Cultura

La espada, ahora sobre la Sinfónica de Yucatán

Desconcierto, desilusión, malestar provocó el recorte al sector cultural que herirá, no se sabe si de muerte, a varias instituciones de gran tradición, entre ellas la Orquesta Sinfónica de Yucatán
domingo, 27 de diciembre de 2020

Desconcierto, desilusión, malestar en diversos estratos de la entidad provocó el recorte al sector cultural que herirá, no se sabe si de muerte, a varias instituciones de gran tradición. Una de ellas, la orquesta dirigida por Juan Carlos Lomónaco, quien lleva la batuta desde 2009, y cuya sede es el teatro José Peón Contreras de Mérida, porque genera una serie de organismos, sobre todo entre niños y jóvenes, garantía de la formación de nuevos músicos.

MÉRIDA, YUC. (Proceso).- Al fin consolidada y prestigiada, la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY), el sueño que los yucatecos añoraron por tres siglos, podría bajar el telón definitivamente en 2021, cuando se cumple su vigésimo aniversario.

La causa, una radical reducción de su presupuesto que no deja margen ni para liquidar a los músicos.

El más dramático ajuste en décadas golpeará todo el aparato gubernamental.

Se sacrificó así el rubro de cultura, al que se le quitaron 80 millones de pesos, por lo cual importantes espacios culturales como los museos de la Canción Yucateca, el de arte contemporáneo Fernando Ponce-Macay (Proceso 2302) y el de Arte Popular están en riesgo de no ver de plano el amanecer del nuevo año, porque ni presupuesto les tocó.

El caso de la OSY es el que más duele en todos los estratos sociales, pues su aportación al estado trasciende los pletóricos conciertos que ofrece en el teatro José Peón Contreras de esta ciudad, su casa, los viernes por la noche y domingos al mediodía. Y es que sus músicos, casi la mitad egresados de conservatorios europeos, impulsan proyectos para forjar nuevas generaciones de instrumentistas, impartiendo clases de canto, violonchelo, violín, flauta, piano y arpa a niños y jóvenes en la capital y el interior del estado, donde conformaron orquestas infantiles y juveniles, cuya continuidad pende de la de la OSY.

El Ejecutivo estatal sólo destinó 5 millones de pesos a la orquesta. En 2020 su partida, también reducida respecto al año anterior, fue de 28 millones.

“Con ese monto, el Ejecutivo está diciendo al Patronato de la OSY que liquiden a los músicos, pero ¡ni para eso alcanza!”, reprocha el promotor cultural, periodista independiente y exconsejero electoral Ariel Avilés Marín, y añade: “No hay justificación para que un proyecto de la trascendencia de la OSY sea cancelado”.

En su opinión, el recorte a la cultura desnuda la intención del gobierno estatal de desaparecer la Secretaría de Cultura para incorporar sus funciones a la Secretaría de Fomento al Turismo (Sefotur), cuya titular es Michel Fridman.

“Sí hay riesgo, pero no vamos a permitir que se desarticule nuestra orquesta, no vamos a dejar que eso ocurra”, afirma categórica Margarita Molina, presidente del Patronato de la OSY, quien adelanta que ya hubo acercamiento entre éste, la iniciativa privada y el gobernador Mauricio Vila Dosal.

“Vamos a continuar –dice–. Tengo la certeza de que vamos a salir adelante. No puedo comentar más, pero hay avances. Creo que son buenas noticias.”

La OSY ofrece anualmente 52 conciertos en el Peón Contreras, a lleno total, con los que en 2019 generó en taquilla 12 millones de pesos por la venta de 40 mil entradas.

En defensa del elenco se generó en la plataforma Change.org una petición ciudadana con casi 13 mil firmas, dirigida al Congreso que, a su vez, no pudo salvar su propio presupuesto, pues de los 162 millones de pesos que proyectó sólo recibirá 42 millones 337 mil 920.

Ante el mismo Congreso, en otro intento, las diputadas independientes Milagros Romero Bastarrachea y Silvia López Escoffié, presentaron una iniciativa para declarar a la OSY Patrimonio Cultural de Yucatán, debido a que su origen se remonta al Porfiriato.

“La sinfónica ha sido un sueño de Yucatán de tres siglos”, destaca Avilés Marín, y relata que los intentos por crear una comenzaron en 1888.

Concebida por Ricardo Río Díaz, debutó el 17 de septiembre de 1898 en el Peón Contreras, bajo la dirección de José Cuevas Pachón, hijo del ilustre músico y compositor yucateco José Jacinto Cuevas, que a su vez dirigió la Banda Sinfónica y formó la primera orquesta de cámara del estado. A él Yucatán debe la música de su himno, el primero que hubo en la República Mexicana, inspirado por la victoria de México sobre el imperio francés.

