Cultura

"Península"

Los admiradores del sudcoreano Yeon Sang-ho, fanáticos de películas de muertos vivientes, esperaban mucho "Península". El resultado parece decepcionar a muchos.
sábado, 21 de noviembre de 2020

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Con El tren a Busan, el sudcoreano Yeon Sang-ho renovó por completo el gastado género de zombies con una historia apocalíptica que ocurría en un tren a toda velocidad; por eso los admiradores de este nuevo maestro del horror, fanáticos de películas de muertos vivientes, esperaban mucho de la secuela, Península (Corea del Sur, 2020).

El resultado parece decepcionar a muchos.

El título internacional, Estación Zombi: tren a Busan 2, combina la primera con la animación Estación Seúl, que posteriormente hizo Yeon; en la obra de este animador, artista sombrío y crítico político que se vale de metáforas oblicuas, Península concluye su discurso sobre la península coreana donde toda la población ha sucumbido al virus del zombi; extraño el caso de Corea del Norte, que se salva gracias a su muro.

Cuatro años después de la catástrofe, parte de la población que logró salir vive exiliada en Hong Kong, en condiciones apenas poco menos tétricas que en la península; un grupo de mafiosos se acerca a Jung-seok (Gang Don-wong), un marine desempleado al cual se le propone regresar a Busan para traer un botín de millones de dólares escondidos en una camioneta –atorada en medio de las hordas de zombis–. El trabajo sería cosa de una sola noche, pero Jung-seok va a comprobar que no se entra al infierno de manera impune.

Lo primero que decepciona a los admiradores del género zombis es que quedan relegados, los muertos vivientes hacen las veces del dragón dormido que se agita con la luz y el ruido y amenaza con devorar a Jung-seok, pero no el antagonista; en el infierno de la distopia que Yeon fabrica a la manera de Mad Max, la acción depende de los vivos, la ley de Malthus funciona aplastando zombis como plagas de ratas; la influencia del John Carpenter de Escape de Nueva York es evidente, lo importante es huir de la cloaca en que se ha convertido la ciudad.

Jung-soek es un anti-héroe especial que el ídolo coreano, Gang Dong-wong, interpreta con matices que se pierden de vista bajo las espectaculares escenas de acción, apoyadas más en un buen diseño coreográfico que en efectos especiales. Como militar de élite, Jung-soek podría afiliarse al marine de Apocalipsis Now, que viaja al corazón de las tinieblas con una misión secreta; pero en Península el móvil es mero lucro, Yeon Sang-ho no tiene una alta opinión de los militares, su corto La ventana (2012), basado en la violencia que sufrió durante el servicio militar obligatorio, deja clara su postura frente a esta institución.

Ya sea por salvar el botín o por miedo a contaminarse del virus, Jung-soek deja una estela de daños colaterales de gente inocente, incluso de su propia familia, que tratará de reparar; bajo el esquema del moribundo blockbuster, Península esconde una propuesta de humanización del héroe máquina para matar, muy sentimental pero efectiva.

Texto publicado el 15 de noviembre en la edición 2298 de la revista Proceso.