Nuestros festivales en la Costa Azul

lunes, 30 de abril de 2018
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Los festivales de cine de México ya ocupan un lugar importante en el Festival de Cannes donde impulsan el séptimo arte nacional, sobre todo el creado por las nuevas generaciones. A partir del 2005, el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) aporta a la Semana de la Crítica de este encuentro en la Riviera Francesa, fuera de competencia, cortometrajes de su selección oficial.  En este año es la 56 Semana de la Crítica y la 15 edición del FICM van: Aguas tranquilas aguas profundas, de Miguel Labastida González, en donde el universo místico de la religión y el mundo de la psiquiatría se confunden en la realidad de Aurora tras intentar suicidarse; Lo que no se dice bajo el sol, de Eduardo Esquivel, que trata de la vida de Ana la cual cambia radicalmente luego de una separación a sus cuarenta años cuando cada vez le será más difícil seguir aparentando frente a su familia que todo está bien; Vuelve a mí, de Daniel Nájera Betancourt, narra cuando los hermanos Rosita y Josué llegan a Chihuahua, lugar en que la vida de ella cambia, y Tierra de brujas, mar de sirenas, de Delia Luna Couturier, ubicado en Xochimilco, espacio donde se mueven seres propios de leyendas e historias pasadas. El Festival Internacional de Cine de Los Cabos llega con cuatro propuestas:  Bayoneta, ficción de Kyzza Terrazas que producen Rafael Ley, María José Córdova, Gerardo Gatica, Stacy Perskie, Rodrigo S. González y Johanna Enäsuo, en torno a Miguel Bayoneta Galíndez, un boxeador mexicano retirado y autoexiliado en la lejana Finlandia, quien tendrá que probarse como un luchador una vez más para redimir su pasado.  #Mickey, documental de Betzabé García (cuya ópera prima es Los reyes del pueblo que no existe) que producen Indira Cato (Llévate mis amores) y Mauro Mueller. Nacido en tierras de cárteles y reinas de carnaval, Mickey encontró en las redes sociales un medio para explorar su identidad de género y superar la profunda homofobia de su entorno.  En Finding the Werewolf, de Rodrigo Iturralde Álvarez y Georgina González Rodríguez quien produce, Larry, un hombre con apariencia de hombre lobo que nunca ha sentido la necesidad de esconderse y ha luchado por empoderar a los que se sienten diferentes, ahora tiene que pasar inadvertido por las redadas antimigrantes de la era Trump. Y Un disfraz para Nicolás, de Eduardo Rivero, que produce Miguel Ángel Uriegas y Jaime Romandía, Nicolás es un niño de 10 años con síndrome de down, quien para salvar a su primo utiliza como arma su colección de disfraces. El Festival Internacional de Cine en Guadalajara participa con Cuando cierro los ojos, documental de Michelle Ibaven y Sergio Blanco. Se trata de Adela y Marcelino, los que comparten un aislamiento común entre un gran número de internos procesados sin intérprete de su idioma natal; también la ficción Ok, está bien, de Gabriela Ivette Sandoval, centrada en Mariano, un tipo gordo, egresado de la carrera de guión y quien ya casi a los 39 años vive con su mamá, aunque su universo se derrumba cundo un primo de 15 años, opuesto a él, llega a su casa.    Este texto se publicó el 29 de abril de 2018 en la edición 2165 de la revista Proceso.