Armando Manzanero

Manzanero en 1977: La música mexicana, peor que con "La Adelita"

Durante la entrevista, Manzanero hace una remembranza de los inicios de su carrera, desde temprana edad, allá en Mérida. Su padre era músico y de él heredó el amor a la música.
martes, 29 de diciembre de 2020

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Prácticamente recién salida, en su número 9 del 3 de enero de 1977, Proceso publicó, en su sección de Espectáculos, esta entrevista al compositor Armando Manzanero, recién fallecido:

Armando Manzanero está orgulloso de ser quien es y de haberlo logrado sin necesidad de claudicaciones, concesiones ni humillaciones.

“Yo grabo lo que me da la gana --dice, tajante--. Que guste o no guste, no me importa. Hago la música que quiero hacer. El día que no les guste lo que hago, yo no voy a cambiar. Dejaré de grabar. Volveré a tocar mi piano para borrachos, que son los más lindos del mundo. Total”.

Su firmeza de carácter está a toda prueba, pese a que le ha causado muchos problemas.

“Comprenderá usted que si yo no soy político con una persona, que si yo no me río con otra persona, no puedo tener las bendiciones y los abrazos y besos comunes en el ambiente artístico.

“Por eso no entró usted a una casa grande y ostentosa, por eso no entró a un palacio, ni encontró un coche de lujo, ni un chofer, ni un secretario aquí. Por eso, porque toda la vida voy a hacer lo que yo quiera y eso cuesta mucho, se lo juro a usted por Dios.

“Porque llevarse con quien uno quiera, comer con quien uno quiera, pasear el día en que uno quiera y hacer lo que quiera, es lo más costoso que un ser humano puede tener en la vida”.

Ciertamente, la casa de Manzanero no es ostentosa. Más bien es cómoda y funcional. En ella se combina lo moderno con lo tradicional, con gusto femenino.

Manzanero rechaza estar adelantado a su época.

“Algunas personas me llaman genio, pero también existen personas que no se expresan nada bien de mí. Pero la verdad es que mi trabajo lo hago con mucha honestidad y todo lo que se hace con honestidad tiene que gustar tarde o temprano", señala.

--¿Cuál ha sido su aportación a la música mexicana? --se le inquiere.

--La aportación que doy es algo que pueda cantar todo tipo de gente. Mis canciones están hechas sin una palabra que pueda ofender a las personas. Nunca le he dicho a una mujer aventurera, porque creo que las canciones de despecho son una falta de conciencia de sí mismo.

“Mi aportación a la música, económicamente hablando, es muy importante porque son divisas que entran a nuestro país y que ya no salen.”

Manzanero lamenta la falta de conciencia de la gente que olvida que existe la música mexicana y sólo compra discos extranjeros, desconociendo que ese dinero sale del país.

“Si es triste que la gente no tenga conciencia de esto, lo es más que las autoridades no hayan puesto un poquito de más interés en el asunto”, dice.

Para el compositor resulta comprensible esta situación.

“Es lógico --añade--, porque estamos viviendo en un mundo donde todos jalan para sí y para donde pueden, por lo que cada quien aprieta los tornillos hasta donde más quiere. Pero la situación es caótica y la gente no se da cuenta”.

Música mexicana sin protección

--¿Y cuál es la protección que se da a la música mexicana?

--De parte de las autoridades la protección es mínima, la menos que se pueda. Y hasta resulta lógico porque hay muchos intereses creados. El anteproyecto de ley sobre una mejor protección a nuestra música lo están tirando y lo van a tirar.

Sin embargo, Manzanero admite que el 90% de música mexicana que se pretende impere en el país “resulta exagerado, porque no tenemos la música de calidad para cubrir ese porcentaje”.

