Cultura

En la FIL, Gonzalo Celorio habla con Padura de "Los apóstatas"

Gonzalo Celorio decidió, para su más reciente libro, ‘Los apóstatas’, conservar los nombres reales de sus personajes y narrar los abusos perpetrados por los Legionarios de Cristo.
jueves, 3 de diciembre de 2020

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Si escribir una novela autobiográfica puede ser un ejercicio desgarrador, para Gonzalo Celorio (México, 1948) resultó aún más duro. Decidió para su más reciente libro, ‘Los apóstatas’, conservar los nombres reales de sus personajes y narrar los abusos perpetrados por los Legionarios de Cristo, una historia que confronta a muchas familias, individuos y la sociedad misma.

En 413 páginas, el volumen editado por TusQuets recupera las vivencias de sus hermanos Miguel y Eduardo --que en determinado momento tuvieron una vocación religiosa--, así como la de él, quien, por el contrario, desde pequeño comenzó a cuestionar los dogmas de la Iglesia ante la falta de respuestas, cuando no de evasiones o el silencio total de su madre.

Autor de las novelas ‘Amor propio’ (1992), ‘Y retiemble en sus centros la tierra’ (1999), y de ensayos como ‘El viaje sedentario’ (1994) y ‘Del esplendor de la lengua española’ (2016), el también director de la Academia Mexicana de la Lengua --desde 2019-- explica por teléfono que escribir esta obra no fue una decisión propia.

El tema se le fue revelando e imponiendo en la medida que iba desarrollando la historia. Incluso dice que originalmente no estaba contemplado, pero una prima se lo dio a conocer.

Se planteó entonces abordar las vidas de sus hermanos en forma paralela y ver cómo, habiendo profesado ambos la vocación religiosa y formar parte de distintas órdenes religiosas, tuvieron dos destinos diametralmente opuestos.

Miguel, el mayor, “siguió con sus estudios teológicos, se dedicó fundamentalmente a la historia del arte, obnubilado por una obsesión satánica”. En tanto, el más pequeño, Eduardo, “cambió su presunta vocación religiosa, que fue más bien inoculada, por una vocación social, y se dedicó a dar clases en comunidades indígenas hasta enrolarse en el proceso político de la revolución nicaragüense que terminó con el somocismo”.

--¿Fue difícil enfrentar a sus personajes? ¿No ha tenido reclamos y deudas morales?

--No sé qué vaya a ocurrir con la novela. Yo ya hice mi parte, espero que aprenda a caminar sola y pueda defenderse por su propia cuenta. Mi labor ya terminó.

Admite, no obstante, que sí fue difícil ir descubriendo las entretelas de estas vidas. Y dice que para poder llevar al papel la de su hermano Eduardo, y que él aceptara aparecer con su nombre, le puso como condición que diera también el de sus agresores.

“Eso fue complicado, tuve que suspender la novela, dudé mucho en continuarla y escribirla, hasta que me decidí a contar también la historia de la escritura de la propia novela y los problemas que debí enfrentar. Eso, de alguna manera, palió mis incertidumbres”.

El hecho de haberla puesto “en blanco y negro” le permitió avanzar. Además, añade, algunos de los nombres ya se revelan en otros de sus libros, pues éste forma parte de la trilogía familiar de la que se publicaron antes ‘Tres lindas cubanas’ (2006) y ‘El metal y la escoria’ (2014). Seis años de distancia entre cada uno revelan lo menesterosas que han sido las escrituras, y confiesa que no habrá ya un cuarto.

La obra se presentará virtualmente en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara este viernes 4, de 17 a 18:30, donde Celorio tendrá una conversación con su colega cubano Leonardo Padura titulada “Las caras de la identidad”. Padura se hizo merecedor en este evento, durante la apertura del Salón Literario, a la Medalla Carlos Fuentes.

 

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