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"Rompen" en México a Gustavo Santaolalla y su documental

Un montón de críticas lapidarias ha suscitado en México la serie documental de Netflix en seis capítulos Rompan todo: la historia del rock en América Latina, producido por el argentino Gustavo Santaolalla.
miércoles, 23 de diciembre de 2020 · 15:48

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Un montón de críticas lapidarias ha suscitado en México la serie documental de Netflix en seis capítulos Rompan todo: la historia del rock en América Latina, producido por el argentino Gustavo Santaolalla y bajo la dirección de Picky Talarico.

Daniel Guzmán, en artículo nacional para Tomatazos, consagró que Rompan todo “ya tiene calificación de la crítica” y ésta es “95% positiva”:

“Las críticas positivas señalan que posee un estilo visual propio que evoca a los temas de los que trata y se percibe lo enérgico y lo informativo en cada momento. Destacan que lo más valioso son las imágenes de archivo inéditas, además de las entrevistas con figuras destacadas del rock latino. Por el lado negativo, algunas reseñas señalan que la docuserie tiene una visión sesgada, y que omite a personajes importantes del rock en América Latina, de México. Vaya, parece que de cada país hubieron [sic] grandes omisiones.”

Pero Rompan todo es resultado de una misión imposible, al recorrer con oteos de águila y en seis horas la comercialización del rock y pop de Argentina, Chile, Colombia y México, a lo largo de… ¡siete décadas! Ya en Argentina habían surgido los focos rojos contra Rompan todo, cuando la revista Leer Cine demolió la serie de su compatriota, de esta manera:

“El documental no consigue respaldar su teoría. El rock de América Latina no existe, al menos en estos seis capítulos, como la unidad que anuncia, sólo funciona en bloque para el mercado discográfico y ahora también para Netflix… Además, el rock en portugués no aparece, lo que delata que se trata de una cuestión de idioma. Por momentos hay algo chauvinista en el discurso de algunos músicos…

“El resultado es una narración desprolija, con frases hechas, carente de profundidad, torcida para bajar línea, sin cuestionamientos, sin nada nuevo o interesante, incluso incomprensible para quien no conozca desde antes esas historias. Músicos convertidos en historiadores, filósofos, sociólogos y periodistas.

"Por supuesto que es una decisión, no producto de un error. Pero obligados a hablar de todo, nunca llegamos a conocer realmente a ninguno de ellos. La superficialidad es total por culpa de esta estructura. Siempre, recordemos, con Gustavo Santaolalla como centro y figura clave de todo, opinando de todo y con testimonios de gente elogiándolo a él.”

El baterista original de Maldita Vecindad y los hijos del Quinto Patio, José Luis Pacho Paredes, actual director del Museo Universitario del Chopo UNAM (donde se consolidó en los años ochenta el Movimiento del Rock Rupestre en la Ciudad de México, enarbolado por Rockdrigo González), fue más indulgente en sus declaraciones a Proceso: 

“A mí me gustó. Es la visión de Santaolalla, por sí misma importantísima. Faltan menciones, pero eso es normal, siempre pasa. Me habría gustado incluir más mujeres, incluso como entrevistadas, por ejemplo, Tere Estrada, La sirena del rock mexicano. Ojalá vengan más documentales, , digamos, uno del rock underground. El tema nunca se va a agotar.”

Y desde Monterrey, el dramaturgo Frank Turón señaló para Proceso:

“A Santaolalla lo conocí en un concierto de Caifanes cuando hacía la producción discográfica Rock en tu Idioma. Creo que su dizque documental realmente ‘#No Rompe Nada’, con un formato que le queda debiendo mucho a la pretensión de realizar un ‘documental del rock latinoamericano’ y faltaría mucho más que producir una mini miniserie. Es una mirada muy pobre desde la perspectiva de un argentino.


"¿Qué me va a contar a mí, que fui un testigo quien vivió parte de la gran historia del rock en México? Le hace falta una buena asesoría de mis colegas José Agustín, Óscar Sarquiz, Benjamín Salcedo, o el buen Chava Rock. ¿Dónde quedaron los hoyos fonqui, o antros como el de la discoteca Hip 70 de San Ángel, en el que Armando Blanco promovía clandestinamente la cultura underground del rock mexicano? ¿Rockotitlán y el LUCC, de los Barajas? ¡O Rockstock! El ‘che’ Santaolalla sólo habla de sus cuates sin tener, ni presentar la película completa, le faltan fundamentos, investigación y justificación.