El 8 de febrero de 1906, la sinfónica de Cuevas Pachón solemnizó las fiestas en honor a Porfirio Díaz en su visita a la entidad.

Avilés Marín cuenta que en el siglo XX se dieron varios intentos que no consolidaron porque los proyectos estaban sujetos a la voluntad del mandatario en turno. Fue hasta la administración Patricio Patrón Laviada cuando, con la visión del arquitecto Rodrigo Domínguez Semerena, entonces director del Instituto de Cultura de Yucatán, se creó la OSY. Con el apoyo del ingeniero Adolfo Patrón Luján se integró también su Patronato, que permitió la continuidad del proyecto.

“La exgobernadora Ivonne Ortega Pacheco dio otro paso importante en ese objetivo al crear el Fideicomiso de la orquesta, autónomo, gracias al cual por primera vez tenemos una orquesta que está a punto de cumplir 20 años”, señala.

De 2001 a la fecha, la OSY, que ofreció su concierto inaugural el 27 de febrero de 2004, ha tenido tres directores titulares: el colombiano Juan Felipe Molano Muñoz, quien dejó el cargo al ser llamado para dirigir la Sinfónica Nacional de su país; le sustituyó el yucateco José Luis Chan Sabido, que a su vez fue relevado por Juan Carlos Lomónaco, exdirector de la Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional, quien lleva la batuta desde 2009.

La OSY acompañó al tenor Plácido Domingo en 2004 en Cancún, Quintana Roo, y en 2008 en El Concierto de las Mil Columnas, en Chichén Itzá, en el que participó como invitado el célebre cantautor yucateco Armando Manzanero. Compartió ese mismo escenario con los ingleses Sara Brightman, en 2009, y Elton John, en 2010, en sus respectivos conciertos De la Pirámide y La Noche del Sol, producidos por el gobierno de Yucatán y que le dieron proyección internacional. También se ha presentado en el Festival Cervantino y en otros foros de relevancia en México y el extranjero.

Además, resalta Avilés Marín, “la orquesta permeó a la sociedad una acción bienhechora. Gracias a sus músicos, Progreso tiene una sinfónica de 200 niños, al igual que la villa de Cansacab; el pueblo de Dzidzantún, un coro de infantes que ha viajado a muchos países, y Motul una orquesta de cámara”.

La orquesta pertenece al gobierno de Yucatán y sus miembros son sus empleados de base con 68 plazas, explica Margarita Molina, 25 de los cuales son de origen búlgaro, ruso, polaco y estadunidense (ya nacionalizados).

“Todos son músicos de muy, muy, alto nivel. Además, por lo menos 30 de ellos son maestros en la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY). Es mucho, mucho lo que se logra a través de la orquesta, por eso es tan importante”, destaca.

Por su parte, Avilés Marín resalta la incidencia que los músicos extranjeros de la OSY han logrado en la cultura popular. 

Menciona, por ejemplo, que el violonchelista principal de la OSY, el rumano Vecelin Dechev, y su esposa, la pianista Irina Decheva, enseñan en la ESEY. Él, además, creó y dirige la orquesta Cuerdas Universitarias, de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY).

“Tenemos también a la rumana Ileana Estefanova, creando nuevos violinistas; al colombiano Joaquín Melo, formando flautistas; a la inglesa Ruth Beneth, con el arpa. Nunca antes habíamos tenido una generación de arpistas en Yucatán. Nuestro concertino es un violinista de primer nivel mundial, cualquier orquesta en el mundo lo quisiera y lo tenemos aquí, viviendo en Yucatán. Él es Christopher Collins, y tiene además el proyecto de regalar a la ciudad de Mérida un Museo de la Música. Todo esto se viene abajo si se extingue la OSY”, enfatiza.

Y cuestiona:

“Al irse todos estos músicos, que son los maestros, ¿desparecerá también la ESAY y el proyecto que estaba casi listo para convertirla en la Universidad de las Artes de Yucatán?”.

Insiste que mantener a la OSY, los tres museos y los apoyos a los creadores de arte, no cuesta los 60 millones de pesos que, en contrasentido, pretende gastar el gobierno estatal en una ciclopista en el Paseo Montejo, obra que además, advierte, deteriorará la emblemática avenida.

“La gente ama su sinfónica, estamos esperando un milagro”, demanda.

Por su parte, la diputada Romero Bastarrea advierte:

“Todavía hay tiempo…”  

Este texto forma parte del número 2303 de la edición impresa de Proceso, publicado el 20 de diciembre de 2020 y cuya versión digitalizada puedes adquirir aquí.

 

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