Cultura

Colección “Mitos nórdicos”, de Gredos

Gredos de RBA Editores ofrece a una vasta colección de libros con media centena de historias noveladas, ilustradas y con explicaciones fascinantes de todos los mitos de los héroes y dioses nórdicos.
miércoles, 28 de octubre de 2020

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El interés mundial por la cultura “viking”, como la llamaba Jorge Luis Borges, ha renacido en el siglo XXI gracias a la serie televisiva “Vikingos” inspiradas en las sagas e historia del cura medieval danés Saxo Grammaticus sobre el guerrero escandinavo Ragnar Lodbrok (Travis Fimmel), que, desde 2013, lleva transmitidas seis temporadas.


Hace ocho décadas el historiador inglés H. R. Ellis Davidson se acercó a la “Prose Edda”, los poemas del “Codex Regius”, y fue hasta la iglesia levantada por la esposa del navegante Erik El Rojo para publicar hacia 1964 “Gods and Myths of the Viking Age” (Penguin Books). No en vano el primer poema épico de la literatura inglesa es “Beowulf”, héroe anglosajón nacido en la península de Jutlandia, en Dinamarca. 


Hollywood filmó en 1958 “Los vikingos”, estelarizada por Kirk Douglas, Tony Curtis y Janet Leigh. Para 1980 ingleses y daneses organizaron la espectacular exposición “The Vikings in England”, que recorrió museos de Copenhague, Aarhus y York. Para los noventas, creció el interés por la adivinación esotérica de la lectura de las runas vikingas (Bernard King). 


En México, el profesor e investigador Héctor Díaz-Polanco sacó en 2004 su estudio curiosamente denominado “El canon Snorri. Diversidad cultural y tolerancia” (UCDFM, 253 páginas), curiosa alusión a la rica fuente de las sagas islandesas Snorri Struelson. Y en 2006, el Arturo Ortega Blake recreó las aventuras de “Leif, el hijo de Erik. Los vikingos que descubrieron América a principios del siglo XI” (buzonaob@yahoo.com).


Toca a Gredos de RBA Editores ofrecer a una vasta colección de libros con media centena de historias noveladas, ilustradas y con explicaciones fascinantes de todos los mitos de los héroes y dioses nórdicos, bajo títulos que pueden adquirirse conforme van apareciendo en puestos y librerías mexicanas:


Odín y los nueve mundos; Loki y la profecía del Ragnarök; Thor en la tierra de los gigantes; Sigfrido y la maldición de los Nibelungos; Freya y el poder del deseo; Beowulf en la corte del rey maldito; Frigg contra Odín; Balder, el mejor de los dioses; Njord y la furia de los mares; Kvasir y el hidromiel de la poesía… He aquí un fragmento del primer volumen.


“Odín y los nueve mundos”


El árbol y todo es el árbol. El fresno Yggdrasil mantiene unidas las distintas partes del universo. Los nueves mundos crecen entre sus ramas, alrededor del tronco y de sus raíces. Él los nutre y también los comunica. Es el garante del orden y la vida.


Pero hubo algo antes que Yggdrasil. En el principio de los tiempos, en el seno de un enorme abismo, el fuego y el hielo chocaron y formaron todo lo que hoy conocemos. De esta colisión surgió el “eitr”, la niebla venenosa de la que brotaría la vida. Fuego y hielo son los dos mundos más antiguos que existen.


Muspelheim es la morada del fuego, donde bulle el caos en estado puro. Allí viven, esperando la oportunidad de alzarse, los gigantes del fuego. Su jefe Surtur es enemigo de la creación. También entre las raíces del Yggdrasil, está Nilfheim, el mundo del hielo, en el cual mana una fuente de aguas furiosas, Hvergelmir, el “caldero hirviente”. De ella se nutren las cepas más profundas del árbol. A estos dominios no alcanza la luz y, sin embargo, más allá de ellos se oculta un lugar todavía más lúgubre: Helheim, el mundo de los muertos.


En el centro del gran fresno, firmemente aferrado a su tronco, se encuentra Mildgard, el “recinto central”, donde habitan los hombres. Lo rodea como un anillo un inmenso océano. Desde sus costas, los hombres vislumbran con temor el otro lado de las aguas una tierra brumosa en la que se eleva la cordillera más alta del mundo. Solo ese muro los separa de lo que hay detrás: Jötunbeim, el mundo de los gigantes, seres de extraordinaria fuerza nacidos antes incluso de los dioses. Hay gigantes sabios, pero también los hay salvajes; Yggdrasil extiende sus raíces hasta este mundo hostil, porque allí fluye la fuente de la sabiduría, de la que también se alimenta.


Los dioses viven en contacto con las ramas del árbol. También se ubican allí los mundos del Svartalfaheim, donde habitan los industriosos enanos, constructores y artesanos de aspecto deforme pero capaces de infundir magia a las obras que modelan con sus manos, y de Alfheim, hogar de los elegantes y bellos elfos, seres luminosos con el poder de favorecer la vida, aunque también de perjudicarla.


Los primeros de todos los dioses son los ases, la estirpe de Odín, Padre de Todos. Pero existe otra casta divina: los vanes –dioses de la vida, de la fertilidad, del deseo--, que tienen su propio mundo en Vanaheim. La morada de los ases es la celeste Asgard. Allí tiene Odín sus grandes mansiones, las casas de sus hermanos, de sus hijos y de todo su linaje. Se llega a Asgard cruzando el puente del arcoíris, Bifröst, que solo pueden atravesar los que son bienvenidos en el recinto de los ases. Únicamente Odín tiene el paso franco por los distintos mundos.


En el lugar más sagrado y mejor protegido del Asgard brota la más importante de las fuentes del Yggdrasil: Lafuente del destino. Allí, las tres nornas conservan húmedas las raíces. El árbol que todo lo sostiene se mantiene vivo gracias a ellas. Son tan antiguas que saben todo lo que ha pasado, pero además, son capaces de leer, sobre el árbol mismo, lo que va a suceder. Para garantizar la permanencia del mundo, tejen el destino en forma de tapiz.


Desde su palacio de Valaskjalf, el lugar más elevado de Asgard, Odín contempla cómo el árbol de la vida nutre, pero también sufre, a las criaturas que habitan en él. El Padre de Todos envía a sus cuervos volando por los nueve mundos para saber lo que está sucediendo. Está determinado a proteger Ygdrassil de las acometidas del caos. Se prepara, reúne fuerzas, busca el conocimiento y el poder de la magia, encuentra en el salón de los Caídos –el Valhalla—a los mejores guerreros que ha conocido el mundo, preparados y a punto para la última batalla.


Allí sigue, sentado en Hlidskalf, su trono de plata, vigilando la creación.


Esta es la historia de cómo empezó sus formidables trabajos.