Homenaje a Rosario Castellanos

viernes, 11 de octubre de 2019
Para Estela Franco CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En la ciudad de Mérida se recordó  a Rosario Castellanos en el 5º Encuentro La Mujer en la Escena Teatral Latinoamericana, efectuado los días 24, 25 y 26 de septiembre. A 45 años de su muerte, Rosario Castellanos es uno de los pilares fundamentales dentro de nuestra literatura mexicana. Ella, sobresaliente en la novela, la poesía, el ensayo y el periodismo, también incursionó en el teatro como escritora y desarrolló el proyecto Teatro Petul en las comunidades indígenas de los Altos de Chiapas, que poco se conoce (si bien en marzo de 1994 la historia fue consignada por Susana Cato en Proceso, 905). Rosario Castellanos formó parte del equipo que llevó a cabo un plan piloto en 1954 para que, a través de los títeres, las comunidades tuvieran acceso a la cultura y a información básica de educación y salud, además de visibilizar problemas comunitarios para el desarrollo. El Instituto Nacional Indigenista los convocó y Rosario Castellanos se encargó de escribir los textos teatrales que representarían indígenas tzotziles y tzeltales en su lengua con títeres que el equipo elaboraba, coordinados por Marco Antonio Montero, titiritero alumno de Seki Sano. La escritora cuenta en un artículo que publicó en la Revista de la Universidad que iban a caballo a las comunidades, y que, ayudada de un intérprete, conversaba con los indígenas que manipulan los títeres para transmitirles los diálogos, los temas y las situaciones que ella planteaba a partir de dos personajes: Petul (Pedro) que contactaba con la comunidad con conversaciones personales y transmitía información sobre transmisión de enfermedades, cuidados maternos, desarrollo comunitario, etc; y Xun (Juan), que era el que representaba la oposición, la idiosincrasia de los indígenas y la resistencia al cambio. Este semanario reportó en agosto de 2004 que la actriz María Rojo donó documentos y manuscritos del teatro Guiñol Indigenista y dos petules al Museo Nacional del Títere de Huamantla, Tlaxcala, que habían pertenecido a su marido, Marco Antonio Montero; en el Museo de Rosario Castellanos, en Comitán, apenas se conserva un escrito, como lo comenta Rosa Hortensia, de Escudo Jaguar Teatro, la cual realizó una obra sobre Rosario Castellanos. Esta herencia todavía se sigue realizando en Chiapas con diferentes grupos, como los titiriteros de Cocuyo Teatro y el teatro de sombras de Chipotle Teatro, entre otros. Llevar teatro a lugares recónditos confirma el valor del arte para transmitir mensajes que ayuden a las comunidades y como una forma maravillosa de disfrutar la vida. En la dramaturgia, Rosario Castellanos escribió solo dos obras al inicio y al final de su carrera: Tablero para damas o la guerra de las féminas, en 1952, y El eterno femenino, en 1974, cuando vivía en Israel como embajadora. En su momento, Tablero para damas… se publicó en la Revista de América, pero estuvo oculta casi 30 años porque varias escritoras se sintieron aludidas y se molestaron por el sarcasmo que ella utilizaba. Laura Guerrero cuenta que hasta le llegaron con pistola en mano. El encuentro de Mérida fue organizado por El Globo Arte y Cultura encabezado por Ani Varguéz, como parte del Festival Wilberto Cantón. Se realizaron conferencias sobre diferentes aspectos de la vida y la obra de Rosario Castellanos, y al finalizar se llevó a cabo la lectura dramatizada de Prendida de las lámparas, de Elena Guiochins. Excelente obra a través de la cual conocemos las entrañas de la autora, tanto por sus escritos como por las diferentes facetas de su vida. Rosario Castellanos, mujer admirable, logró sobresalir por su talento y su capacidad inspirativa, a pesar de tantos obstáculos que las mujeres de su tiempo tenían que superar (y que no han desaparecido). A 45 años de su partida se reconoce la gran labor en las letras de esta mujer cuyo anhelo fue “Otro modo de ser, humano y libre”, frase suya con la cual tituló María Estela Franco una semblanza psicoanalítica de la escritora (Plaza y Valdés, 1984). Este texto se publicó el 6 de octubre de 2019 en la edición 2240 de la revista Proceso