“¿Qué dirían los rockeros mexicanos que fueron excluidos? Vaya, ni siquiera ameritaron una mención Illy Bleeding, El Personal, Haragán, Santísimo Mitote, Los Rupestres, Kerigma, Jaime López, Los amantes de Lola, Crisis, Las Insólitas Imágenes de Aurora, Luzbel, Cristal y Acero, La Banda Elástica, Titán, Esencia de luz cósmica, Tex-Tex, Huevo Frito, Autores Anónimos, Tuxedo Moon (y la aportación de Steven Brown al rock nacional), una lista interminable. Pero que en el capítulo de inclusión de género dejara fuera a Nina Galindo y a Cecilia Tousaint, sí que es imperdonable. Ya ni hablar de su absurda perspectiva política del rock latino.”

Netflix, descalabrado

Por su parte, el productor musical Guillermo Clemente, en la edición digital de Alta Fidelidad Magazine (“Lo que no se dice del rock mexicano en Rompan todo”) manifestó que los realizadores de la serie se precipitaron en comercializar su investigación y todos los materiales conjuntados:

“Rompan todo es un documental cuyo título resulta ramplón y localista y dista mucho de representar al rock latinoamericano.”

Más adelante, Clemente (quien integra con expertos y músicos el amplio equipo de base de datos para la historia del rock mexicano, propuesto a la Fonoteca Nacional que dirige Pável Granados), expresó:

“El rock latinoamericano tiene grandes historias, así como cronistas, no se supedita a aquellas bandas que lograron un contrato discográfico con una compañía trasnacional, ni a los que fueron invitados a grandes festivales, o a aquellos que se colaron a MTV o a la radio. Tampoco a los llamados ‘frontman’, ¿o es acaso que los demás músicos no tienen nada qué decir?”

Coincidió con Pacho y Frank Turón, añadiendo:

“A mi modo de ver, la forma de abordar el papel de la mujer en el rock latinoamericano parece ser un parche en la producción, es como si lo hubiesen encajado por una necedad de ser políticamente correctos. La mujer en el rock ha sido fundamental desde siempre, y no tendría que hablarse de ello como tema aparte. Considero que hacer un collage de fotografías no enaltece de ninguna manera a la figura femenina (…)

“Por lo anterior, resulta difícil pasar por alto piezas importantes que brillaron por su ausencia como Rockotitlán, L.U.C.C. [La Última Carcajada de la Cumbancha, de Eduardo Barajas], Tutti Frutti y el Bar 9; la influencia de la movida Madrileña, La invasión uruguaya, Serpiente sobre ruedas; compañías independientes como Opción Sónica, Lejos del Paraíso, Comrock, Rock&Roll Circus e Intolerancia, entre otras.

"Incluso publicaciones y radiodifusoras que dieron credibilidad y legitimaron escenas en nuestro país como el Sonido Seattlelite, la avanzada regia, los rupestres, el mal llamado “rock urbano” o el rock de Guadalajara; la escena rockabilly, ska, gótica, metal, surf, y electrónica entre muchas otras y que datan de varias décadas atrás y que una vez más se quedan fuera de la cancha…”

Óscar Sarquiz, buen conocedor del rock nacional y músico, terció:

“Sólo a unos argentinos se les pudo ocurrir que se pudiese reconstruir la historia del rock mexicano a partir de testimonios no verificados de algunos protagonistas. Sólo he visto el primer capítulo, pero basta para saber que esto tiene menos rigor que un pulpo muerto (…) En realidad, sólo los más advenedizos y trasnochados se lo van a tragar, pero es mucho desperdicio para un resultado que se perfila deleznable y desinformante. ¡A ver qué dice en su defensa el asesor histórico Enrique Blanc…!”

Rockdrigo, profeta sin tierra

Precisamente uno de los errores del documental sirvió de piedra de toque para el alud de descalificaciones que le ha granizado a Rompan todo, en apenas el minuto y medio que le dedica Santaolalla al Rock Rupestre y a Rockdrigo González, El profeta del Nopal.

