0Chulis

sábado, 26 de septiembre de 2020
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Edad difícil, edad de la punzada, pubertad significaba desarrollo y transición hacia la adolescencia, conflicto y camino hacia la identidad. Pero en busca de nuevos mercados, el cine y la tele comenzaron a sobre erotizar la imagen de estos niños y niñas a punto de dejar de serlo, y terminó por imponerse un estereotipo del preadolescente. El internet, las redes sociales, no han hecho otra cosa más que reforzar la tendencia. La franco-senegalesa Maïmouna Doucoré enfrenta el tema de manera directa, sin concesiones, en su primer largometraje, Guapis (Mignonnes; Francia, 2020), que cuenta la historia de Amy (Fathia Youssouf),­ una niña de 11 años, hija de emigrantes senegaleses, que habita en un barrio pobre del norte de París; desgarrada entre dos culturas, Amy debe optar por rendirse bajo el peso del rol de la mujer musulmana –como lo hace su madre, que prepara una recámara para la nueva esposa que va a traer su marido a casa–, y tratar de ser aceptada por las mignonnes, el grupo multiétnico de danza formado con niñas de su edad. Nadie mejor que Doucoré, realizadora inteligente, quien, por su condición de hija de emigrantes, bióloga para más señas, formada en la Universidad Pierre et Marie Curie, ha vivido el conflicto en carne propia. Como entre dos dragones, entre Escila y Caribdis, como dirían los mitógrafos, Amy y su grupo de amigas se debaten entre el sometimiento a una cultura machista –que sólo adquiere mujeres para la procreación– y otra cultura que impone la imagen de la sexualidad como único camino a la aceptación –fetichizar el cuerpo femenino como forma de identidad. La cinta fue premiada en el Festival de Sundance, y a punto de ser exhibida se atravesó la pandemia. Netflix la adquirió y acaba de ponerla a disposición del público. Pero, oh sorpresa, grupos de conservadores, como los del ala radical del Partido Republicano, a la que pertenece Ted Cruz, muy nerviosos, califican a Cuties (título en inglés) de pornografía infantil; claro, sin siquiera haberla visto.
Nota relacionada:
“Mulan”, el disparate La campaña para boicotear a Netflix utiliza como pretexto un póster con una escena de la película fuera de contexto y que se ve muy atrevida; la plataforma cambió la imagen, pero el daño estaba hecho, los tartufos se dan ahora vuelo desgarrándose las vestiduras. Buena lección para que una compañía como Netflix caiga en cuenta de que no hay necesidad de explotar el morbo por temor a no vender una buena película, pues Mignonnes­ se defiende sola. “Chulas” (mejor este mexicanismo que el de Guapis) camina con aplomo por ese filo de navaja entre los tabúes impuestos sobre el cuerpo femenino, ahora más consciente de sí mismo que nunca. El mejor logro de Doucoré es permitir que estas púberes, que exploran su identidad, comprendan, intuitivamente, que ese camino pasa por el descubrimiento y el gozo de su propio cuerpo; de ahí el escándalo para muchos.
Texto publicado el 20 de septiembre en la edición 2290 de la revista Proceso.
 

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