Teatro

"Anticovideños 2020"

Anticovideños 2020 recoge siete monólogos realizados al final del año por vía zoom donde, desde una perspectiva crítica y burlona, los autores se ríen de sí mismos y de los otros, de los absurdos que se viven en esta crisis y en todo lo que hemos caído.
martes, 26 de enero de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Un nuevo libro sale a la luz en plena pandemia, hablando con ironía y sarcasmo de este mal en que habitamos y que no nos deja respirar. Anticovideños 2020, editados por Teatro la Capilla, recoge siete monólogos realizados al final del año por vía zoom. Un libro para conocer siete historias que nos dejan un sabor agridulce, si bien alegran, un poco, nuestro presente.

Desde una perspectiva crítica y burlona, los autores se ríen de sí mismos y de los otros, de los absurdos que se viven en esta crisis y en todo lo que hemos caído. No voltearon a otro lado para dejar de sentir el dolor de lo que está pasando, sino que lo vieron de frente para desmenuzar, desde diferentes perspectivas, nuestro acontecer, y reírse de ello.

Una de las condiciones de la convocatoria que lanzó el Teatro la Capilla era el humor negro. El ciclo Cuentos Antinavideños lo convirtieron en Anticovideños 2020 y recibieron 49 textos, de los que se eligieron tres para ser llevados a escena (¿a escena?) por profesionales con la promesa de su edición. Desde sus casas trabajaron los textos seleccionados: Antes muerta que sencilla de Mauricio Popoca, dirigido por Angélica Rogel e interpretado por Daniela Luján; Las Ornelas de Aarón Zamora, dirigido por Mario Alberto Monroy e interpretado por Paloma Woolrich; y Amniótico de Iliana Muñoz, dirigido por Boris Schoemann con la actuación de María Goycoolea.

Los monólogos resaltan por su calidad dramatúrgica, pero aun con las estupendas actuaciones de Woolrich y Goycoolea, la experiencia por zoom impidió contagiarnos de risa y vivir la experiencia.

Los textos que se presentaron del 20 al 30 de diciembre, y que ahora se publican, tienen diversas cualidades, como el doble sentido, el descubrimiento progresivo de las condiciones en que se encuentran los personajes, así como la claridad de los autores para ubicarlos en un espacio y un tiempo determinado, desde donde cuentan su historia.

Los monólogos de Los Anticovideños se publicaron junto con otros cuatro monólogos (Los Anticovideñitos), resultado del taller coordinado por Mariana Hartasánchez, quien con mucho tino guió a jóvenes autores a escribirlos a partir de un objeto convertido en personaje, teniendo resultados chispeantes, como el escrito por David Ortiz sobre un fanático de la limpieza que termina siendo un asesino hasta de su psiquiatra.

En Los Anticovideños se mezcla la tragedia con la farsa, la comedia con el drama, dando resultados de gran riqueza en el tratamiento y el contenido de los trabajos. Amniótico, por ejemplo, no sólo pone en evidencia las contradicciones en un proyecto artístico a realizarse en plena pandemia, sino la falta de ética, la corrupción, la indiferencia y el egocentrismo en el mundillo de los artistas. En Las Ornelas nos acercamos a la protagonista, una mujer que gusta del juego, y compartimos su deseo de liberación, su búsqueda de no tirar la toalla pase lo que pase y sorprendernos con lo que es capaz de hacer. Y en Antes muerta que sencilla, el autor encuentra una problemática profunda para convertirla en una muy buena tragicomedia, donde una joven que vive el drama de ser ignorada por sus padres desde su infancia al volcar sus atenciones hacia el hijo ciego, se propone llamar la atención hasta sus últimas consecuencias.

El libro Anticovideños 2020, que se presentó la semana pasada en la plataforma virtual del Teatro la Capilla, nos habla del distanciamiento, de las imposibilidades relacionales, de lo ridículo en que se convierte nuestra situación y de las pocas alternativas que tenemos. Y su mayor cualidad es el humor negro que nos deja una sonrisa en la boca, nada más para no hacer una mueca y echarnos a llorar.

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