Cultura

Leona Vicario y su "Paso doble"

Samuel Máynez presenta "un sucinto esbozo biográfico de la benemérita compatriota, para que la música que le fue dedicada adquiera, con su audición, esa resonancia que vibra cuando el conocimiento es compartido y degustado."
viernes, 6 de noviembre de 2020

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En sintonía con la encomienda que le fue asignada a nuestra columna desde su primera aparición en estas páginas, ahora toca el turno de sacar a la luz otro hallazgo que viene a cuento con la recordación que el gobierno de la República decretó con respecto al 2020 como año de la benefactora y madre de la patria. En cuanto al hallazgo, es necesario aclarar que se trata de una obra misteriosa por donde se le mire y que no llegamos a ella únicamente por mérito propio, sino por la generosa participación del maestro Víctor Barrera, director del Cenidim (Centro Nacional de Investigación y Documentación Musical del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura), quien la halló en el Fondo Reservado de la Biblioteca Candelario Huízar del Conservatorio Nacional de Música.

Ahondando en la encomienda mencionada, debemos enunciar que se trató de una sugerencia –en el tono de bula con que profería lo que consideraba importante– del fundador de Proceso, don Julio Scherer García, quien creía en la imperiosa necesidad de desentrañar las vidas y las obras de los músicos mexicanos, precisamente por el silencio y desdén que se ha cernido sobre ellos desde que tenemos memoria. En ese tenor, hemos de declarar, sin asomo desfachatez, que desde la primera nota regular de nuestra columna en marzo de 2008 (Proceso, 1635) hasta el ejemplar actual, hemos glosado sobre 96 compositores mexicanos y hemos logrado compartir los estrenos mundiales discográficos de 70 obras, todas ellas en propiedad de la versión electrónica del semanario.

Para que se entienda la justa comparación numérica aludida, tenemos que apuntar que en estos 12 años de permanencia nos hemos acercado a la obra de 305 compositores, de los cuales, si eran o siguen siendo extranjeros, buscamos que tuvieran alguna vinculación con nuestro país1; además de que sus nacionalidades denotaron la predilección por lo nuestro, es decir, hemos hablado de 40 italianos y de 33 germano/austriacos, por ser las nacionalidades con los representantes que más han aportado a nuestra ciencia occidental de los sonidos; además de que son considerados como emblemas indiscutidos del arte sonoro universal (en lugar decreciente aparecen franceses, españoles, latinoamericanos, ingleses, norteamericanos, rusos, húngaros, etcétera).

Pero antes de entrar en materia y de dar cuenta de la obra musical recién descubierta, creemos oportuno aclarar que buscamos la inclusión de esta pieza dentro del año en curso, a pesar de que sabemos que la decisión gubernamental ha sido, cuando menos, artificiosa, ya que no existe en la biografía de Leona Vicario ningún referente calendárico que la conecte con su año oficial de homenajes (nació en 1789, murió en 1842, y en 1821 –si es que se pretendió rememorar su participación en la guerra que desembocó en la independencia– ya estaba relativamente alejada de la gesta bélica independentista). Lo hacemos por acatar, cual obligación ciudadana, las directrices del gobierno lópezobradorista, aunque no siempre entendamos sus motivaciones y no siempre estemos de acuerdo con sus procederes. Creemos que es la manera correcta de hacer patria todos juntos, cada quien en la rama que le corresponde y con los medios que tiene a disposición.

Lo que sí nos sentimos obligados a exponer es que, dejando de lado la intuida equidad de género que se cela en la disposición oficial, es que habría sido más justo dedicarles el año a dos personajes fundamentales de nuestra historia, en la fecha exacta de la efeméride y dada la magnitud de sus aportaciones. Pensamos, por ejemplo, en El Varón de Cuatro Ciénegas, Venustiano Carranza, quien fue asesinado en 1920, protagonista de la asonada que sacó del poder al tiránico Victoriano Huerta y, nada menos, que valedor de la Constitución de 1917 y en el décimo tlahtoani de México-­Tenochtitlan, Cuitláhuac, quien derrotó a las huestes invasoras hispanas y a sus aliados en la noche del 30 de junio de 1520 y quien perdió la vida por la aparición en nuestras latitudes de la viruela –a finales de noviembre o principios de diciembre– de ese mismo año, medio milenio atrás.2

Como quiera que sea, hagamos un sucinto esbozo biográfico de la benemérita compatriota, para que la música que le fue dedicada adquiera, con su audición, esa resonancia que vibra cuando el conocimiento es compartido y degustado.

