Cultura

"Jingle Jangle: una Mágica Navidad": si lo imaginas, ocurre

La película, hecha a la vieja escuela, es tumultuosa, retacada de elementos visuales, vigorosos números de baile y grandes interpretaciones.
viernes, 13 de noviembre de 2020

MONTERREY, N.L. (apro).- Como estreno adelantado de Noche Buena, ‘Jingle Jangle: una Mágica Navidad’ (Jingle Jangle: a Christmas Journey, 2020) es toda una sorpresa llena de magia, ingenio y mucha fantasía.

Netflix lanza este gran musical familiar que mezcla acción real con animación, para recordar al mundo, en este tiempo aciago de la pandemia, que con imaginación todo es posible.

Con un gracioso formato acartonado, muy similar a las tradicionales cintas de los Muppets y filmada mayormente en interiores, la cinta es un azucarado mensaje sobre lo que realmente importa, que son los valores del amor al prójimo y la unión.

Es curioso que David E. Talbert haya elegido para el protagónico a Forest Whithaker, un actor que se aproxima más al drama shakespereano que a una odisea de noche buena rodeada de chiquillos y travesuras. Pero el experimento funciona, porque el veterano ganador del Oscar, acostumbrado a mostrarse serio y fúnebre en la pantalla, ahora, como el inventor Jeronicus, se convierte en uno más de los chiquillos que se esmera por rescatar el espíritu navideño.

Cuando era joven, Jeronicus trabajaba como creador de juguetes en su propia fábrica, ocupación en la que era el mejor del mundo. Tenía un aprendiz, Gustavson, quien un día le roba todos sus inventos y lo deja en la ruina. El genio languidece y se desentiende de su hija, quien se alejó de él hasta convertirse en una señora con una hija pequeña, la adorable Journey (Madalen Mills).

La visita de la nieta hace que el viejo inventor sienta el deseo de recuperar la magia interior que había perdido. Y lo hará reconstruyendo un viejo juguete que, en la metáfora obvia, es su vida misma, que estaba destruida y necesita ser ensamblada de nuevo. En esa misión contará con la ayuda de la familia, que lo empujará para que recupere su autoestima y su dignidad, y vuelva a ser apreciado por las personas que lo rodean en la animada villa que se apresta a celebrar la Navidad.

La película, hecha a la vieja escuela, es tumultuosa, retacada de elementos visuales, vigorosos números de baile y grandes interpretaciones. Cada encuadre es un estallido de colores, con una escenografía barrocamente decembrina y una atmósfera recargada de brillo y artificio.

Las animaciones son perfectas. Por ahí anda un hombrecillo autómata, interpretado con mucho sabor por Ricky Martin, que le presta la voz. Sin embargo, el gran juguete es el robot Buddy 3000, que parece hecho de pedazos de Wall-E, E.T y Johnny 5.

Al final queda un grato sentimiento de sanación. Esta familia que se desintegró puede recomponerse con el poder milagroso del perdón. El inventor, revitalizado por la llegada de la nieta, entiende que se equivocó al descorazonarse con la traición del pupilo. La vida sigue y es en la luminosidad donde debe seguir el camino posterior a la decepción y no en la oscuridad, donde se había detenido, rumiando un fracaso del que no era responsable.


Jingle Jangle es una excelente opción para esta Navidad, que Netflix celebra con mucha anticipación.