De la Capilla Riveriana al grafiti, arte mural que no se detiene

lunes, 13 de agosto de 2018
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Maestra en historia del arte por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Guillermina Guadarrama cumplió una cita más en su trayectoria de investigación del muralismo mexicano al celebrar el Tercer Foro de Muralismo La teoría y la práctica, en el Aula Magna José Vasconcelos del Centro Nacional de las Artes. Los pasados jueves 9 y viernes 10 de agosto, la estudiosa del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de las Artes Plásticas (Cenidiap) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), convocó a un nutrido grupo de artistas e investigadores del país. El encuentro no pudo ser internacional, se aclaró durante el acto inaugural, por falta de presupuesto. Sorprende la ausencia de impulso, porque el muralismo mexicano nos representa en todo el mundo y dejó huellas en varios países. En un texto breve de presentación, la también autora de los libros Los murales en los centros educativos, Escenas de la Independencia y la Revolución, y La ruta de Siqueiros, etapas sobre su obra mural, Guadarrama lo explicó de esta manera: “Muralismo, producciones murales o intervenciones sobre muro son diversas denominaciones para la línea artística más conocida de México, que convirtió a nuestro país, en los años veinte del siglo pasado, en el centro del arte del continente americano. En ese entonces, y durante décadas sucesivas, artistas de diferentes países viajaron al nuestro para aprender las técnicas que se estaban aplicando en la realización de los murales, con lo que el muralismo mexicano se convirtió en un modelo que repercutió en las creaciones de numerosos artistas plásticos. “Hoy el muralismo renueva bríos en diversas modalidades y bajo diferentes nombres: arte urbano, grafiti, arte público, street art o arte callejero; o bien caligrafiti, mural popular, mural comunitario o colaborativo. Sus artífices también se han diversificado: exgrafiteros, autodidactas, diseñadores, arquitectos, antropólogos e incluso etnólogos convertidos en muralistas por vocación y sólo algunos con formación en artes visuales. Todos ellos intervienen bardas, muros laterales y frontales de edificios, lo que rememora la propuesta que hiciera David Alfaro Siqueiros en 1932. “El mural es una manera de relacionar el arte con lo público porque llega a un público más amplio que otro tipo de expresiones artísticas. El mural despierta reflexiones, toca fibras que quizás no emitan otros discursos plásticos, busca transformar espacios, entornos y contextos, al tiempo que se compromete con lo social”. Aprendiz de muralista La participación en el foro fue diversa, desde los maestros herederos de aquel muralismo de la Escuela Mexicana de Pintura, de los años 20 del siglo pasado, como Antonio González Orozco, hasta los representantes del mural comunitario y popular, que se expresan en las paredes con pintura de aerosol y otros materiales de bajo costo. Con 84 años, el discípulo de Diego Rivera, considerado el “último muralista”, autor de obras como Entrada triunfal de Benito Juárez al Palacio Nacional acompañado de su gabinete, realizada en 1967 en el Castillo de Chapultepec, González Orozco (quien está dando una batalla por su legado como publicó Proceso el pasado 10 de febrero), habló con voz pausada, pero firme de sus proyectos, los que llevo a cabo y algunos que se quedaron “en el papel, para el archivo” o de plano se fueron a la basura. Inició así el maestro: “Es lamentable que algunas personas piensen que el artista vive del aire, pero lo realmente increíble y muy deplorable es la ignorancia de la burocracia de la cultura y su desinterés por lo que debería ser una de sus funciones primordiales. Hago votos porque en un futuro cercano haya cambios sustanciales indispensables a este respecto”. Luego, habló de sus inicios como muralista, en la década de los 50 del siglo XX, como auxiliar de su maestro Leandro Carrión Nájera, en la estación del Ferrocarril de su ciudad natal Chihuahua, donde la emoción de verse en un andamio detonó su interés por esta forma de expresión. En 1954, ya en la Academia de San Carlos en la Ciudad de México, participó en los cursos de Rivera, de quien le interesó de manera especial “su sistema de composición de varios horizontes y puntos de fuga, que luego continuaría Juan O’Gorman” (arquitecto y pintor de la Biblioteca Central de Ciudad Universitaria). Dijo que Rivera lo había empleado en Palacio Nacional, y luego en lo que calificó como la “obra cumbre” del muralista, la Capilla Riveriana en la Universidad de Chapingo. Y contó una anécdota sobre el pintor nacido en Guanajuato en 1886, quien falleció en la Ciudad de México el 24 de noviembre de 1957. Ese año, dijo, “acompañamos al maestro en su última morada en la Rotonda de los Hombres Ilustres del Panteón de Dolores, ahora llamada de Las Personas Ilustres. En lo más solemne del acto, un conocido oportunista (no reveló el nombre), sorpresivamente desplazó al compañero que iba a la cabeza del cortejo, sólo para que le tomaran la foto, simulando que cargaba el ataúd de Diego, a quien tanto había vituperado en vida”. “Pacificarte” En contraste con el maestro González Orozco, intervino también el joven artista Víctor Alfredo Morales Zapata Go Os, muralista y psicólogo, quien habló de su proyecto InSite Gráfico “Pacificarte”, llevado a cabo en escuelas primarias, secundarias y preparatorias de Aguascalientes y San Luis Potosí, en donde trabaja murales comunitarios o colectivos con el propósito de disminuir la violencia entre los jóvenes, creándoles conciencia de sus impactos e implicaciones. Según explicó, realiza los proyectos con pintura acrílica y aerosol, puesto que trabaja con comunidades en zonas de alto riesgo, y los jóvenes están más cercanos a ese tipo de materiales. Difícilmente podrían trabajar con oleo. Explicó que su método es agrupar a unos 10 jóvenes para elaborar grafitis en colonias, donde esta forma de expresión ha llegado a ser considerada como “violencia gráfica”. Su idea es entonces crear con ellos nuevas propuestas y lenguajes. Primero asiste con los grupos a impartir conferencias sobre el tema de la violencia y problemas como el “bullying”, y la última conferencia de tres, es sobre cómo el arte puede transformar la violencia a un sentido de paz. Luego comienzan a trabajar sobre un proyecto pictórico, los jóvenes aportan dibujos y se va construyendo una obra mural colectiva. Al clausurar el encuentro, Guadarrama celebró que fuese un dialogo enriquecedor entre todos los participantes. Reconoció que el grafiti todavía genera mucha discusión, pero el foro ha sido abierto a todas las expresiones de arte en los muros y busca aportar en el propósito de repensar sobre las categorías. Concluyó que la expresión muralística sigue vigente y renovándose con esa expresión y las nuevas tecnologías.

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