Sucede que el cantante de Maldita Vecindad, Roco Pachukote, menciona que el autor de “Estación del Metro Balderas” murió en los sismos del 19 de septiembre de 1985 (“vivía en Santiago Tlatelolco”), cuando Rockdrigo sucumbió en su departamento de la calle Bruselas, con su compañera francesa Françoise Bardinet. Fausto Arrellín, líder del grupo Quál (con quien Rockdrigo “electrificó” su música en 1984), fue el primero en corregir dicha pifia en su sitio virtual, mostrando una foto y comentando:

“No entiendo por qué otro me tiene que contar mi historia. Este es el edificio del número 8 de la calle de Bruselas en la Colonia Juárez. Aquí murió Rockdrigo, no en Tlatelolco. Las pendejadas, aunque las veas en Netflix, corren el peligro de volverse ‘verdad’. Al tiro.”

De modo similar chateó el programador de Radio Educación, Rodrigo de Oyarzábal, quien se cuenta entre aquellos que organizan la antes citada base de datos del rock mexicano (impulsada por el rockero Guillermo Briseño, a partir de los libros del músico de Botellita de Jerez, Sr. González, quien acaba de publicar el tercer tomo de su gruesa Historia del rock mexicano 1990-2016 en Sr. González Producciones, 471 páginas). Escribió:

“Como no uso Netflix, me tienen sin cuidado lo que transmiten… Yo no soy muy admirador del rock argentino. Me gustan [León] Gieco, Charly [García] y Spinetta, pero no más que Jaime [López], [Gerardo] Enciso o [Rafael] Catana (…) lo cierto es que sí tiene imprecisiones imperdonables (…) es el rock iberoamericano de las disqueras trasnacionales. El mismo pan con el mismo ‘Rock en tu Idioma’. Me parece que Santaolalla no tiene gran cosa que decirme sobre el rock mexicano.

“Que los compas argentinos, muchos de ellos queridos, se queden con Santaolalla, yo me quedo con [los videos mexicanos de rock en YouTube] de Ricardo Rico. Quiero decir que el trabajo de Santaolalla debió circunscribirse al rock argentino y no querer abarcar terrenos que, por lo visto, le son muy pocos conocidos.”

A su vez, el cantautor Armando Rosas, fundador de la Camerata Rupestre (tras la muerte de Rockdrigo), redactó en Facebook:

“Estoy viendo el documental de Netflix Rompan todo. Lo mejor: las locuaces intervenciones del maestro Javier Bátiz… Efectivamente, Rompan todo se bien podría titular La Pasión del Rock según Santaolalla o mejor aún, La Pasión del Rock según BMG Ariola, no pasemos por alto que Santaolalla ha sido empleado de la disquera.”   

Y el mismo Sr. González, el 19 viernes de diciembre, noche de estreno:

“Interesantes reacciones en torno al documental Rompan todo. Cada vez estoy más convencido de que vamos por el camino correcto en cuanto a generar la memoria del rock mexicano. Chocan la parcialidad, la inexactitud y algunos egos… En fin, tampoco creo que todo lo puesto ahí haya sido malo.

"Hay cosas que desconocía de algunas bandas que cuentan en primera persona sus protagonistas, como es el caso de Los Prisioneros de Chile, que fueron interesantes descubrir… y no niego que se me salió una lágrima cuando aparece unos segundos Armando [Vega-Gil, de Botellita de Jerez] en CU, cantando ‘La Valona de la Conquista’ (…) Sólo sé que hay que hacer las cosas con cuidado y bien. Este documental no es el ejemplo [a seguir].”

La promotora y periodista cultural Miriam Canales respondió:

“Al menos es lo que NO deberíamos hacer [en la base de datos del rock mexicano].”

