Cine

"Déjales hablar": ajustando cuentas con el pasado

Cuando se reúnen Meryl Streep, Diane Weist y Candice Bergen en un viaje de crucero por el Atlántico, la magia emerge. "Déjales hablar" es una cinta apacible y anticlimática, que se disfruta por el espectáculo histriónico.
sábado, 12 de diciembre de 2020

MONTERREY, N.L. (proceso.om.mx).- Cuando se reúnen en un viaje de crucero por el Atlántico, Meryl Streep, Diane Weist y Candice Bergen, la magia emerge. Y el mundo se ve más luminoso aún cuando los acompaña en el recorrido el joven y siempre interesante Lucas Hedges.

Déjales hablar  (Let them all talk, 2020) presenta a tres grandes damas de la actuación que han envejecido bien. Maduras, bellísimas y con el atractivo intacto, forman un trío de amigas de la lejana mocedad que, en un recorrido de una semana Brooklin a South Hampton, en una nave de lujo total, buscan reencontrarse y, de alguna forma que sólo ellas saben, ajustar cuentas con el pasado.

Por su puesto, la acción la comanda la jefa Meryl, que interpreta a una escritora exitosa, reservada y quisquillosa que ha puesto de cabeza la vida de sus amigas con sus publicaciones. A fin de cuentas, los escribidores, como ella, se interesan en las vidas de los demás de maneras a veces perniciosas, y provocan afectaciones insospechadas.

La cinta lanzada por HBO es dirigida por Steven Soderbergh convertido, aquí, en una especie de Woody Allen, que, con mucha improvisación en los diálogos, busca retratar las complejidades del alma humana a partir de las relaciones interpersonales, el amor y la devastación que dejan los rompimientos afectivos.

Como una road movie en altamar, fue filmada en plena pandemia, con el barco convertido en una burbuja sanitaria. En este escenarnio insólito, las señoras van tratando de recuperar la magia que las unió décadas atrás y que, se dan cuenta con amargura, difícilmente regresará. Todas han cambiado y algunas heridas que se infligieron en su juventud ya no podrán cicatrizar. En el centro de ese triángulo está una amistad ilusoria, que ya quedó muy atrás y que ahora es contemplada de diferente manera por cada una.

El cine naturalista, basado en el guión de Deborah Eisenberg se convierte en un espectáculo de humanidad pura entre damas que abren un paréntesis en sus vidas para encontrar algo de solaz en sus vidas atribuladas. Nada puede haber más placentero que un crucero de superlujo, con todo pagado, que el destino les regala. Sin embargo, cada una tiene su propia agenda espiritual que no se sabe si llegarán a cumplir.

Resalta, en ese concierto de emociones encontradas, la actuación de Bergen. Lejos de su belleza juvenil, interpreta a una mujer de corazón roto, lastimada por un resentimiento crónico con su exitosa amiga. Calculadora, fría, desdeñosa, ingrata, deshonesta, solo ha subido al barco con un propósito que lentamente comienza a revelarse, para sorpresa del grupo.

El drama tiene algunos toques de comedia, aunque los momentos festivos son de ironía, agridulces, pues es difícil contagiarse de alegría en una reunión que empieza y avanza en medio de una gran tensión.

Es perfecto, para el crucero, el brillante score de jazz de Thomas Newman.

Déjales hablar es una cinta apacible y anticlimática, que se disfruta por el espectáculo histriónico.

 

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