FIL Guadalajara

"Examen extraordinario", cuentos de Juan Villoro

"Examen extraordinario", de Juan Villoro, conjunta los relatos: “Mariachi”, “Acapulco, ¿verdad?”, “Foreward > kioto”, “Confianza”, “El día que fui normal”, “El crepúsculo maya”, “los culpables”, “Coyote”, “La casa pierde”, “La jaula del mundo” y “El planeta prohibido”, entre otros.
martes, 8 de diciembre de 2020

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El viernes 4 de diciembre fue presentado vía Zoom el libro Examen extraordinario (FCE, 312 páginas), antología de cuentos de Juan Villoro (D. F., 1956), por la periodista Carmen Aristegui, en el marco de la FIL 2020 de Guadalajara, Jalisco.

Esta colección conjunta los siguientes relatos de Villoro:

“Mariachi”, “Acapulco, ¿verdad?”, “Foreward > kioto”, “Confianza”, “El día que fui normal”, “El crepúsculo maya”, “los culpables”, “Coyote”, “La casa pierde”, “La jaula del mundo”, “El planeta prohibido”, “Amigos mexicanos”, “Corrección” y “Marea alta”.

Miembro desde 2014 de El Colegio Nacional, el autor reúne en este volumen relatos que escogió del baúl de la memoria, más un par que aparecen por primera ocasión. Leemos en la contraportada:

“Este volumen presenta una panorámica en la que los lectores encontrarán todas las cualidades que han ubicado al autor como una de las plumas más populares del país y de la lengua: verosimilitud en los personajes, que les imprime una proximidad insospechada; un humor que surge del encuentro abrupto entre la erudición y la vida cotidiana; la precisión para conmover con una sutileza que escapa al melodrama. Sin duda, este libro no tardará en encontrar adeptos y pronto se convertirá en un indispensable.”

A continuación, ofrecemos la presentación que el propio Juan Villoro escribió para esta edición del Fondo de Cultura Económica. 

El autor a prueba

Un escritor se define menos por las ganas de escribir que por las ganas de reescribir. Los borradores y las hojas desperdigadas por el piso que a los demás les pueden parecer una condena o una vana manía son el placer de quien vive por escrito. ¿Significa esto que corregir una y otra vez mejore el resultado? No necesariamente. Con los textos pasa lo mismo que con las biografías: no sabes dónde está el punto final y llegar ahí es ingrato pero inevitable. “Uno no se muere cuando debe, sino cuando puede”, decía el coronel Aureliano Buendía.

Sólo por costumbre al último esfuerzo le llamamos “versión definitiva”. Abandonar un texto equivale a perder un hábito. El que publica diez libros sabe lo que se siente dejar de fumar diez veces. Más que satisfacción ante el “deber cumplido”, se experimenta un síndrome de abstinencia. El único remedio consiste en volver a escribir.

Mientras tanto, el libro emprende su camino; una vez publicado, adquiere peculiar autonomía. Al revisarlo años después, tienes la sensación de estar ante una voz desconocida. En mi opinión, esa extrañeza es la única prueba legítima de que el texto funciona, lo cual impide toda vanagloria, pues su mayor virtud es que parece ajeno.

El principal combustible del arte es la inseguridad. Aunque abundan los escritores felices de haberse conocido a sí mismos, conviene recordar que el inmejorable Kafka estaba inconforme de su trabajo. La pasión para escribir, o la dificultad para hacerlo, no son certificados de excelencia. He pasado horas de dicha pergeñando páginas que en la lucidez del día siguiente me parecieron espantosas. Uno de los grandes misterios del acto creativo es que se puede disfrutar haciéndolo mal.

Valorar el propio trabajo significa someterse a un examen para el que nadie está preparado, lo cual lleva al título de esta antología. Llama la atención que en México la última oportunidad de aprobar una materia reciba el nombre de “examen extraordinario”. Se diría que se trata de algo estupendo, un desafío al que sólo llegan los excepcionales. La necesidad de mitigar fracasos en un país donde el descalabro es habitual ha logrado que un predicamento reciba un nombre tan ambiguo que parece un premio.

La pedagogía nacional decidió el título de este libro. Cuentos escritos en distintas épocas reciben una nueva oportunidad.

Una antología personal depende más de decisiones emocionales y asociaciones subjetivas que de un cálculo racional. Ningún autor es buen analista de sí mismo.

Quien vuelve a reunir sus textos es como el que se vuelve a casar, un optimista crónico. Ya lo dijo el incontrovertible doctor Johnson: quien reincide en el matrimonio demuestra “el triunfo de la esperanza sobre la experiencia”.

Los cuentos de esta antología se someten a una prueba que acaso sea definitiva.

El autor enfrenta el desafío recordando que en México lo grave es “extraordinario”.

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