Cultura

"Alguien, en algún lugar"

En el programa del Tour de Cine Francés, "Alguien, en algún lugar" (Deux moi; Francia, 2019) cumple con los requisitos de la comedia romántica a la francesa
sábado, 31 de octubre de 2020

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En el programa del Tour de Cine Francés, Alguien, en algún lugar (Deux moi; Francia, 2019) cumple con los requisitos de la comedia romántica a la francesa; Cédrik Klapisch practica la fórmula en la mayoría de sus cintas: humor fino, encuentros o desencuentros amorosos bajo un análisis psicológico que no se toma demasiado en serio, y con una cierta vocación de moralista propone una crítica afable sobre los ritos del aparejamiento en la era del internet.

Rémy (Francois Civil) y Mélanie (Ana Girardot) son vecinos, se conocen sin mirarse, padecen la depresión de los 30 años, cada uno busca pareja a su manera, ambos sufren la depresión de llegar a esa edad, son vecinos, el público sabe que están hechos el uno para el otro pero la pareja se cruza, repetidas veces, sin conocerse.

Klapisch manipula la tensión a base de paralelos: ambos personajes viajan en el mismo vagón del Metro sin verse, se rozan si tocarse, se cruzan en la tienda árabe del barrio sin toparse; desde sus respectivos balcones, contiguos pero separados, contemplan el atardecer melancólico de París, los trenes que circulan por la Gare du Nord, Monmartre, el Sagrado Corazón al fondo. Las líneas paralelas implican también contrastes de opuestos: ella duerme demasiado, él padece insomnio, ella es parisina, él es provinciano, cada uno desacomodado con la familia.

El fondo es melancólico; sazonado por la edad, Klapisch observa, no sin cierta indulgencia, los medios de los que disponen estos jóvenes, a punto de dejar de serlo, para encontrar posibles prospectos de pareja, el celular como fetiche conductor de fuerzas eróticas, con sus sitios (como amour 2.0, los nuevos códigos de ligue en las redes). Se siguen encuentros fallidos, situaciones desbordadas en las salidas de Mélanie con los candidatos imposibles de pareja.

Para la depresión, los ataques de pánico, dificultad de adaptación, respuesta a las oportunidades de trabajo y todo aquello que la sociedad exige, existe un remedio: la psicoterapia. Un psicoanalista (Francois Baléard) para él, y una tal (Camille Cottin) para ella. Las fórmulas, banales en su obviedad, atinan bien al centro de la neurosis de cada uno; entonces resuena el veredicto del director sobre el uso del celular frente a las expectativas amorosas.

El humor que practica Cédrik Klapisch es el de la risa fina, como si quisiera evitar la carcajada; su cinta Amar está en chino (Casse-tête chinois, 2013), donde lleva el disparate de las situaciones al extremo, sería la excepción. Al igual que en Alguien, en algún lugar, el absurdo de Klapisch es una desarticulación de la normalidad dentro de la misma normalidad, como las primeras sesiones de psicoterapia de Rémy que no sabe para qué está ahí.

El riesgo que corre el director es pasar por muy banal, pero el cine de Klapisch, cuya tesis de maestría fue un estudio sobre Woody Allen, los Hermanos Marx y Tex Avery, ha convertido en firma de autoría esos momentos de perplejidad del personaje ante una situación que se supone debería entender pero que lo sobrepasa; si fuese dibujo animado, los ojos se saldrían de sus órbitas.

Texto publicado el 25 de octubre en la edición 2295 de la revista Proceso.

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