo relató su sobrina. La crónica fue publicada en Proceso del 23 de julio del 2017: “El maestro estaba con una enfermera que la doctora Eos López Romero (directora de Asistencia e Integración Social del Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia, DIF, de Xalapa, Veracruz) contrató porque el 16 de diciembre de ese año se fueron las personas que estaban antes, su chofer y las enfermeras. Lo dejaron en su cama con llagas en su cadera y talones y no podía mover los brazos ni las piernas. Todo el tiempo estaba dormido. “Nosotros lo empezamos a animar, a sentarlo, a darle de comer en el reposét”, expresa Rafael, uno de sus nuevos cuidadores. Entonces, la sobrina manifestó que a Pitol lo tenían secuestrado desde 2015 su chofer Perdomo Mendoza, Vincent Ortega, Corral Peña, junto con Rodolfo Mendoza Rosendo -entonces director del Instituto Veracruzano de Cultura (Ivec), ahora director general de Difusión Cultural de la Universidad Veracruzana-. En 2015 y 2017, Mendoza Rosendo negó a Proceso la comisión del secuestro.

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