Y en su sitio Twitter, “Sirena de Alcantarilla” impuso el ingenioso trabalenguas: “El rock latino está Santaolallizado, el que lo desantaolallice, buen desantaolallizador será…”

Ausencias y vanidades

En “Rompan todo y el mito de la censura en el rock” de Revés on line, leemos la pluma de Francisco Valenzuela regurgitando:

“Escuchar a Leonardo de Lozane en el documental diciendo que ‘El microbito’ también fue censurado provoca de esas risas que te hacen escupir el café. Pensar que esa generación surgió de la independencia, pero al mismo tiempo saber que a los 18 años el cantante de Fobia ya estaba grabando en Nueva York es similar a la ‘difícil vida’ de Samuel García en los campos de golf de su papá (…)

“De ahí que escuchar a Camilo Lara hablando del 68 es más forzado que una camiseta de Fer [Fernando Olvera, de Maná] con la estampa del subcomandante Marcos. Es un desfile de rockeros venidos a sociólogos, historiadores y politólogos… el montaje del documental quiere que veamos a la historia de estos artistas como una respuesta a los regímenes políticos cuando, en muchos de los casos, resultaron solo un entretenimiento para la chaviza informativa.”

Guillermo Briseño es otro de los grandes ausentes en este documental.

Por contraste, a su colega el tijuanense Javier Bátiz sí se le da amplio espacio, lo cual ha provocado burlas en México, por repetir El brujo Bátiz lo que viene diciendo siempre.

“Yo estaba tocando en un lugar que se llamaba el “Wendy’s Pub”, a media cuadrita de la ANDA. Ahí llegaba Rodrigo a querer cantar, mano, y como lo veían humilde con su ropita, mal vestido, pelo largo y un poco descuidado o porque le valía madres que lo vieran así, la gente lo ponía abajo.

"Quería cantar y le decían: ‘¿Quieres cantar?’ y él respondía: ‘Sí’, pero para eso lo ponían a lavar los baños, a traer los mandados, la comida; lo trataban muy mal, casi como se dice, a patadas. “Yo veía cómo lo traía todo mundo de ‘a ver, pendejo, ven para acá’, y él les contestaba: ‘¡Chinga tu madre!’. Tenía mucho odio con la gente.

“Un día en una fiesta de los dueños del lugar, alguien lo invitó y fue. Le dijeron: ‘Canta algo, huevón’, y les dijo: ‘Chinguen a su madre, yo ya me voy.’ Yo salí y le dije: ‘Canta algo suave’, y también me la mentó, que hasta le dije: ‘No, no la agarres conmigo, yo no tengo ningún pedo, a ver, cántame una de tus canciones’. “Y cantó la de ‘Oh yo no sé (por qué no me las prestas)’, y le comenté ‘¡Qué buena canción! Y él: ‘No me estés chingando’. Pensó que me burlaba, entonces le dije: ‘Mira cabrón, si vas mañana al Wendy’s, te doy mi show, te doy chance de que cantes, yo te presento y yo te pago. Rodrigo me dijo: ‘No me estés choreando, cabrón’.

“No me creyó y se fue muy enojado porque además lo habían corrido de la fiesta, pero al día siguiente sí se presentó y es cuando anuncié: ‘Señoras y señores, aquí está mi amigo Rodrigo que les va a cantar unas canciones…’ “El bato empezó a cantar y prendió a la gente, incluso a las chavas les gustó lo que cantó Rodrigo y el pinche dueño del lugar dijo: ‘Está pesado el mugroso’. Le advertí que si él iba a cantar diario ahí, ya no iba a lavar baños.

“Total que se las puse muy cansada a los pinches dueños del Wendy’s Pub que eran unos gachos y yo le di todos los intermedios que tenía a Rodrigo, y eran tres shows diarios los míos. Una vez llegó un bato que se llamaba Arturo Valtierra, creo, entonces me invitó a grabar para discos Fotón y llamé a Rodrigo para que tocara guitarra y armónica conmigo. Ya cuando iba a salir el disco, le pregunté cómo se iba a llamar profesionalmente; como él traía sus ondas y todavía no crecía como artista, me dijo: ‘Ponme Redrogo’ (ríe), yo le dije: ‘¡Estás loco, te voy a poner Rockdrigo!, yo lo bauticé así, ¡Rockdrigo!, y se fue para arriba. Eso fue en el 83 y se murió en 1985.”

Javier Bátiz ha sido el hazmerreír en redes donde salieron varios memes parodiando sus “auto-guayabazos” en Rompan todo; uno de ellos se burla del Brujo, colocando en boca del guitarrista las palabras: “Yo descubrí a Santaolalla. Yo le enseñé a producir y le di la idea de la serie”. Más allá de sus ditirambos (“la gente no se imagina las cosas que he hecho por mis amigos, Alex Lora salió de mi grupo, Fito de la Parra del Canned Heat, los Laboriel… Guillermo Briseño aprendió a tocar blues conmigo”) se olvida que Bátiz fue salvajemente golpeado por policías judiciales y casi pierde un ojo, todo debido a que tocaba rock y se dejaba el pelo largo, en el restorán bar Terraza Casino (que después abriría en 1985 como “Rockotitlán”).

