Cine

"El diablo a todas horas"

"El diablo a todas horas" mantiene, de principio a fin, el tono del llamado "gótico del sur de Ohio", un subgénero que va más allá del thriller psicológico
domingo, 17 de enero de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Una de las quejas entre los comentarios acerca de El diablo a todas horas (The Devil All The Time; EU, 2020) es la falta de alma de los personajes, reflexión que sorprende porque justo ese es el tema de esta cinta de Antonio Campos, la pérdida y búsqueda de alma de esa procesión de entidades que deambulan por los condados de Ohio y Virginia, en el sur profundo de Estados Unidos, guiados por una fe religiosa capaz de justificar los peores horrores, como explica el director.

Se trata de otra de las muy ambiciosas producciones de Netflix estrenadas este año, proyecto apoyado por Jake Gyllenhaal, que supo reunir a varios de los mejores actores del momento, como Tom Holland o Robert Pattison, quienes aprovechan la oportunidad para respirar fuera del mainstream y mostrar que saben actuar, no sólo hacerle de hombres araña, vampiros o murciélagos.

Adaptación, muy cercana al texto original, de la novela del mismo nombre de Donald Ray Pollock, quien además actúa como narrador en off, El diablo a todas horas mantiene, de principio a fin, el tono del llamado “gótico del sur de Ohio”, un subgénero que va más allá del thriller psicológico; el mérito del brasileño neoyorquino Antonio Campos fue armonizar el habla de cada personaje dentro de una especie de ópera con la cadencia del habla regional; una sinfonía cargada de tristeza, ironía y desesperación. Cada actor se luce con el trabajo de su acento local, pese a su origen británico o australiano.

Aunque el titulo suena a metáfora hiperbólica, Pollock, camionero durante años por esas regiones, no pretende exagerar; una fuerza diabólica se infiltra y permea las relaciones de los habitantes, se ensaña, sobre todo, en las familias, y contamina la fe misma; los símbolos religiosos se pervierten, el sermón del pastor destila veneno, sus actos infectan a quien se acerque. Claro que el gótico sureño, a caballo entre el naturalismo y la magia del hoodoo (herencia del voodoo de los esclavos africanos), con sus tipos excéntricos, no resulta atractivo para muchos lectores, puede parecer artificial en el cine y exasperar al público porque las acciones y reacciones de los personajes no tienen mucha congruencia psicológica, pues dependen de fuerzas oscuras, inexplicables.

Es que este sur profundo, con ecos de Faulkner y Carson McCullers, se haya acotado en dos guerras terribles, la Segunda Guerra Mundial y la de Vietnam. El padre de Arvin (Hollander), Willard (Bill Skarsgard) regresó de Guadalcanal donde vio a un compañero crucificado, de ahí la visión será la de un perro en la cruz a la que obliga a su hijo a rezarle. Arvin busca, posteriormente, la manera de salir de ese laberinto de símbolos y perversión, como la del Pastor (Pattison) que seduce a su hermana con una prédica diabólica que amalgama la voz del evangelio con la más cruda maña lujuriosa.

Los demonios andan sueltos, violando y asesinando a diestra y siniestra; el humor, que no falta, depende del modo grotesco de operar.  

Artículo publicado el 10 de enero en la edición 2306 de la revista Proceso.

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