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"Otra ronda": escenas de alcohólicos

Así como ya lo hizo en La Celebración (Festen, 1998) y, más recientemente en La Cacería (The Hunt, 2012), Vinterberg es duro con su relato, y exhibe un serio problema universal, como es la dipsomanía que, en su forma incontrolable, provoca sufrimiento y destrucción.
viernes, 29 de enero de 2021

MONTERREY, N.L. (apro).- Cuatro profesores, muy unidos, deciden beber a tope y de día, como experimento social. Van ebrios al trabajo y a la casa. Su exploración seudocientífica parece salirse de control. Es tiempo de recomponerse. Sin embargo, los tragos los llaman. Tal vez, el famoso ensayo es solamente una excusa para pegarse a la botella.

El genio Thomas Vinterberg escribe y dirige Otra Ronda (Another Round, 2020) drama social danés, con aspectos de comedia muy amargos sobre el alcoholismo social. A través de dolorosas estampas muestra, como si fuera un depresivo álbum de recuerdos, cómo es que estos cultos camaradas, de formas refinadas, entran voluntariamente en un camino de degradación, bebiendo como salvajes con el evidente propósito de evadirse de su vida aburrida.

En la crisis de la mediana edad, sienten un extraño llamado juvenil para revivir una etapa de disipación y desenfreno. Contagiados por la energía de los estudiantes adolescentes, se comportan como unos chicos inmaduros, que quieren extender la fiesta a deshoras y en lugares impropios.

Así como ya lo hizo en La Celebración (Festen, 1998) y, más recientemente en La Cacería (The Hunt, 2012), Vinterberg es duro con su relato, y exhibe un serio problema universal, como es la dipsomanía que, en su forma incontrolable, provoca sufrimiento y destrucción.

Estos mentores son patéticos. Ahogados en vodka, pierden la noción de la vergüenza, y se ciegan al daño que provocan. Afectados sicológicamente por las copas, van superando estadios cada vez más severos de intoxicación. Aunque van llevando sus experiencias en un supuesto diario para reseñar el estudio, en realidad lo que buscan es ocasión para tener, como dice el título, otra ronda. Sus experiencias son una seguidilla de situaciones cada vez más atrevidas, a causa de su dinámica perniciosa.

Aunque es cine europeo y seco, el drama está lleno de acción, pero no de persecuciones, ni violencia, sino se episodios en el que estos personajes van pasando, como si emprendieran un viaje hacia el infierno etílico. Están en el bar, en la calle, en una casa. Lo suyo es estar en el estado de fiesta, para no regresar a sus existencias que no les satisfacen.

Mads Mikelsen está, como siempre, en plan soberbio. Como líder de la pandilla, se debate entre sus deberes hogareños y su compulsión por la cerveza. Es angustiosa su permanente lucha interna, por alejarse de esos productos embotellados que tanto daño le provocan, pero que necesita consumir, para sentirse vivo y chispeante.

Otra Ronda es una minuciosa contemplación de las personas que han perdido el rumbo a causa del alcohol. Estos tipos liban en un escenario de primer mundo, pero igual se orinan en el pantalón, como cualquier borrachín de la clase desposeída.

Es un cruel espejo que refleja a los tomadores de cuerpo entero.

 

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