Cervantino: Inés Somellera  y su performance sobre Juan Rulfo

martes, 15 de octubre de 2019
GUANAJUATO, Gto. (Proceso).- La artista jalisciense Inés Somellera ha vivido durante 15 años en Indonesia, pero nunca lejos de los recuerdos de su vida en México. Con ellos construyó la puesta performance Xalisco, a place, de reminiscencias íntimas, si bien otras inspiradas en Juan Rulfo y Pedro Páramo. Esta mexicana migrante, egresada del desaparecido Núcleo de Estudios Teatrales (NET) de Julio Castillo y Héctor Mendoza, ofreció el estreno de la pieza como homenaje a la literatura latinoamericana en el 2017 en el Festival de Literatura e Ideas del Centro Cultural Salihara (FLI), en Yakarta, por el centenario del nacimiento de Rulfo. Ahora, a su regreso artístico a México después de tantos años, la directora trae al 47 Festival Internacional Cervantino (FIC) esta producción que ella define como muy personal, que contiene “los tatuajes de mi memoria”. Explica en entrevista con Proceso, previa a uno de los ensayos finales antes de su estreno nacional en el Teatro Principal, ocurrido los días 11 y 12 de octubre. “Para mí migrar, salir de mi tierra, que no es fácil, salí muy chica, me ha enriquecido, en cada encuentro con el otro, con el humano, en donde sea. Para empezar somos la misma persona, es un tema que he seguido en los diferentes trabajos que he hecho.” Aunque su trayectoria artística comenzó como actriz, muy pronto decidió hacer sus propias cosas. La producción inicial en México fue María Estuardo, de Schiller, misma que presentó en el Centro Nacional de las Artes (Cenart) con Margarita Sanz en el papel de la reina Isabel y la propia Inés como María Estuardo. En el elenco figuraban también Jesús Ochoa y Bruno Bichir. Inés viajó a Nueva York y se integró en la segunda mitad de los noventa a la compañía del multifacético director Robert Wilson, con quien participaría en la primera intervención de la compañía del dramaturgo en el FIC con Perséfone (1999). Después fundaría su propia compañía, South Wing, junto con un alumno de Tadashi Suzuki, riguroso director japonés con un método actoral basado en el entrenamiento físico. Pero en la compañía de Wilson conoció a una joven indonesa con la que hizo amistad. En un viaje a Bali, “me di cuenta de que estaba lista para quedarme en Asia”. Aunque ese encuentro lo recuerda como un choque: “El reconocimiento de esa cultura fue un impacto. Era tan lejano a todo lo que yo conocía, la expresión me sacudió, y me sacudió que en las ceremonias en Bali ocurren absolutamente todas las expresiones de una sociedad, adentro de un templo. Están los actores que se están maquillando, vistiendo para su presentación. Pasan a recibir agua bendita, a ofrecer su performance; después se van al escenario, otro espacio ahí, y hacen su performance con enorme gracia, una elevación.” En Yakarta, Inés fundó su compañía de proyectos Empu Sendok Arts Station (ESAS), y en ocasión del FLI de Salihara fue invitada a la apertura, como exponente mexicana y latinoamericana, para presentar una producción original. Salihara es el centro multidisciplinario de vanguardia en Indonesia, donde en esa ocasión se montó también una instalación inspirada en Pedro Páramo. Allí también tuvo lugar la primera traducción oficial de la novela al idioma indonesio, por gestiones de ESAS, una de cuyas misiones es divulgar expresiones artísticas de Latinoamérica. Para la directora escénica, Xalisco, a place es un performance evocativo, alejado de lo narrativo, inspirado en esa recreación de la memoria, “de quién soy, de dónde vengo, de las capas que van colocándose y me hacen la persona que soy ahora. El encuentro con otras culturas es para mí lo más importante de la migración y lo que me ha enriquecido como artista”. Ya la presentó en un festival de espacios públicos en Bangkok. Después será llevada al Conjunto Santander en Jalisco (los días 15 y 16) para culminar en México en el Cenart los días 19 y 20 de octubre. De allí partirá a festivales en Europa. “Yo desde el principio pensé en volver a México con mi espectáculo. No sabía que iba a suceder tan rápido, ha sido maravilloso. Revisé todo el planteamiento, no sólo porque es otro tipo de espacio, sino para trabajar con los actores de otra manera, integrar otras historias. Quisiera continuar mi trabajo entre México e Indonesia, ya hay proyectos”, revela la artista. Con esta pieza, piensa en voz alta,  “doy las gracias a Rulfo. Abro con él y después tomo mi propio camino. Es una manera de darle las gracias por la inspiración y una ofrenda a mi México querido”. Este texto se publicó el 13 de octubre de 2019 en la edición 2241 de la revista Proceso