Jaime Augusto Shelley (1937-2020), un poeta por redescubrir: Felipe Garrido

viernes, 2 de octubre de 2020
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Para el poeta Felipe Garrido, los versos de su colega Jaime Augusto Shelley, quien falleció a los 83 años, son aquellos que seguramente serán redescubiertos y revalorados por las nuevas generaciones: “No era un poeta fácil, pero sin duda uno que vale la pena descubrir”. Vía telefónica, el también catedrático de la UNAM y académico de la lengua, refirió en entrevista telefónica sobre uno de los cinco miembros del grupo La Espiga Amotinada (con Juan Bañuelos, Jaime Labastida, Óscar Oliva y Eraclio Zepeda), fallecido el martes: “Cuando uno comienza a leer a un poeta hay que recorrerlo con calma, sin apresuramiento, regresar por los lugares donde ya pasó, releer los temas que plantea si es necesario, y dejar que sus lecturas se acomoden a nuestro cuerpo. Diría que es la forma de llegar a Shelley. “Lo que sucede es que era poeta un tanto huraño, a pesar de que estaba en un grupo de gente muy comunicativa, con Labastida o el mismo Óscar Oliva. Él era un tanto más retraído, diferente a sus compañeros del grupo, un poeta atormentado, perseguido por sus fantasmas puristas, un poeta que en algún momento estoy seguro será revalorado… sin duda todos sentimos su muerte”. Originario del D. F., Shelley fue becario del Centro Mexicano de Escritores (1961-1962), creador de poemarios como “La rueda y el eco” (En La Espiga Amotinada, 1961), La gran escala (1961), Himno a la impaciencia (1971), Hierro Nocturno (1965) y Patria prometida 1984-1995 (1996), además de ensayos, guiones de teatro, y traducciones de autores como Wallace Stevens, Robert Frost, T. S. Elliot, William Carlos Williams y H. G. Wells. También trabajó en distintas instituciones: Fue supervisor en la Dirección General de Cinematografía, asesor literario del Fondo de Cultura Económica, excoordinador del Departamento de Artes Plásticas y subdirector de Teatro del INBAL, miembro de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem), así como catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México. Eta última le dedicó en 2012 un volumen de su Material de Lectura, Poesía Moderna, publicado por la Dirección General de Difusión Cultural, con una selección de 25 poemas, en donde se lee: “Su lectura es la lección de aprendizaje, por la vía del amor, de la gran capacidad que se tiene a pesar de todo, de seguir sintiendo lo que todos sienten. El acto de amor entre dos seres, se convierte así, en un inmenso canto de esperanza de la especie. “Y el poeta trata de registrarlo, aun en la desesperanza, su inevitable contrapartida. Lo invoca cuando ausente, lo imagina cuando solo, lo exalta cuando pleno. El íntimo amor viene de muchos, aunque no se sepa y corre por generaciones, en su lecho de sangre, a irrigar sin que entendamos cómo, otras vidas, próximas o distantes, abriendo y cerrando mundos de carne y hueso al dolor y al placer siempre renovados”. Te recomendamos: El tuxtleco Óscar Oliva, Premio de Poesía “Sabines-Lapointe” Poeta de la aventura: Octavio Paz En el volumen antológico Poesía en movimiento (1915-1966), de Octavio Paz --en colaboración con Homero Aridjis, José Emilio Pacheco y Gabriel Zaid--, el Premio Nobel de Literatura 1990 dedicó un apartado en la introducción a los miembros de La Espiga Amotinada. A Shelley lo consideró “el poeta que mejor representa la tradición de la aventura”: “Al leerlos, advertí que, en Jaime Augusto Shalley --sin que esto implique el menor juicio sobre sus lealtades políticas y amistosas--, el gusto por la experimentación es mayor que la voluntad de testimonio. No repruebo esa inclinación (la aplaudo) pero creo que esto separa un poco a Jaime Augusto de sus compañeros.” Y sigue: “En él cada poema engendra su lenguaje, su ritmo y un sistema peculiar de relaciones sintácticas. Esa invención verbal constantemente renovada hace de Shelley uno de los poetas jóvenes que mejor representan la tradición de la aventura”. Y tras ello se reproducen los poemas “Hierro nocturno”, “Conjuración de la Amada”, “Occidental saxo”, “El Cerco”, y “Los Pájaros”. Te recomendamos: “Ahí te encargo”: paternidad (i)rresponsable En el reciente comunicado emitido por el INBAL, tras el deceso del poeta, se le recordó como un “hombre de las causas sociales”. Al respecto Lorena Larenas, difusora de la obra de Shelley, aseguró al instituto que él siempre mantuvo una postura socialista: “Nunca cambió, firme en sus conceptos, su obra poética en esta idea socialista fue su mayor legado…Decía que su poesía podía modificar la realidad, y ese fue un eje en toda su obra”.

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