Al inquirírsele sobre la situación actual de la música mexicana, Manzanero es tajante en su respuesta:

“Yo creo que ni en la época en que teníamos como música a ‘La cucaracha’ y ‘La Adelita’ estábamos tan mal como estamos ahora. Esto se debe a que nuestros intérpretes no salen a pasear nuestra música porque, a sabiendas de que nuestra carrera es corta, prefieren quedarse a ganar dinero lo más rápido posible. Además de que no todos tienen la fortuna de poder penetrar en el extranjero”.

Cómo será potencialmente económico nuestro país, dice Manzanero, que todos prefieren venir a México.

“¿Usted cree que Raphael, Julio Iglesias, Roberto Carlos y otros vienen aquí porque les gustan las tortillas, las chalupas o el mole? No, vienen porque aquí ganan mucho dinero, porque con lo que se llevan viven como reyes. Y conste que hablo de personas a quienes quiero.

"No obstante –agrega--, hay que agradecerles que graben nuestra música, porque son ellos quienes la internacionalizan”.

Armando Manzanero considera que para que la música mexicana volviera a tener un predominio en el extranjero, “necesitaríamos a Álvaro Carrillo, José Alfredo Jiménez, Agustín Lara vivos”.

Dice que no se puede culpar a la gente joven de esta situación. Tenemos gente como Felipe Gil, Arturo Castro y otros que hacen música bonita, pero que no han tenido la suerte de que pegue en el extranjero. Pero lo triste es que nunca habíamos estado tan mal como ahora y esto es debido a la excesiva comercialización. Y reitera: “pero yo grabo lo que quiero”.

Nada es protesta

“Yo no haría una canción de protesta porque no tengo que protestar de nada. El día que quiera protestar agarro un fusil, porque nunca he sabido que una canción gane una guerra”.

Durante la entrevista, Manzanero hace una remembranza de los inicios de su carrera, desde temprana edad, allá en Mérida. Su padre era músico y de él heredó el amor a la música.

Luego de una intervención quirúrgica, el empresario con quien trabajó cinco años se negó a pagar los días que había estado incapacitado. Para su desgracia, el día de pago le descontaron impuestos y sólo se quedó con treinta y seis pesos en la bolsa.

“Yo no esperaba que pagara la operación, porque cuando era espléndido nos daba un consomé con huevo y cuando no, sólo nos daba consomé. Creo que eso fue lo que me hizo pensar en que tenía que buscar un porvenir más grande, y me dio miedo imaginar que el día en que estuviera casado me ocurriera algo similar, entonces tendría que empezar a vivir como la mayoría de la gente: empeñando y endeudado de por vida”.

Manzanero vino a México en 1957. Un profundo agradecimiento le tiene a Luis Demetrio, quien le ofreció ayuda y la cumplió. Pero desde su llegada, dice que tuvo el apoyo de toda la gente que conoció. Y recuerda que jamás tuvo un día malo o un día que haya permanecido sin comer.

Antes de concluir, Manzanero quiso hablar de la Sociedad de Autores y Compositores.

“Estoy consciente de que en nuestra sociedad hay cuarenta mil errores, pero también hay cosas muy buenas. Conozco muchas asociaciones y ninguna tiene una casa como la de nosotros. Si acaso sólo los franceses nos superan.

“Pero lo que sí me molesta es que todos tienen mala saña con nuestra sociedad, porque ante tantas fallas lógicamente existe descontento y yo soy un descontento porque de antemano sé que como no comulgo con ellos a como ellos quieren, no me pueden querer a mí.

“Y pasa una cosa. Vamos a suponer que están robando. Lo único que va a pasar el día que los cambien es que sólo cambiemos de ladrones, nada más. Tengo más confianza en la gente que está ahorita que en la que vaya a entrar, porque cuando menos la gente que está ahora ya robó, los otros van a robar todavía. Además, en donde hay dinero, no espere que vayan a dar misa.

“Pero la principal falla de la SACM es no dar servicios sociales con el dinero que nosotros aportamos. Cuando me muera, sólo colocarán un cuadro al óleo”.

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