Homenaje a Clementina Otero

lunes, 27 de enero de 2020 · 16:31
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- A ciento diez años de su nacimiento se hace imprescindible traer a la memoria a Clementina Otero, mujer fundamental en el desarrollo de nuestro teatro. Como actriz no dejó de presentarse en los escenarios de 1928 a 1945, y como promotora fue fundadora del Teatro Infantil y directora de escuelas de teatro y danza en el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Se le ha mencionado para que su nombre lo lleve el Teatro Orientación o el Teatro de la Danza, ambos en la Unidad Artística y Cultural del Bosque, lo cual sería hacerle justicia. Desde finales de los años veinte Clementina Otero brilló como actriz en grupos de vanguardia, como el Teatro Ulises y el Teatro de Orientación. Posteriormente fue una importante promotora del teatro infantil y de la danza. Organizó festivales y concursos para dar espacios a la danza clásica y folclórica. Gracias a su gestión e iniciativa se construyó el Teatro de la Danza hace 50 años. Clementina Otero fue una trabajadora del teatro que desde los diez y nueve años se sumergió en ese universo y nunca más quiso salir de ahí. Su pasión se expandió hacia diferentes áreas que enriquecieron el acontecer escénico mexicano hasta su muerte, en 1996, y sus frutos todavía perduran. En su carrera de actriz recorrió diversas compañías: La Comedia Mexicana, la de María Tereza Montoya, la de Virginia Fábregas, la Comedia Moderna, Teatro de Medianoche y Compañía Teatro de México. Xavier Villaurrutia la invitó en 1943 a participar como protagonista en la obra Carlota de México de Miguel N. Lira, que estrenaron en el Palacio de Bellas Artes. Sólo eso la hizo volver de su estancia en la Universidad de Yale donde estudiaba actuación, dirección y escenografía, como también lo hizo Rodolfo Usigli. Rafael Solana la consideraba como una de las actrices fundadoras de la modernidad teatral en México. Clementina Otero es también pionera en la dirección escénica e impulsora del Teatro Infantil en el INBA. En 1941 dirigió su primera obra, La muñeca pastillita, con Fernando Wagner, y fue la creadora de la primera Compañía de Teatro Infantil, lo cual en ese tiempo era algo insólito. Tampoco era común que las mujeres dejaran el ámbito de la actuación o el de empresarias teatrales, para dedicarse a la dirección o a ocupar puestos públicos, como el de jefa del Departamento de Danza de 1965 a 1971. Fue directora escénica de más de 30 obras de teatro infantil y para adultos, y de danza y ópera. Obras de teatro como: El matrimonio de Nicolás Gogol, con la que debutó en el Teatro Hidalgo (al que ahora le acompaña el nombre de Ignacio Retes); La dama boba, en el Teatro del Bosque (Teatro Julio Castillo, como lo conocemos); Salomé, de Rosario Castellanos en el Teatro Reforma (llamado Juan Moisés Calleja desde el pasado noviembre), y en 1975 en el Festival Cervantino. Su interés por la educación en las artes escénica la llevó a fundar, junto con Concepción Sada, la Escuela de Arte Teatral del INBA en 1945, aunque su primer director fue Andrés Soler. Logró ser directora de esta escuela veinte años después durante un trienio, y más tarde se concentró en la promoción y formación de la danza de esta misma institución. A Clementina se le han hecho varios homenajes reconociendo su capacidad como actriz, directora, maestra y promotora de las artes escénicas, pero no han prosperado las iniciativas que hicieron sus alumnos de la Escuela de Arte Teatral en los setenta, y de otros sectores de la comunidad teatral después, respecto a que un teatro del INBA lleve su nombre. En el Centro Cultural del Bosque se ha honrado sólo a directores escénicos. Es momento de que las mujeres también ocupen ahí un lugar. Este texto se publicó el 26 de enero de 2020 en la edición 2256 de la revista Proceso