Pero en mensaje aparte, José Francisco Pérez, del Wendy’s, confirmó lo dicho por Bátiz sobre Rockdrigo.

Hebe Rosell recuerda

También Hebe Rosell, la polifacética artista argentina, quien en los años setenta conformara una de las mejores bandas del rock mexicano con su entonces pareja sentimental Guillermo Briseño (sí, el mismo que convocó realizar la base de datos del rock mexicano), y el conjunto El Séptimo Aire en nuestro país, escribió a la vez un texto en medio de la polémica por Rompan todo que vale la pena reproducir, en torno a los músicos que sufrieron represión por tocar rock en México:

“En 1980, la SEP (Secretaría de Educación Pública) nos contrató a Guillermo Briseño y su banda, junto con un enorme contingente de artistas, a tocar para los jóvenes de las normales de casi todo el país. Nos reímos incrédulos porque nos dimos cuenta que nuestro tesoro era, justamente, la extraordinaria lección de cantar nuestras (sus) canciones para los chavos normalistas, entre la hermandad, la rabia, la vocación y la pasión que los dos compartíamos. (https://youtu.be/SgbyI2vf-y0)

“Recuerdo todavía la perversión de los militares cuando nos paraban en un retén, Uno de tantos, esculcándonos: ‘Es seguro la que señorita lleva mota escondida en los calzones’, haciéndonos abrir cada estuche, cada instrumento. En otro de los tantos viajes, regresando de un recital en Catemaco, también en los ochentas, vimos cruzar en sentido contrario a unos treinta tanques con soldados enarbolando fusiles. Tuvimos que parar un largo rato. Briseño y yo nos preguntamos qué estaba pasando, con la sensación de que la represión era una amenaza oculta y latente. Así, durante casi cuatro años…”

Briseño compuso “Comparaciones”, refiere Hebe:

Mi patria es un sueño, que se sueña despierto/ que en cada gota de lluvia tiene un campesino muerto/ que mataron por las flores que cultivó en el invierno/ sobre la tierra no propia que llevaba entre el cabello.../ Las flores echaron raíces adentro en el pensamiento/ y con ideas en el polen fecundaron el terreno. / En mi tierra tú no siembras, / dijo el emperador del suelo,/ destruyendo su parcela, su cabellera de tierra,/ flores, ideas y su cuerpo... Mi patria es un libro que se estudia cerrado/ porque si lo abres se escapa/ un pájaro que hay guardado.

“Entonces, Rompan Todo… En la fragilidad personal que tiene que ver con el olvido y el desdén generalizado de gestos extraordinarios de tantos en los 43 años que llevo en México, en tiempos de unirnos y abrir los duros criterios enraizados...  Las defensas a ultranza, las diatribas de clase, de gustos, partidistas, los egos creciendo y las muestras interminables de ‘fíjense cómo avanzo y sobrevivo chidamente’... Las trágicas no opciones de millones, aún las múltiples opciones cibernéticas sabias y salvadoras, aún en la percepción agudísima y a veces esperanzada de adónde nos lleva esta prueba civilizatoria... rompamos lo que es inútil.

“Más bien, qué ganas de esconderme en la madriguera antes fértil en complicidades y abrazos. Hebe Rosell.”

Incluso el pintor chilapeño Pablo Vargas envió su opinión desde Guerrero a Proceso, más bien lapidaria:

“Es un documental hecho por argentinos para argentinos (como las películas gabachas donde siempre los héroes que ganan siempre son ellos, aunque la realidad es diferente). Un pilar indiscutible del rock en español es Alex Lora, pionero de este género musical en español, estando siempre a la vanguardia musical del rock y provocando al sistema político A Santaolalla le faltó mencionar muchos grupos que en el rock nacional son importantes.”

Para variar, a través de redes sociales algunos espectadores colombianos mostraron también de manera similar su inconformidad por el documental, aseguró el 21 de diciembre infobae.com.

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