La capitalina María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador fue hija única. Su padre fue un próspero comerciante español y su madre una descendiente directa de Ixtlixóchitl II de Texcoco. Vivió, por ende, rodeada de privilegios. Su esmerada educación, inusual para la época, incluyó a las bellas artes y a las ciencias. Recibió clases de pintura y dibujo y de música, hablándose de que cultivó con mucho provecho su voz. Fue una amante de los libros capaz de leer en varios idiomas. Al morir sus padres en 1807, permaneció bajo la custodia de su tío materno, el abogado Agustín Pomposo Fernández de San Salvador, que además fungía como albacea de su cuantiosa herencia. Pomposo era un fervoroso creyente de la monarquía y sus valores, no obstante fue capaz de darle libertad a su sobrina para vivir sola en una mansión contigua a la suya, cosa verdaderamente escandalosa en ese tiempo. Su tío quiso matrimoniarla con el coronel Octaviano Obregón, pero éste viajó a España como diputado a las Cortes de Cádiz. En 1811, Leona conoció a Andrés Quintana Roo, un yucateco estudiante de leyes que trabajaba en el despacho de su tío. Se enamoraron y Andrés no dudó en pedir su mano, obteniendo una negativa que se sustentó en la diferencia de clases. Ante la forzosa separación, que a la postre culminaría en enlace conyugal, Leona se las arregló para inmiscuirse de lleno en las actividades de la rebelión insurgente. Se unió a una sociedad secreta, Los Guadalupes, cuyos integrantes conformaron una red, a través de correos con Hidalgo y Morelos, debido a que pertenecían a la sociedad virreinal, cosa que les permitía tener acceso a información estratégica. Leona transmitía la información, arrostrando los riesgos, a los insurgentes. Por si fuera poco, dio cobijo a fugitivos, envió medicamentos y colaboró, vendiendo sus joyas, con la fabricación de armas para la causa.​

Naturalmente, su apoyo a los rebeldes despertó sospechas y Leona hubo de huir de la capital. No tardaría en ser encarcelada y privada de sus bienes; sin embargo, nunca desistió ni delató ni aceptó los indultos que se le ofrecieron. En su huida padeció miserias, pero jamás extravió su ánimo combativo. Ya unida con Quintana Roo dio a luz a dos hijas, una de ellas en una cueva, en las peores condiciones sanitarias imaginables.

Derrotados los ejércitos realistas e instaurados los primeros gobiernos mexicanos, Leona recuperó muchos de sus bienes y retornó a la vida de lujos a la que estaba acostumbrada. Es de señalar que la extraordinaria dama tenía un manejo admirable de la pluma y que lo empleó para publicar en varios diarios. En ese sentido, cual vocera de las causas políticas en juego, merece el apelativo de pionera del periodismo femenil patrio. Igualmente, ha de considerarse como una líder de los derechos de la mujer, ya que no dudó en enfrentar, mediante sus artículos, a los reaccionarios que le negaban cualquier mérito al bello sexo. Uno de esos fue el conservador Lucas Alamán.

Falleció en la Ciudad de México rodeada de sus seres queridos. Sus restos reposaron inicialmente, junto a los de Quintana Roo, en la Rotonda de los Hombres Ilustres, pero desde 1910 sus cenizas están resguardadas en la cripta de la Columna de la Independencia, en el Paseo de la Reforma.

Para dilucidar lo concerniente a la partitura que le fue dedicada, es ineludible repetir que estamos frente a un misterio que tiene pocas posibilidades de resolverse. El manuscrito carece de fecha de composición y su título es: Leona Vicario, Paso Doble marcial. La obra fue escrita para piano, aunque debe asumirse que, con buena probabilidad, debe haberse orquestado para banda. Se ignora si la dedicataria pudo haberlo escuchado y si alguna vez se tocó en público. Tampoco se sabe cuándo, ni en que circunstancias el manuscrito entró a formar parte de la colección del conservatorio. Pero lo más extraño es el enigma de la autoría. Sólo aparece la inicial del nombre de pila y el apellido: N. Navarro, personaje del que no existe dato concreto por ningún lado.

En fin, querido lector, para usted esta primicia que interpreta en exclusiva el insigne pianista mexicano James Pullés. Nos auguramos que los esfuerzos para allegarle esta obra satisfagan con creces la curiosidad que pueda suscitar su escucha

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1       Fue el caso, por ejemplo, de la marcha Santa Anna's retreat from Buenavista del norteamericano Stephen Foster y de las marchas Mexicaine y Franco-Mexicaine, de los franceses Nicholas-Charles Bochsa y Alfred Bablot, que también sacamos a la luz.

2       Es de citar que la alcaldía de Iztapalapa sí decreto que 2020 fuera el año de Cuitláhuac, guerrero victorioso, y que lo propuso, sin haber encontrado eco, al gobierno de la República.